España: Este espectáculo de la democracia lo pagas tú, ellos se lo llevan crudo

Abr 19, 2026

Sucesos España - Portada 5 OPINIÓN 5 España: Este espectáculo de la democracia lo pagas tú, ellos se lo llevan crudo

Manual de instrucciones para que un político se forre mientras usted aplaude, especialmente si milita en PSOE o PP

Mire usted, voy a ser claro: esto no es una democracia, es una estafa piramidal con eslóganes bonitos, himnos y banderas. Y lo peor de todo es que usted, querido lector, sigue tragando. Sigue pagando. Sigue votando. Sigue creyendo que algún día le tocará a usted sentarse en el sillón. Spoiler: no le va a tocar. Usted nació para pagar, ellos para cobrar. Así de sencillo. Así de cínico. Así de verdad.

Los políticos: la casta que vive de usted y se ríe de usted

¿Qué es un político español? Un profesional del saqueo con traje y corbata (o con chándal si toca postureo de barrio). No hay izquierda ni derecha. Hay una banda organizada que se turna en el poder para asegurarse de que el sistema de expolio nunca se detenga. El PSOE roba, el PP roba, y cuando toca pactar, roban juntos. Y luego los de la derechita cobarde y los de la izquierdita antisistema también quieren su parte. Todos caben. Todos chupan. Todos mienten.

Pero no se preocupe, que para eso están las campañas electorales: para que cada cuatro años le toquen el hombro, le miren a los ojos con cara de compungidos y le digan que esta vez sí, que ahora sí van a cambiar las cosas. Y usted, como un tonto, les cree. Y vuelve a votar. Y ellos vuelven a reírse de usted mientras se suben el sueldo, se multiplican los asesores, se inventan fundaciones y se reparten los consejos de administración.

La corrupción: el deporte nacional de la casta (con medallero propio)

Hablemos de corrupción, que es donde este país saca matrícula de honor. Porque aquí no roba uno, roban todos. Y lo mejor: roban y siguen ahí. Roban y salen por la puerta grande. Roban y les aplauden.

Empecemos por el PP, que tiene una trayectoria tan brillante que haría palidecer a cualquier mafia italiana. Gürtel, Bárcenas, los sobres en la sede, la caja B, las facturas falsas, los contratos a dedo, las mordidas en todas las comunidades gobernadas por el partido. ¿Recuerdan al tesorero Bárcenas con sus 22 millones en Suiza? Ese mismo al que el partido financiaba con donaciones de empresarios a cambio de contratos públicos. Un sistema tan perfecto que hasta tenían contabilidad paralela. Y cuando estalló todo, ¿qué pasó? Que algunos fueron condenados, sí, pero el partido sigue ahí, como si nada. Y sus dirigentes, los mismos que se llenaban los bolsillos, ahora dan lecciones de honestidad. Es para mearse de risa, si no fuera porque la risa se la cobran a usted.

Luego está el PSOE, que no le va a la zaga. Los ERE de Andalucía son la joya de la corona del saqueo socialista: 680 millones de euros repartidos como churros entre amigos, familiares, sindicatos afines y empresarios complacientes. Sin control, sin justificación, sin rubor. Y los condenados son decenas, pero los grandes peces, esos que diseñaron el sistema, han ido saliendo por la puerta de atrás con ayuditas judiciales y prescripciones estratégicas. ¿Y la presidenta de entonces? Absuelta por un giro judicial que aún colea. ¿Y los consejeros? Algunos a la cárcel, pero la mayoría en su casa cobrando pensiones de lujo. Y el PSOE, gobernando España como si nada hubiera pasado. Incluso con el condenado Chaves de ministro honorífico. ¿No es para echarse a temblar?

Pero no acaba ahí. El caso Koldo, el caso Púnica, el caso Lezo, el caso Taula, el caso Marea, el caso Cursach, el caso Noos (ese donde el yerno del Rey se llevaba comisiones por eventos que nunca se celebraron). Todas las autonomías, todos los partidos, todos los ayuntamientos. La corrupción no es un error del sistema: es el sistema. Es la gasolina que lo hace funcionar.

Y lo más obsceno: los políticos condenados por corrupción siguen cobrando del Estado. Sí, ha leído bien. Porque aquí la ley está hecha para protegerles. Los aforamientos, las prescripciones, los indultos a medida. Usted si roba un banco va a la cárcel. Ellos si roban un país, se jubilan.

Hacienda: el brazo armado de la casta

¿Sabe qué es lo más curioso de todo? Que Hacienda funciona. Y funciona de puta madre. Pueden localizarle hasta el último céntimo que se le olvidó declarar. Pero ¿sabe qué no controlan? Sus propias facturas. Sus propias dietas. Sus propios sobresueldos. Sus propias mordidas.

Porque Hacienda es eficaz contra usted, que trabaja, que produce, que crea riqueza. Contra ellos, que viven del presupuesto, Hacienda es una amiga. Una cómplice. Una más del club.

El resto de la administración no es más que un decorado. Sanidad, Educación, Justicia… son los escenarios donde se representa la obra. Los actores son funcionarios (muchos de ellos también víctimas, ojo, no vayamos a generalizar), pero los dueños del teatro son los políticos. Y el negocio es el mismo: sacarle a usted todo lo posible.

El dinero de sus impuestos tiene nombre y apellidos

¿A dónde va su dinero? Se lo voy a decir sin rodeos:

  1. A ellos: políticos con sueldos obscenos, jubilaciones de privilegio, coches oficiales, escoltas, viajes, dietas, sobresueldos, asesores que asesoran a otros asesores, y un larguísimo etcétera que haría llorar de envidia a cualquier rey absoluto.
  2. A los suyos: sindicatos que no defienden a los trabajadores sino sus propios chiringuitos, funcionarios enchufados, amigotes de partido, empresas que viven de subvenciones, ONG que son pantallas de financiación, fundaciones que son paraísos fiscales dentro de la ley.
  3. A los que les aplauden: periodistas comprados, tertulianos pagados, intelectuales de saldo, medios enteros que viven de la teta pública y que a cambio nunca, jamás, criticarán al sistema que les da de comer.

¿Y a usted qué le toca? Pagar. Callar. Y si protesta, le llaman fascista. No está mal, ¿eh?

El PSOE: los padres fundadores de la gran estafa

Hay que reconocerlo: los socialistas de los ochenta fueron unos genios. Diseñaron el sistema perfecto. Invadieron la educación para crear generaciones de borregos agradecidos. Inflaron la administración para colocar a los suyos. Se hicieron con las cajas de ahorro para financiarse sin control. Desindustrializaron el país para que nadie creara riqueza fuera del Estado. Y encima les llamaron modernizadores.

Hoy, el PSOE sigue siendo el partido de la casta por excelencia. El que inventó las puertas giratorias, los aforamientos, los indultos a medida, las comisiones, los sobres. Pero cuidado, que el PP aprendió rápido. Tanto, que cuando llegaron al poder no desmontaron nada. Simplemente ocuparon el sitio. Cambiaron las fotos, pero los cajones seguían llenos.

¿Y ahora qué? Ahora tenemos a Sánchez haciendo equilibrios con los independentistas y los herederos de ETA que también viven del expolio. Todos juntos, todos revueltos, todos chupando. Una armonía conmovedora.

El PP: los herederos agradecidos

Si el PSOE inventó la estafa, el PP la perfeccionó. La trama Gürtel no fue un accidente: fue una forma de gobierno. Contratar a amigos, cobrar comisiones, financiar el partido con dinero negro, y todo bajo la protección de un Estado cómplice. Y cuando la justicia llamó a la puerta, su respuesta fue proteger a los suyos, cambiar leyes a su medida, y seguir gobernando como si nada. Rajoy, aquel que decía que no sabía nada de la contabilidad de su propio partido, fue desalojado por una moción de censura, pero sigue cobrando y dando conferencias. Porque aquí nadie paga. Nadie asume consecuencias.

Las autonomías: el cortijo de cada cacique

Las autonomías no se crearon para gestionar mejor. Se crearon para repartir el pastel. Para que cada barón regional tuviera su propio reino de taifas, sus propios medios de comunicación, su propio sistema educativo para adoctrinar, sus propias subvenciones para comprar voluntades.

En Cataluña, el «procés» no fue un movimiento independentista. Fue una lucha por ver quién controlaba el expolio. En el País Vasco, lo mismo, pero con más años de experiencia. En Andalucía, el cortijo del PSOE durante décadas (y vaya que lo aprovecharon con los ERE). En Madrid, el cortijo del PP (y vaya que lo aprovecharon con la Púnica y Lezo). Todos caciques. Todos con su feudo. Todos con su prensa amiga. Todos con su ejército de enchufados.

Y usted, pagando. Como siempre.

Los medios: el perro del hortelano que ni come ni deja comer

Lo más divertido de todo es ver a los medios de comunicación. Dicen que son el cuarto poder, pero son la cuarta pata de la misma silla. No hay análisis crítico. No hay independencia. No hay objetividad. Hay una subasta permanente por ver quién recibe más dinero público, más publicidad institucional, más subvenciones encubiertas.

Los periodistas que realmente investigan son despedidos o ninguneados. Los que ladran a la contra pero nunca muerden se llevan los premios. Los que insultan en televisión tienen su propia tertulia. Los que piensan no salen. Los que callan, cobran.

Y mientras tanto, le venden a usted que esto es democracia, que hay libertad de expresión, que vivimos en el mejor país del mundo. Y usted se lo cree. O finge creérselo. Da igual. Ellos ya cobraron.

La educación: la fábrica de borregos

El sistema educativo no está diseñado para formar ciudadanos libres y críticos. Está diseñado para producir votantes dóciles, ignorantes, emocionales. Para que aprendan que el empresario es malo, que el rico es un ladrón, que el Estado es bueno, que pagar impuestos es solidario. Para que no sepan economía, ni historia, ni derecho. Para que no puedan defender su propiedad, su libertad, su dignidad.

Y funciona. Porque luego salen a la calle y aplauden a los que les roban. Defienden a los que les humillan. Votan a los que les mienten. Es el milagro de la pedagogía progresista.

El español medio: el idiota útil por excelencia

Me duele decirlo, pero es verdad: el español medio es un ignorante político. No sabe qué es un impuesto, no sabe cómo funciona el Estado, no sabe quién le roba. Cree que corrupción es solo cuando un político se mete un sobre. No entiende que la verdadera corrupción es el sistema entero. No ve que las fundaciones, los organismos inútiles, los cargos de confianza, las puertas giratorias, los conciertos educativos, las subvenciones a dedo… todo eso es corrupción estructural. Y muchísimo más cara que unos cuantos sobres.

Y cuando ve una noticia de corrupción, piensa «esos son los del otro partido». Los del PSOE creen que solo roban los del PP. Los del PP creen que solo roban los del PSOE. Y mientras tanto, ambos partidos se están riendo de usted. Porque llevan décadas turnándose el poder y el botín, y usted sigue sin enterarse.

Pero no se preocupe. Ellos lo saben. Y por eso le dan pan y circo. Por eso le llenan la tele de fútbol, de reality shows, de tertulias de gritos. Por eso le hablan de feminismo, de ecología, de fascismo. Para que no piense. Para que no mire los números. Para que no sume.

Porque si usted sumara… si usted hiciera números… se daría cuenta de que le están robando hasta las ganas de vivir.

Los costes de la fiesta: su futuro hipotecado

Los resultados están ahí, pero usted no los quiere ver:

  • Productividad estancada desde hace 15 años.
  • Salarios que no llegan a fin de mes.
  • Vivienda imposible.
  • Electricidad de las más caras del mundo.
  • Burocracia asfixiante.
  • Innovación: chiste.
  • Empresarios huyendo.
  • Talentos emigrando.
  • Deuda pública desbocada.

Pero oiga, que tenemos «democracia». Que podemos votar. Que hay libertad de expresión. Que somos muy modernos. Sí, claro. Mientras tanto, ellos siguen chupando. Y usted, pagando.

España: el Italia de la decadencia europea

Si quieren ver el espejo donde mirarse. Miren Italia. Allí tienen décadas de experiencia en esto que nosotros estamos perfeccionando: gobiernos que van y vienen, siempre los mismos nombres, siempre las mismas familias, siempre los mismos enchufes. Un Estado gigante e ineficiente. Una clase política que vive de espaldas a la economía real. Un sur que es un agujero negro de subvenciones y clientelismo. Una deuda que asfixia. Una juventud que se larga. Y lo más triste: una sociedad que ya ni se indigna, que asume la corrupción como un clima, como el aire que se respira.

Italia es el futuro de España si seguimos así. O quizás el presente, porque las diferencias cada vez son más difíciles de encontrar. Gobiernos de corta duración, primeras ministras que duran lo que un suspiro, pactos imposibles, euroescepticismo de salón, y una casta política que se perpetúa mientras el país se hunde. La única diferencia es que ellos llevan más años ensayando. Nosotros estamos llegando.

Porque el día que el euro se tambalee o que los mercados nos señalen con el dedo, España e Italia estarán en la misma trinchera. La de los países que vivieron por encima de sus posibilidades durante décadas, financiando chiringuitos y enchufados, hasta que la factura llegó. Y entonces, querido lector, no habrá cortinas de humo que valgan. La realidad será tan cruda que ni el fútbol podrá disimularla.

O los echamos o nos hundimos

Así que aquí estamos. En una sociedad mediocre, irrelevante, en caída libre. Económica y moralmente. Los parásitos están en el poder, en los medios, en los sindicatos, en las autonomías, en las universidades. Están en todas partes. Y usted, querido lector, sigue pagando. Sigue callando. Sigue aplaudiendo.

La pregunta es: ¿hasta cuándo? ¿Cuánto tendrá que subir la luz? ¿Cuánto tendrá que bajar su salario? ¿Cuántos impuestos más tendrá que pagar? ¿Cuántos políticos tendrá que ver reírse de usted en su cara?

Porque ellos no van a cambiar. El sistema no va a cambiar. La casta no se va a autodestruir. Solo hay una manera: echarlos. Todos. Sin excepción. Pero para eso hay que dejar de ser un idiota útil. Hay que dejar de creer en cuentos. Hay que dejar de votar a los mismos. Hay que dejar de aplaudir.

¿Lo hará? Probablemente no. Probablemente seguirá pagando y callando. Probablemente dentro de cuatro años volverá a votar al menos malo. Probablemente seguirá siendo el mismo borrego de siempre.

Y mientras tanto, ellos… ellos seguirán riéndose. En sus chalets. En sus consejos. En sus vacaciones pagadas por usted. Porque esto, querido lector, no es una democracia. Es una estafa. Y usted es el estafado.

«Democracia española»: el arte de robar con tu voto y tu aplauso.

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