Monstruo con nombre: Henri Parot, el asesino de 82 inocentes, obtiene la libertad que nunca mereció

Sep 9, 2026

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LIBERTAD SIN REMORDIMIENTOS: El sistema premia al verdugo

La justicia española, en un ejercicio de técnica jurídica que repugna a la ética más elemental, ha puesto en la calle al etarra Henri Parot. Este individuo, que acumula una condena de 4.800 años de prisión por su participación en 82 asesinatos, ha sido liberado sin mostrar una pizca de arrepentimiento por su sanguinaria trayectoria. Su puesta en libertad no es un fallo del sistema, es el síntoma de la podredumbre moral, primero de Zapatero y culminado por Sánchez. 

LÍDER SANGUINARIO: Doce años al frente del comando Argala

Parot, que durante doce años lideró el llamado comando itinerante o comando Argala, escribió con sangre y explosivos una de las páginas más negras de la historia de España. Su nombre quedó grabado a fuego en la memoria colectiva tras el atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, una masacre que conmocionó al país.

LA MATANZA DE ZARAGOZA: Once muertos, seis de ellos niños

El 11 de diciembre de 1987, el comando que dirigía hizo estallar un coche bomba cargado con 200 kilos de amonal, provocando la muerte de once personas, entre ellas seis niños de entre dos y cinco años, que se encontraban en el interior del edificio. La cifra de heridos superó las ocho decenas, dejando un reguero de dolor y mutilación que aún hoy perdura en las familias de las víctimas.

CONDENAS RIDÍCULAS: 743 años por Zaragoza, 4.800 en total, 30 cumplidos

Aunque la Justicia francesa concedió la extradición de los responsables de este atentado, los cuales fueron condenados a 743 años de cárcel por estos hechos, la realidad es que el verdadero cerebro y ejecutor de esta política de exterminio, Henri Parot, ha visto cumplida su condena máxima de 30 años, escudándose en la legislación que, vergonzosamente, abarata el precio de 82 vidas humanas. Porque en España, la suma de cientos de años de prisión se convierte, por arte de magia jurídica, en un límite temporal ridículo para crímenes de lesa humanidad.

INDIGNIDAD Y DESPRECIO: Una libertad que insulta a las víctimas

La salida de prisión de Parot, impertérrito, sin una palabra de pesar por el llanto de los huérfanos que dejó o por el trauma de los heridos, es un escarnio para las víctimas. La libertad, en este caso, no repara, no educa y no redime; simplemente insulta a la sociedad que sufrió sus ataques. Este personaje, cuyo único mérito fue la organización meticulosa del asesinato masivo, pasea ahora por las calles mientras las familias de los 82 muertos siguen enterrando cada día su recuerdo.

El sistema ha fallado, la impunidad triunfa

El sistema ha fallado. No por la letra de la ley, sino por su espíritu, que permite que monstruos como Henri Parot recuperen su lugar en la vida pública mientras los suyos, los que mató, nunca podrán hacerlo. Su puesta en libertad no es un acto de justicia, es una concesión de los socialistas a la impunidad que mancha la memoria de todos aquellos inocentes que murieron por defender España.

 

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