Bruselas le da a Sánchez la peor hostia que puede recibir un europeísta de saldo: la verdad

May 9, 2026

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El Parlamento Europeo retrata al Gobierno español como un alumno que no solo suspende, sino que además le dice al profesor que se vaya a freír espárragos. Sánchez llevaba siete años vendiendo pureza de democracia: Resulta que el frasco no era de colonia, era de amoníaco

Hay una especie política que solo existe en España: el político que se presenta en Bruselas como un cruzado de la democracia liberal y en Madrid como un aprendiz de virrey con ínfulas de sol. Pedro Sánchez, durante siete largos años, ha convertido el europeísmo en una suerte de Lourdes laica: cada vez que cometía una tropelía contra los contrapesos instituculares, cada vez que pactaba con el separatismo a costa de la igualdad de los españoles, cada vez que aprobaba por decreto lo que no podía pasar por las Cortes, se embadurnaba la cara de pegamento comunitario y salía diciendo que todo era por Europa. Europa, según el manual sanchista, era esa madre comprensiva que todo lo perdona mientras no corten el grifo de los fondos. Y cuando alguien le decía “oye, esto es un atropello”, la respuesta era siempre la misma: “fascista, que Bruselas me apoya”.

Pues resulta que Bruselas, que no es tonta aunque le guste hacerse la sueca, ha decidido devolverle el cariño con un informe demoledor. Y no se lo ha encargado a la ultraderecha ni a los periodistas de ABC: lo firman cinco eurodiputados de cinco grupos distintos –popular, liberal, socialista, ECR y Patriotas– integrados en la misión del Grupo de Seguimiento sobre Democracia, Estado de derecho y Derechos Fundamentales (DRFMG) de la Comisión LIBE. Vamos, lo que viene siendo un consenso casi imposible en el Parlamento Europeo. Hasta los socialistas, sus compañeros de pupitre, han tenido que firmar la enmienda a la totalidad del relato de Moncloa. Imaginen la escena: el embajador de Sánchez en Bruselas llamando por teléfono a Ferraz con la cara blanca como la nieve.

Sánchez, el primer presidente que planta a una misión europea… y encima presume de ello

Lo primero que cuenta el informe es una perlita que resume la superioridad moral del sanchismo: la delegación pidió reunirse con el presidente del Gobierno, con el ministro de Justicia, con responsables de empresas públicas y con RTVE. Respuesta del señor presidente y sus secuaces: no, no, no y no. En el lenguaje diplomático de Bruselas eso se dice con una frase exquisita: “la ausencia de estos interlocutores limitó la capacidad de la delegación para obtener explicaciones directas del Gobierno”. En español de barrio: Sánchez les dio largas, les colgó el teléfono, les puso el “vuélveme a llamar más tarde” y se fue a hacer otra cosa. En Eslovaquia, ese país del Este al que tanto le gusta señalar a Moncloa como ejemplo de deriva iliberal, el primer ministro recibió a la misión como Dios manda. Aquí, el campeón de la democracia avanzada les envió un whatsapp con un emoticono de un mono tapándose los ojos. Porque, claro, ¿para qué va a recibir Sánchez a cuatro indeseables que vienen a preguntar cosas incómodas? Que se vayan a fastidiar a la Comisión de Venecia.

El CGPJ: cinco años de bloqueo y el PSOE pidiendo aplausos

Los eurodiputados, que tienen la paciencia de un santo porque les pagan para leer informes, recuerdan que España lleva incumpliendo el compromiso de renovar el Consejo General del Poder Judicial según los estándares europeos desde que el mundo es mundo. O más concretamente, desde 2024, cuando Sánchez prometió solemnemente que los jueces elegirían a los jueces. Prometió lo mismo que llevan prometiendo todos sus antecesores desde 1985. Y la respuesta es siempre la misma: “mañana, mañana”. Lo que el informe llama con una delicadeza que da repelús “fuente persistente de debate institucional” es, en realidad, la prueba de que el PSOE prefiere que se pudra todo antes que soltar la poltrona del control de los jueces. Porque si los jueces son independientes, ¿quién va a ponerle la alfombra roja a las causas de corrupción? ¿Quién va a mirar para otro lado cuando el Gobierno meta la mano en la caja?

120 decretazos: la Constitución como un kleenex

Aquí viene lo mejor: más de 120 reales decretos ley desde 2018. La cifra más alta de la democracia reciente. Los eurodiputados, con esa ingenuidad que dan los años de burocracia, recuerdan que el artículo 86 de la Constitución reserva el decreto ley para casos de “extraordinaria y urgente necesidad”. O sea, una pandemia, una catástrofe, una invasión alienígena. Pero Sánchez ha descubierto que la “extraordinaria necesidad” puede ser también “que no me salgan las cuentas en el Congreso”. Y así, de un plumazo, se ahorra el debate parlamentario, se ahorra las molestas preguntas de la oposición, se ahorra a la opinión pública, y convierte el Parlamento en una goma de estampar. Es lo que técnicamente se llama un golpe de Estado suave, pero como viene envuelto en papeles de la Comunidad Europea y firmado en La Moncloa, pues tan bonico.

Corrupción: el relato de los bulos se encuentra con la cruda realidad

Transparencia Internacional sitúa a España en su peor registro desde 2012. Y el informe europeo, con esa flema británica tan poco española, señala que España incumple “de forma reiterada” compromisos básicos en materia de integridad pública. El GRECO, que es ese organismo que nadie sabe muy bien qué es pero que tiene razón siempre, lleva años diciendo que España no pilla una en transparencia. Y la Fiscalía Anticorrupción, que debería ser la perra de presa, reconoció ante la delegación retrasos “excesivos” entre el fin de las investigaciones y el inicio de los juicios. El caso Pujol es la guinda: 13 años de instrucción para terminar sin juicio porque el principal investigado ya no se acuerda ni de lo que desayunó. La dilación como forma de impunidad. La amnistía silenciosa. El “no pasa nada, que se jubile y santas pascuas”. ¿Que hay corrupción en el PSOE? No, hombre, no: son bulos de la derecha mediática y la máquina del fango. O eso decía Sánchez. El informe europeo dice otra cosa. ¿A quién hacemos caso? Pues no sé, igual a los que han venido desde Bruselas con cuaderno y bolígrafo, que para eso se pagan los impuestos.

RTVE: el Ministerio de la Verdad versión patria

Y llegamos a la televisión pública, ese prodigio de neutralidad y pluralismo donde cada noche puedes ver cómo un informativo convierte a Pedro Sánchez en un cruzado de la libertad y a la oposición en una secta de nostálgicos del franquismo. El informe recoge las advertencias del propio Consejo de Informativos sobre “formatos de actualidad con contenidos absolutamente incompatibles con la neutralidad exigible a un servicio público”. Traducción: se han cargado el ente público y lo han convertido en laSexta con presupuesto de Estado. Tanto reírnos de la televisión venezolana cuando gobernaba Chávez. Tanto decir que “eso aquí no puede pasar”. Pues ha pasado. Y no ha hecho falta una revolución bolivariana: ha bastado con colocar a un amigo en la cúpula y dejar que la propaganda fluya. ¿RTVE es el Ministerio de la Verdad? No, qué va: es la radiotelevisión de todos los españoles. De todos, sí. Pero unos aparecen más que otros.

Jueces amenazados y un Constitucional a la carta

Las asociaciones de jueces denunciaron ante la delegación europea la creciente presión política sobre la judicatura, los nombramientos politizados y la deslegitimación pública de resoluciones judiciales. Y el informe lo recoge con esa mezcla de sorpresa y alarma de quien descubre que el niño pequeño ha tirado la vajilla de la abuela. El Tribunal Supremo, ese incordio que no deja de decir verdades como templos, advirtió de que el cuestionamiento constante de los jueces está erosionando el Estado de derecho. Y la delegación concluye que la politización creciente está minando la confianza ciudadana en la imparcialidad de la Justicia. Y del Tribunal Constitucional mejor ni hablar: la delegación sugiere que algunos magistrados podrían estar actuando más como militantes del PSOE que como juristas. Pero lo dice con palabras bonitas, porque en Europa son muy finos.

El gran circo de la coartada europea

Lo mejor de todo, lo más sangrante, lo que debería hacer sonrojar hasta a la militancia más fiel, es que este dictamen ha coincidido en el tiempo con el final de la vista oral del caso mascarillas. El fiscal Luzón soltó la frase que ya es historia: “La corrupción carcome nuestra democracia”. Mientras tanto, Sánchez sigue vendiendo en Bruselas la imagen del demócrata ejemplar, del adalid del derecho internacional, del dique de contención frente a Trump y sus secuaces. Y Europa, que no es tonta, le ha devuelto el globo pinchado: aquí tiene su informe, señor presidente. Léalo y llore. O mejor, no lo lea y siga con lo suyo, que ya estamos acostumbrados.

Así que ya lo saben: cuando Pedro Sánchez les diga que “Bruselas nos apoya” o que “Europa nos respalda”, recuerden este informe. Porque Bruselas apoya mucho, pero cuando hay que dar un tirón de orejas, no se corta. Y el tirón de orejas a Sánchez le ha llegado en forma de dictamen, de cinco grupos parlamentarios distintos y de una verdad incómoda: que la coartada europea se ha quedado sin celofán. Que el envoltorio era bonito, pero dentro solo había postureo y decretazos. Que el alumno aventajado de la socialdemocracia ha suspendido con nota en la asignatura de Estado de derecho. Y que, por mucho que se empeñe en culpar a la derecha y a los medios, el boletín de notas se lo han firmado hasta sus propios compañeros de partido. Eso, señorías, no es “máquina del fango”. Es la crónica de un fracaso anunciado.

 

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