Ocho años más de circo, insultos y chantajes: Sánchez pide perpetuarse mientras el Congreso se pudre en la farsa»

May 2, 2026

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Ocho años más: la petición de un presidente para convertir España en una República Bananera

Pedro Sánchez ha perdido los Presupuestos, ha perdido un decreto clave de vivienda, tiene a sus socios del PNV al borde del infarto por los insultos del PSOE vasco y arrastra una mayoría legislativa que se desintegra como un azucarillo en el café. ¿Su respuesta? Pedir ocho años más de Gobierno. Ocho años. Dos legislaturas enteras. El mismo hombre que fue destituido por su propio partido hace una década, que gobierna gracias a una ley de amnistía que ha partido España por la mitad y que necesita a siete fuerzas políticas distintas para respirar, se atreve a soltar la boutade de que “lo que España necesita son otros ocho años de Gobierno progresista y convertirla en una República Bananera (esto ultimo lo pienso yo)”. No es ambición, es delirio de grandeza. Es el síndrome del inquilino okupa que, después de agujerear el suelo y pelearse con todos los vecinos, pide la ampliación del contrato por tiempo indefinido como un buen autócrata.

Feijóo: un boxeador que solo sabe pegarse con su propia sombra

Alberto Núñez Feijóo salió al ruedo con la palabra “pucherazo” en la boca, rescatando un comité federal del PSOE de hace diez años como si fuera el Sputnik del fin del mundo. Es el recurso desesperado del líder que no tiene mensaje: agarrarse a cualquier mueble viejo para no caerse. Le recordó a Sánchez sus derrotas parlamentarias, le censuró la falta de mayoría, le echó en cara la huelga de médicos. Y Sánchez, sabiéndose débil pero infinitamente más hábil en el fariseísmo parlamentario, le respondió con la misma displicencia con la que se limpia las heces del zapato. Feijóo no es oposición, es un ruido blanco de fondo. Un sparring que solo acierta cuando el rival ya está noqueado por sus propios socios. El PP lleva cuatro años gritando “váyase, señor Sánchez” y el señor Sánchez no solo sigue ahí, sino que pide ocho años más. Eso no es un fracaso de Sánchez; es el fracaso monumental de una derecha incapaz de articular siquiera un relato coherente.

El PNV: el putero de lujo que se queja del precio mientras cobra

El PNV tuvo ayer la desfachatez de salir a reprochar la falta de diálogo al Gobierno. La misma formación que se abstuvo para tumbar el decreto de alquileres, que dijo no a la reforma laboral y que cada mañana negocia como si estuviera en un bazar persa, exigió “altura de miras” y “cuidar las formas”. Es el colmo del cinismo: un partido que ha convertido el chantaje territorial en un arte marcial, que ha chupado transferencias “como nunca en la historia de la democracia” (en palabras del propio Sánchez), y que ahora simula dignidad porque un becario del PSOE vasco soltó un tuit ofensivo. Maribel Vaquero dijo que Sánchez puede contar con ellos contra “el fascismo y el trumpismo”, pero no para garantizar la sanidad vasca, donde se han suspendido 8.000 operaciones. El PNV no es un socio, es un alquiler con opción a compra, y Sánchez paga religiosamente cada factura. Lo sangrante no es que lo hagan; lo sangrante es que encima pongan cara de ofendidos.

El diputado que ha convertido el hemiciclo en un bar de carretera

Si alguien merece el premio al esperpento de la jornada, ese es Jaime de los Santos, diputado del PP. En dos minutos de intervención, este sujeto logró lo que parecía imposible: mezclar el caso Ábalos (“puta 1, puta 2, puta 3”) con las mafias colombianas, los feminicidios en México, la persecución de homosexuales en Senegal y el terrorismo de Hamás. La conclusión de su batidora mental fue que el Gobierno de Sánchez tiene en su “ADN” ser “putero”. No hay argumento, no hay propuesta, no hay ni siquiera un atisbo de inteligencia. Solo la bilis espesa del que confunde la política con un combate de barra de bar. Lo peor de todo no es que lo diga; lo peor es que su bancada lo ovaciona y que nadie, absolutamente nadie, tiene el decoro de pararle los pies. El Congreso ya no es la cámara de la soberanía popular; es un gallinero donde los pavos reales compiten a ver quién suelta la grosería más gruesa.

El truco del mago Sánchez: culpar a las autonomías y sonreír

Ante la hecatombe sanitaria —8.000 operaciones suspendidas solo en Euskadi, una huelga de médicos que no se resuelve—, la ministra Mónica García llegó tarde al hemiciclo y Sánchez respondió con el comodín favorito de todo político mediocre: trasladar la responsabilidad a las comunidades autónomas. “Eso es cosa de ustedes”, vino a decir. El mismo presidente que se llena la boca con la sanidad pública y que presume de gestión progresista, esquiva la bala como si el Sistema Nacional de Salud fuera un asunto de segundo orden. Su otro truco, ya desgastado hasta la extenuación, es el de la “élite” contra la “mayoría”. Cada vez que le aprietan, saca la misma carta: “Nosotros gobernamos para la mayoría; ustedes, para los de siempre”. Es una frase hecha, vacía, que ya no engaña ni a sus ministros. La mayoría a la que dice gobernar no puede aprobar un presupuesto, no puede regular los alquileres y ve cómo se alargan las listas de espera quirúrgica. Eso no es gobernar para la mayoría; eso es sobrevivir a costa de la paciencia ajena.

El presidente zombie: ni muerto ni vivo, solo enquistado

Lo más aterrador de la sesión fue la sensación de déjà vu. Sánchez pide ocho años más como si hubiera ganado las elecciones por mayoría absoluta. El PP insulta como si eso fuera una política de Estado. El PNV negocia como si no estuviera condenado a entenderse con Sánchez hasta el fin de los tiempos. Y mientras tanto, los problemas reales —la sanidad colapsada, la vivienda imposible, la corrupción enquistada en el caso Koldo— se pudren en el cajón del “ya se hablará”. España no necesita ocho años más de este circo. Necesita elecciones ya, y necesita una ciudadanía que deje de aplaudir a sus payasos favoritos. Pero mientras Sánchez se eternice en la autoindulgencia, Feijóo en la impotencia vocinglera y el PNV en la prostitución institucional, lo único seguro es que seguiremos viendo cómo el Congreso arde y los políticos se fotografían con las cenizas. Ocho años más de esto no son una promesa de estabilidad. Son la definición clínica de una pesadilla y convertir a España en una República Bananera.

 

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