¿Un presidente sin oído musical…?

Ago 4, 2026

Sucesos España - Portada 5 OPINIÓN 5 ¿Un presidente sin oído musical…?

 ¿O sin oído para la realidad?

El verano es época de playlists. De esos momentos en los que uno se tumba en la hamaca, se pone los cascos y deja que la música acompañe el dulce son de las olas. O, al menos, eso parece en el universo paralelo de La Moncloa. Porque mientras Ceuta ardía en una crisis migratoria sin precedentes y España se enfrentaba a una ola de incendios que teñía de negro el cielo de media península, nuestro presidente, Pedro Sánchez, ha decidido que el momento más oportuno para compartir su gusto musical era justo ahora. La pregunta, estimado lector, no es si tiene buen o mal gusto musical, sino si tiene oído para la realidad.

La playlist de la desconexión

Con un vídeo grabado en el salón de La Moncloa, sentado en un sofá blanco y con su teléfono en la mano, Sánchez nos presentó su «lista de canciones para el verano». Una selección «ecléctica», según sus propias palabras, que incluye desde la británica Charli XCX hasta el urbano de Quevedo, pasando por clásicos de los Rolling Stones y algún que otro tema de la escena nacional. Todo ello acompañado de un mensaje distendido: «Espero que os guste y que os acompañe durante las vacaciones. Feliz verano».

Un gesto que, en tiempos de paz, podría ser una anécdota simpática. El problema, como suele ocurrir con este Gobierno, es el contexto. Resulta que el mismo día que se grababa esta oda al hedonismo vacacional, Ceuta seguía gestionando la llegada masiva de migrantes, una crisis que ha desbordado la capacidad de acogida local, ha requerido el despliegue del Ejército y ha generado tensiones diplomáticas con socios europeos. Pero no solo eso; los incendios que asolaron varias regiones apenas unos días antes y que llenaron titulares en toda Europa por su magnitud parecen haber quedado en el olvido. O, al menos, fuera del guion de la playlist veraniega.

La insensibilidad como estrategia

El diario británico The Times ha sido especialmente mordaz, señalando la «poca sensibilidad» del presidente ante las víctimas de ambas tragedias. Y no les falta razón. No se trata de exigir una llorera constante, sino de tener un mínimo de tacto y empatía para saber cuándo un gesto de cercanía se convierte en un acto de soberbia desconexión. Compartir una playlist cuando el país arde (literal y metafóricamente) no es «humanizar» al presidente, es demostrar que vive en una burbuja blindada a los problemas reales.

La líder del PP europeo, Dolors Montserrat, fue contundente al hablar de «vergüenza como española» y de «decadencia moral». Y aunque la crítica desde la oposición pueda ser previsible, el aluvión de comentarios negativos en redes sociales y en la prensa internacional sugiere que no es un clamor partidista, sino una sensación generalizada de que el presidente y su equipo han perdido el norte. Es ese famoso «patrón de comunicación» de Moncloa que busca conectar con los jóvenes a base de TikTok y Spotify, y que termina por resultar patético cuando se compara con la realidad que vive la calle.

Yo, humildemente, le recomendaría otras canciones

Ya puestos a hacer de críticos musicales, y visto que el señor Sánchez necesita ampliar su repertorio para que conecte mejor con el sentir popular, permítanme ofrecerle una sugerencia de playlist alternativa, mucho más ajustada al momento histórico que vivimos. Porque si lo que busca es ser trending topic, hay temas con una letra mucho más cercana a su gestión que esos «éxitos veraniegos» que ha seleccionado.

Le recomendaría que empezara con «Corruptos indultan a Corruptos», un himno popular que retrata a la perfección el arte de la amnistía selectiva y el perdón a los amigos, ese nuevo género musical que tan de moda ha puesto en el Parlamento. Un tema que, desde luego, tiene mucho más ritmo político que cualquier estribillo de reguetón.

Después, que escuche con atención «Los Tres Mosqueteros de Pacotilla y el ONE», esa canción que narra las aventuras y desventuras de un Gobierno que prometió el cielo y ha entregado migajas, repartiendo cargos y prebendas entre sus socios de investidura mientras el país mira atónito. Porque «todos para uno y uno para todos» suena muy bonito, pero cuando el «uno» es el presidente y los «todos» son sus socios, la cosa cambia.

No puede faltar en su reproductor «No soy un Mentiroso», que es ese clásico atemporal que todo político debería conocer, aunque sea para ironizar sobre la vocación de no cumplir promesas. Una canción que suena de fondo cada vez que se revisa el programa electoral y se comprueba que aquello del «no es no» a los indultos o a los pactos con el independentismo era, efectivamente, otra cosa.

Y, para terminar, que no se olvide de «El Truco del Fango», ese tema que explica con maestría cómo cuando las cosas se complican, siempre hay un chivo expiatorio al que señalar, una cortina de humo que levantar o un problema ajeno que distraiga la atención de los propios. Una canción con la que, visto lo visto, podría haber firmado él mismo la letra.

El «Sánchez, el de la música»

El problema no es que Pedro Sánchez escuche música. El problema es que parezca que la música es lo único que escucha. Mientras en Ceuta se habla de «ataque a la integridad de España» y el fuego arrasa hectáreas, el presidente prefiere actuar como un influencer de medio pelo que como el jefe del Ejecutivo. Esa falta de sintonía con la realidad es, quizás, la peor nota de esta desafortunada sinfonía veraniega. Porque al final, una playlist se puede borrar y cambiar. La imagen de un presidente que baila al son de la crisis, en cambio, esa ya es más difícil de silenciar.

Así que, señor Sánchez, si nos permite el consejo: apague el Spotify, encienda la radio de la calle y escuche lo que de verdad está sonando en este país. Que no es poco, y desde luego no es ninguna canción de verano.

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