El plató de Évole, nueva antesala de los indultos progresistas
Qué tiempos estos en los que el indulto no se negocia en los pasillos de La Moncloa, sino en un plató de cine cuyas butacas huelen a postureo progresista de saldo. Ahí tenemos de nuevo a Jordi Évole, el gran escenógrafo de las causas nobles, convirtiendo su programa en una suerte de confesionario cálido para el exfiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. Porque, ¿qué mejor lugar para preparar el terreno de un indulto que un decorado de luces tenues y preguntitas de colegio mayor?
La liturgia sanchista: señalar, llorar y pedir el indulto en tres actos
El espectáculo es ya un clásico del catecismo sanchista: primero se señala a los jueces como fachas disfrazados, luego se va a llorar a casa de Évole, y finalmente se pide perdón por haber sido tan maltratado por el «poder judicial ultra». La víctima hoy es García Ortiz, que mira a cámara con la misma credibilidad de un carnicero que recomienda el menú vegano. Pero no cualquier víctima: él es el exfiscal general progre, el único capaz —según su propia y bochornosa teoría— de «defender los derechos humanos».
El feroz retrato del «fiscal malvado» que no cree en el machismo estructural
Porque claro, el resto de los fiscales, esos juristas rancios, son seres que creen en el tratamiento desigual de las personas, que odian a los inmigrantes, que niegan la violencia de género (como si fuera una secta) y que, por supuesto, siguen añorando el franquismo mientras desayunan rosquillas. La lógica del exfiscal es impecable… si uno se toma tres somníferos antes de escucharla.
Cuando la separación de poderes se convierte en un obstáculo molesto
Según su relato, que el fiscal general lo nombre el Gobierno no es un problema de separación de poderes, sino una oportunidad para que un «progresista de verdad» ponga orden en la manada de jueces malvados que no creen en el machismo estructural. O sea, que si un magistrado se atreve a investigar los aforamientos del sanchismo o a señalar un posible tráfico de influencias, no es un profesional aplicando la ley: es un cavernícola con toga que se merece una denuncia pública por parte de los «guardianes de las esencias periodísticas». Y aquí entra Évole con su carpeta de preguntas incómodas que nunca llegan a serlo.
La extremaunción mediática antes del indulto cantado
Lo realmente fascinante es el cinismo de la puesta en escena. García Ortiz va a Évole no a dar explicaciones, sino a recibir la extremaunción mediática antes de que el Gobierno le conceda el indulto que ya todos damos por descontado. Porque el mensaje ha calado: «Los jueces que nos castigan son mafiosos». Y los que nos absuelven o nos indultan, en cambio, son defensores de los derechos humanos, la memoria histórica y el arcoíris. Así de sencillo. Así de miserable.
El bochorno de la demagogia sin datos
El bochorno alcanza su cota máxima cuando el exfiscal retrata a sus colegas no progresistas como una legión de negacionistas de la violencia de género y enemigos de los inmigrantes. ¿Algún dato? ¿Alguna sentencia concreta? No hace falta: en el circo de Évole, el maniqueísmo es el rey. Si eres progresista, eres bueno y humanitario. Si no, eres un jurista de la ultraderecha que cree que «las personas tienen que ser tratadas desigualmente». Una afirmación que, dicho sea de paso, es tan demagógica como falsa: el derecho penal trata desigual a quien comete un delito, pero eso parece escapar a la teología de García Ortiz.
Final de función: aplausos para el pecador indultado
El palanganero del Gobierno ha vuelto a hacer de las suyas. Évole ha decorado el escenario, ha puesto las alfombras rojas de la corrección política y ha dejado que García Ortiz convierta su defensa en un esperpento. El fiscal general será indultado, por supuesto. Y mientras tanto, los jueces que aún creen en la igualdad ante la ley seguirán siendo, para esta tribu, «los malos de la película». Pero tranquilos: ya tenemos a quién aplaudir en el próximo estreno de la factoría Évole. Que pase el siguiente pecador arrepentido… o mejor, el siguiente cómplice que necesita un indulto con buena iluminación.







