El Régimen del Despropósito: De los negocios de Begoña Gómez en el Caribe al acosador que Interior exhibía como experto en Igualdad

Mar 1, 2026

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Una semana de revelaciones deja al descubierto la trama de impunidad que entrelaza a la élite política, policial y económica: desde la inscripción tardía de Wakalua en República Dominicana hasta los escalofriantes audios de un comisario que vejaba a una subordinada mientras el Ministerio lo presentaba como un referente

La maquinaria del Estado, en sus múltiples dimensiones —la política, la empresarial y la de seguridad—, ha ofrecido esta semana un fresco dantesco de lo que podríamos denominar el síndrome de la impunidad ibérica. Mientras la ciudadanía observa atónita, los pilares que deberían sostener la ejemplaridad institucional se desmoronan para revelar una realidad de trincheras, favores y abusos. Dicho de otro modo: el sistema funciona, pero solo para proteger a los suyos.

El ‘offshore’ de Wakalua y el viaje de los rescates

Empecemos por el principio, o por uno de ellos: la internacionalización de los negocios de la élite. Según ha podido saberse, la filial que Air Europa creó para Begoña Gómez, la esposa del presidente del Gobierno, Wakalua, fue registrada en República Dominicana. La operación, lejos de ser un mero trámite burocrático, se inscribió en la isla caribeña tres meses después de hacerlo en España con un objetivo claro: operar y desarrollar negocios en un paraíso fiscal de facto. La pregunta es obvia: ¿qué necesidad tenía una incubadora de innovación turística de buscar refugio en un offshore caribeño? La respuesta, presumiblemente, no tiene que ver con el sol y la playa.

A este baile de intereses se suma la figura de Fangyong Du, el amigo chino de José Luis Rodríguez Zapatero. Señalado por la Unidad Central Operativa (UCO) y con la recomendación del CNI de no concederle la nacionalidad española por sus presuntos vínculos con el espionaje, Du se alió durante la pandemia con nadie menos que Pepe Blanco. Mientras los españoles se asfixiaban, las conexiones entre la política y personajes de dudosa solvencia tejían sus redes.

Hablando de pandemia y rescates: resulta esclarecedor que Zapatero viajara a Arabia Saudí en el momento exacto en que la Policía rastreaba en el reino wahabí el dinero del rescate de Plus Ultra. La aerolínea, que recibió un crédito multimillonario del Estado, sigue siendo un agujero negro en la transparencia gubernamental.

Blindajes para Koldo y un etarra en la función pública

Pero si nos trasladamos al ámbito de la seguridad, el esperpento alcanza cotas de sainete con tintes de tragedia. El ex Director Adjunto Operativo (DAO) de la Policía, lejos de velar por el orden, se dedicó a blindar al ‘número dos’ de la Policía en Navarra, quien a su vez brindó protección a Koldo García, el exasesor de José Luis Ábalos que acapara titulares por presuntos chanchullos durante la pandemia.

Las comodidades para Koldo no acabaron ahí. Según las investigaciones, Moreno (presumiblemente otro mando policial) le habría facilitado al exasesor una matrícula protegida. ¿El motivo? El riesgo de ataques de grupos criminales. La ironía es sublime: el Estado protege con medidas de escolta a quienes presuntamente se aprovecharon del Estado, mientras los ciudadanos de a pie ven cómo la delincuencia común campa a sus anchas.

La guinda de este pastel de la desfachatez la pone el Gobierno vasco. En un alarde de memoria histórica selectiva, ha incluido entre los primeros 50 funcionarios de Administración Local a Patxi Jagoba Bengoa Lapatza-Kortazar. ¿Su currículum? Bengoa formó parte de la red de herriko tabernas y fue condenado por la Audiencia Nacional en junio de 2014 por colaboración con ETA, sentencia ratificada por el Supremo en 2015. Ninguna autocrítica. Ningún rubor. Solo la lógica de que quien fue enemigo del Estado puede hoy gestionar sus ayuntamientos si la geometría política es la adecuada.

El depredador en la Embajada: el caso que lo resume todo

Sin embargo, si hay un caso que actúa como metáfora perfecta de este régimen de cinismo, es el del comisario Emilio de la Calle. Este mando policial, destinado como consejero de Interior en la Embajada de España en Nueva Delhi, ha sido investigado por la Audiencia Nacional por un rosario de delitos que hielan la sangre: acoso laboral, acoso sexual, amenazas, lesiones y agresión sexual a una subinspectora que trabajaba bajo su mando .

Los audios, revelados por El País y reproducidos por esta redacción, son de una brutalidad tan explícita que cuesta creer que quien los perpetró vistiera un uniforme que simboliza la ley. «Te dejo como un trozo de carne, o sea, te reviento», «¿Qué hago, te pego? ¿Te doy una hostia? A ver si con un ojo morado…», «vete a casa, date una ducha, saca el Satisfyer» o «soy tu jefe, te lo metes por el culo» son solo una pizca de las perlas que este representante del orden dedicaba a su subordinada .

La víctima, que llegó a Nueva Delhi en julio de 2024, tardó solo ocho meses en denunciar, pero el tiempo que sufrió el infierno fue suficiente para que De la Calle desplegara su particular manual de tortura psicológica: control obsesivo de su vida privada, collejas, un beso no consentido en la comisura de los labios cuando ella estaba mareada, e insultos constantes . Llegó a decirle que «de casa se viene llorao, meao y cagao» y que «esto es la puta Policía» .

Pero lo más grotesco del asunto no es solo la conducta del comisario, sino el marco que lo rodeaba. Según ha denunciado el sindicato JUPOL, De la Calle fue «premiado, entre comillas», con el destino diplomático en India después de que en 2020, en plena pandemia, este mismo mando organizara fiestas mientras la población estaba confinada en Cataluña . Y aún hay más: Interior, en un ejercicio de propaganda que roza lo macabro, exhibía a Emilio de la Calle como «experto en Igualdad y violencia de género» .

La pregunta que sobrevuela el caso es ineludible: ¿cómo es posible que un perfil con semejantes antecedentes no solo no fuera apartado, sino que fuera ascendido a un puesto de responsabilidad en el extranjero y, para colmo, presentado como un referente en materia de igualdad? La respuesta es el espejo de una institución que premia la lealtad por encima de la ética.

El síndrome de la impunidad

Lo que une los puntos entre Wakalua en Dominicana, el amigo chino de Zapatero, el etarra funcionario, el blindaje a Koldo y el comisario acosador no es una ideología, sino una práctica: el uso de las instituciones como botín personal y la certeza de que, para una casta determinada, las reglas son siempre para los demás.

Mientras el CNI recomendaba no dar la nacionalidad a Fangyong Du, el Ministerio del Interior premiaba a un acosador; mientras el Gobierno vasco rehabilita a etarras, el Gobierno central protege con matrículas oficiales a sus asesores corruptos. Es un circuito cerrado de impunidad que opera bajo la complacencia de unos y el silencio de otros. La pregunta final es: si los guardianes se convierten en depredadores, ¿quién protegerá al resto de los mortales de un sistema que parece empeñado en devorarse a sí mismo?

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