«Accidente laboral»: la expresión que convierte una emboscada en un percance de oficina
El pasado viernes, dos agentes fallecieron el pasado viernes en Huelva durante una operación contra el narcotráfico. Pero no se alarmen: según la exvicepresidenta María Jesús Montero y su nueva alumna aventajada, Aina Vidal (portavoz de los Comuns dentro de Sumar), tan solo sufrieron un “accidente laboral”. Técnicamente, claro. Como quien se resbala en un almacén o se olvida las gafas en la sierra mecánica.
Cuando la mafia es solo una molestia menor para la izquierda transformadora
Porque ya se sabe: en el universo iluminado de la izquierda transformadora, que dos agentes mueran persiguiendo a una mafia que maneja miles de kilos de droga no es un acto de violencia criminal, no es un atentado a quienes defienden la ley, sino un infortunio digno del parte de siniestralidad de la mutua. Así de sencillo. Así de patético.
Sumar abraza el despropósito: de Montero a Vidal, todos a una
Pero no contentos con el agravio, los de Yolanda Díaz han salido a arropar a Montero con la convicción que les caracteriza: la de quien cree que el problema no son sus palabras sino “la manipulación”. La portavoz Aina Vidal, con esa finura política que la distingue, explicó que “técnicamente” era un accidente laboral, pero que “se está intentando liar”. Como si el “lío” fuera inventar una ausencia de respeto donde dos cadáveres todavía están calientes.
Sensibilidad social solo para unos pocos
Y mientras, Sumar, el partido que presume de sensibilidad social y de hablar con la gente, abraza sin complejos el discurso desangelado de la exministra. ¿Alguien esperaba otra cosa? Ya se encargaron en su momento de justificar el indulto a los condenados del ‘procés’ como un acto de “convivencia”, y ahora reducen a hormigón y estadística la muerte de dos guardias civiles.
Lo intolerable no es el error, sino insistir en él
Lo realmente intolerable no es que Montero tuviera un mal día o un mal uso del lenguaje. Lo intolerable es que Sumar, que podría haber dicho “esto se ha dicho mal, punto”, haya preferido doblar la apuesta y justificar lo injustificable. Porque al final, para la izquierda radical, los agentes de la Benemérita no son personas que mueren protegiendo fronteras, sino piezas de un engranaje institucional al que hay que reformar… o, si se tercia, minusvalorar.
Matices para cuando los muertos ya no escuchan
Ahora vendrán las aclaraciones, los matices, los «no he querido decir eso». Pero ya es tarde: dos familias tienen una silla vacía, y la derecha y la izquierda institucional se enzarzan en una pelea sobre si llamarlo atentado, homicidio o resbalón tonto.
Un mínimo de empatía no debería ser revolucionario
Nadie pide unanimidad política ni lágrimas forzadas, pero sí un mínimo de empatía y de claridad. Cuando los muertos son de los nuestros —los que llevan uniforme, los que se juegan el cuello en un muelle—, lo menos que se espera es que los representantes públicos no los conviertan en una nota a pie de página de su manual de Prevención de Riesgos Laborales.
«Aina Vidal ha demostrado que, para ella, un guardia civil muerto a manos de una mafia pesa menos que la necesidad de no contradecir a su jefa política. Eso no es valentía ni honestidad intelectual: es cobardía ideológica envuelta en eufemismos técnicos.»








