La escena es ya mítica: Torrente El Brazo Tonto de la Ley, aquella propuesta que marcó a toda una generación de machos ibéricos. Pues bien, Koldo ha decidido actualizar el clásico. No ha dicho literalmente lo de las pajitas porque se le olvidó, pero el espíritu está ahí. Solo que en lugar de pajitas, lo que se hacen son presuntos contratos de mascarillas sin mariconadas. O sea, exactamente igual. El progreso es infinito.
Atención, señoras y señores: ha nacido el ‘heterobrazo emocional’
Que dos presuntos delincuentes se profesen cariño ya es de por sí conmovedor. Pero que además tengan que rematar con el “sin mariconadas” para que nadie sospeche que se van a casar en mayo… eso es arte. Koldo ha conseguido lo imposible: hacer que una felicitación de cumpleaños suene más homófoba que un mitin de la extrema derecha y más entrañable que un perro cojo al mismo tiempo. Bravo.
¿El Supremo o la Academia de Cine? La duda ofende
Mientras los jueces intentan desentrañar si esto es una prueba de confabulación, una coartada o simplemente que a Koldo le gusta el cine de Santiago Segura, la Fiscalía se frota las manos. Por fin podrían imputar a alguien por un delito contra el buen gusto. Porque oiga, usted puede cobrar comisiones ilegales, pero ¿enviar un “te quiero sin mariconadas”? Eso ya es faltar al respeto a la inteligencia humana.
El Gobierno: “Ese ya no trabaja aquí, pero la camiseta de Torrente se la dejamos”
En Moncloa han salido con el manual de crisis de siempre: “Koldo ya no pertenece al Gobierno desde antes de la invención de la escritura”. Vale. Pero la pregunta sigue en el aire: ¿qué clase de gobierno tiene ex asesores que se expresan como el malo de una película de destape? La respuesta corta: el mismo que luego se sorprende cuando los audios se filtran.
Lo mejor de todo: Aldama no ha respondido (o sí, pero sin mariconadas)
Porque imaginemos por un momento que Aldama le responde: “Gracias, colega. Yo también te quiero, pero sin tocarme, eh”. Entonces sí que estaríamos ante el primer caso de corrupción con declaración de amor tóxico incluida. Quizá por eso el sumario va tan lento: el juez no sabe si pedir prisión o pedir cita para terapia de pareja.
Un último pensamiento (sin mariconadas, por supuesto)
Al final, uno se queda con la sensación de que estos señores creen que decir “sin mariconadas” los hace más duros. Más hombres. Más… ¿más qué? ¿Más tontos? Porque lo único que demuestran es que tienen la sensibilidad de un martillo y la elocuencia de un radiador. Pero oye, mientras ellos se felicitan “sin mariconadas”, los españoles nos quedamos mirando al techo preguntándonos: ¿en qué momento nuestra clase política decidió que vivir en un capítulo de ‘Aquí no hay quien viva’ era un objetivo de país?
Felicidades, Aldama. Que cumplas muchos años. Y muchos contratos. Pero sobre todo, que los cumplas…
Ya sabe. Sin mariconadas. Y si puede ser, sin jueces, sin pruebas y sin vergüenza. Porque eso sí que sería demasiado pedir.








