El arte de etiquetar problemas en lugar de resolverlo: Soluciones de cartón frente a un crucero a la deriva
Sánchez presume de “soluciones” mientras el crucero infectado navega entre la dejadez y el postureo institucional.
La estirpe política que prefiere declamar antes que actuar
Hay una estirpe política que ha aprendido que los problemas no se resuelven, sino que se etiquetan. Que la gestión no consiste en actuar, sino en declamar. Y que la coherencia es un estorbo tan incómodo como un tripulante con fiebre en alta mar. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha vuelto a dar una lección magistral de este arte con la crisis del hantavirus a bordo del crucero MV Hondius, demostrando que, si de algo sabe su Ejecutivo, es de convertir cualquier emergencia en un sainete de declaraciones grandilocuentes y lealtades a la carta.
El mitin como refugio ante la madrugada de los reproches
“Somos el Gobierno de las soluciones, no de eternizar los problemas”, ha proclamado Sánchez en un mitin en La Línea de la Concepción, justo después de que su equipo y el Ejecutivo canario pasaran la madrugada echándose las culpas como si fueran niños en un patio de colegio. Porque eso es lo que tiene la nueva política: tú puedes tener un barco con 147 personas potencialmente infectadas frente a las costas de Tenerife, pero lo importante es desembarcarlas rápido sin protocolos claros. Lo importante es decirlo bonito.
La lealtad líquida según el calendario político
“Lealtad institucional”, ha repetido el presidente, esa fórmula mágica que según el calendario sirve tanto para pedir disculpas a los herederos de ETA como para indultar a independentistas huidos, pero que misteriosamente se le olvida mencionar cuando los gobiernos autonómicos le reclaman medios materiales o coordinación. Porque en el universo Sánchez, la lealtad es un concepto líquido: moja cuando interesa y se evapora cuando toca asumir responsabilidades.
Una ayuda generosa que no borra la improvisación
El presidente, eso sí, ha presumido de que la OMS y el Centro de Emergencias Epidemiológicas de la UE solicitaron ayuda a España. Y España, generosa, la ha concedido. Como cuando la pobreza infantil te la pide por favor, supone. Pero nadie pregunta por qué, si el país es tan ejemplar y eficaz, la operación de desembarco fue un intercambio de reproches digno de una serie de mediometraje. O por qué, en pleno 2026, seguimos gestionando las epidemias con el mismo nivel de improvisación que un alumno que no ha abierto el libro hasta el día del examen.
El lapsus que fue más honesto que todo un mandato
Lo más fascinante del discurso de Sánchez, sin embargo, fue su coletilla final: “La política no sirve para insultar ni para alarmar, sino para solucionar los problemas de la gente de a pie”. Y entonces, justo cuando la cámara no lo enfocaba, se le debió escapar otra frase para terminar con que me la suda”. Los asesores de Moncloa ya habrían calificado el lapsus como “un exceso de confianza con la militancia”. Pero para el resto, hubiese sido el momento más honesto de todo su mandato.
Mantras vacíos mientras el barco sigue esperando
Porque al final, de lo que se trata es de eso: de que el mundo nos observa, de que España responde “a la altura”, de la ejemplaridad y la eficacia como mantras vacíos. Mientras, en el puerto de Tenerife, los tripulantes del MV Hondius siguen esperando que alguien les explique si la “lealtad institucional” desinfecta los pulmones o solo sirve para adornar ruedas de prensa.
El circo sigue: Chikilicuatre siempre tiene el micro a mano
El Gobierno de las soluciones, sí. Pero de las que no eternizan los problemas: solo los disfrazan de gesta hasta la próxima crisis. Que ya se sabe, en el circo de la política española, el Chikilicuatre siempre tiene un micro en la mano, aunque el barco se hunda. O mejor dicho: sobre todo si el barco se hunde. Así hay más mirilla.








