Versión libre de la fabula: El escorpión y la rana

Dic 14, 2025

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El Aguijón del Poder: Sánchez y la Constitución Española en la Corriente

Había una vez, en un río político turbulento que dividía una España polarizada, un político llamado Pedro Sánchez que anhelaba volver a ganar las elecciones, para lo que necesitaba el aval de una fuerza esencial: la Constitución.

Constitución, dijo Pedro Sánchez, mostrando un fajo de papeles con promesas de regeneración y una agenda social progresista, llévame a la otra orilla del poder. Sin tu confianza, no podré formar un gobierno estable ni aplicar las políticas que nos harán avanzar.

¿Cómo voy a confiar? replicó la Constitución, recordando viejas traiciones en sus primarias. Conozco tu naturaleza de supervivencia. Si, una vez a salvo, clavas el aguijón de los cambios de opinión, ambos nos hundiremos en el desprestigio.

¡Qué idea tan absurda! argumentó el político. Si te hiciera daño, yo también perdería el poder. No sería lógico. Tú eres mi única vía para gobernar, mi garante de legitimidad. Te necesito.

Convencida por la necesidad de un gobierno estable y proyectos como subir el salario mínimo o las pensiones, la Constitución aceptó cargarlo a sus espaldas. Pero a mitad del trayecto, cuando las aguas de la legislatura se volvieron más embravecidas por una oposición feroz y una mayoría parlamentaria erosionada, sintió un dolor paralizante. Los papeles que llevaba Sánchez no eran solo el programa, sino también una Ley de Amnistía para independentistas y acuerdos con fuerzas cuya lealtad era tan variable como la corriente. Y, lo que era más profundo, sintió el veneno de casos de corrupción que salpicaban a su partido, como el ‘caso Koldo’ o las detenciones en la SEPI, y de escándalos de acoso sexual que minaban su credibilidad moral.

Al hundirse, con voz débil, preguntó:

¿Por qué lo has hecho? Prometiste regeneración. Ahora la desconfianza nos arrastrará a ambos. ¿No querías gobernar?

El político, hundiéndose junto a ella, respondió con una mezcla de serenidad y fatalismo:
Lo siento, querida Constitución. No pude evitarlo. Es mi naturaleza. Aunque mi idea para cruzar el río era útil y sincera, mi instinto de supervivencia, de no soltar el poder a cualquier coste, me obliga. No es solo sobre ti, ni siquiera solo sobre el gobierno. Es sobre quién soy: un político sin escrúpulos que ha aprendido que siempre hay partido, que nunca se debe tirar la toalla de las saunas. Y un ser así, aunque hable de principios, a veces actúa según esa esencia.

Y así, ambos vieron cómo las aguas de la crispación y el descrédito los cubrían, mientras la ciudadanía y el resto de partidos observaban y discutían si los acuerdos para gobernar habían valido la pena, ahora que la confianza yacía en el fondo, víctima de una naturaleza que muchos dijeron reconocer desde la otra orilla.

Moraleja: Se puede pactar el viaje, pero no cambiar la esencia. En la política, un acuerdo con quien prioriza la permanencia en el poder por encima de todo puede ser la travesía que termine ahogando la confianza en el sistema, porque la naturaleza, tarde o temprano, reclama su lugar. Y, a veces, desde la orilla, se sigue votando al político, creyendo que esta vez la corriente será diferente.

Nota del autor: Este relato es una fábula política inspirada en el complejo momento actual, según reflejan medios de diverso signo. Utiliza la parábola clásica «El escorpión y la rana» para ilustrar tensiones y dilemas percibidos en la realidad, no para emitir un juicio definitivo. La «naturaleza» aludida es una construcción metafórica dentro del género de la fábula.

 

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