El mismo Sánchez que gobierna con decretos y con los herederos de ETA se permite dar lecciones de democracia. La ironía, como siempre, no tiene quien la escriba.
El paladín inesperado
Pedro Sánchez, el mismo que gobierna a golpe de decreto y con la bendición de los herederos políticos de ETA y de quienes sueñan con dinamitar España desde los cimientos, ha tenido la osadía de erguirse como el gran paladín de la democracia. En la cumbre progresista de Barcelona, el anfitrión ha mirado a la cámara con esa solemnidad de actor secundario en un telefilm de sobremesa y ha sentenciado: hay que hacer “lo que sea necesario” para “proteger y fortalecer la democracia”, mientras se abraza al comunismo populista y autoritario, despreciando a los 110 millones de víctimas del comunismo internacional elogiándolo como «conquista democrática». Que ni Willy Toledo se hubiese atrevido a manifestar en sus mejores momentos de lucidez mental alterada.
¿Champán o alucinógeno?
Uno no sabe si reír, llorar o comprobar si el champán del cóctel llevaba algo más que burbujas.
El malo según Sánchez
Porque el espectáculo tiene su miga. Enfrente, según Sánchez, están esos malvados que “impugnan las reglas del sistema unilateral” y recurren al “uso de la fuerza”. Habla el hombre que ha normalizado la ley del solo sí es sí, que soltó a decenas de agresores sexuales a la calle y que luego, sin inmutarse, culpó al sistema judicial. Habla el presidente que gobierna gracias a los votos de quienes no ocultan su deseo de romper España y que indulta a los condenados por un procés que sí usó la fuerza, las urnas y las barricadas.
El diccionario Sanchista
Pero lo realmente glorioso, lo que convierte este sainete en obra maestra del esperpento nacional, es la expresión “hacer lo que sea necesario”. Porque en el diccionario sanchista esa frase tiene una traducción muy clara: “hacer lo que me dé la real gana sin pasar por el Congreso, el Senado, el Consejo de Estado ni, por supuesto, las urnas”.
La democracia de cartón piedra
¿Proteger la democracia? La misma que él ha vaciado gobernando con decretos-ley que ni siquiera los suyos entienden. La misma que ha visto cómo el Parlamento se convertía en una notaría donde sólo se validan las ocurrencias de La Moncloa. La misma que ha soportado la creación de una fiscalía general a medida y la renovación del CGPJ con un ministro que parece sacado de un culebrón venezolano.
El peligro siempre está fuera
Pero no, el peligro no está en el inquilino de La Moncloa. El peligro está fuera, en esos que “impugnan las reglas”. Vamos, los que señalan que un presidente que necesita a Bildu para respirar no puede erigirse en adalid de nada que huela a decencia institucional.
Lecciones desde la ruina
En cualquier país con un mínimo de autocrítica, un político que gobierna en minoría gracias a los que quieren partir la nación en pedazos se guardaría muy mucho de dar lecciones sobre fortaleza democrática. Pero aquí, en la España de Pedro Sánchez, ese mismo político convoca cumbres, se rodea de líderes afines y suelta frases huecas mientras sus socios de gobierno aplauden con las orejas.
Que no te pregunten, ciudadano
Así que ya saben: si la democracia peligra, que se ponga el traje de salvador el mismo que la ha convertido en un decorado de cartón piedra. Y si hay que hacer “lo que sea necesario”, que nadie espere preguntar a los ciudadanos. Eso sería tan poco progresista…
El chiste, por malo, nos hace reír
En fin. Sigan con su cumbre, señor Sánchez. Que el chiste, por mal gusto que tenga, al menos nos hace reír para no llorar.
Refrán de urgencia para tiempos de cinismo institucional de Sánchez:
“No hay peor enfermo que el que cree ser médico, ni peor tirano que el que se disfraza de demócrata.”







