El partido en manos de una banda de macarras
Guerra no se anduvo con rodeos al analizar la trama de corrupción que salpica a pesos pesados como José Luis Ábalos, Santos Cerdán y Koldo García. “La militancia está conmocionada”, afirmó. Pero fue más allá: aunque no acusa directamente a Sánchez de formar parte de las operaciones corruptas, le endosa una “responsabilidad fortísima” por haber permitido que el partido cayera en manos de “unos bandidos y macarras”.
El símil de ‘Los Soprano’ para la cúpula socialista
Su símil no pudo ser más hiriente: “una banda que parecen ‘Los Soprano’”, pero hubiese quedado mejor si hubiese dicho la banda de «Los Chistorras». Así ha quedado la cúpula del PSOE, según uno de sus antiguos pilares.
Proteger a Sánchez o proteger al PSOE, no es compatible
La conclusión de Guerra es un aldabonazo definitivo para las bases: “Hay que tomar una decisión: proteger a Sánchez o proteger al PSOE, pero ambas cosas no son compatibles”. Una sentencia que retrata el secuestro de las siglas históricas en beneficio de un proyecto personalista y rendido a los populistas.
El PSOE ha «tomado la ideología de Podemos
Porque, según Guerra, el PSOE ha “tomado la ideología de Podemos”, desplazándose de su tradicional 4,5 en la escala ideológica hacia la extrema izquierda, arrastrado por el “fracaso político e ideológico” de los morados.
Un Gobierno que nunca debió hacerse
Y si la deriva interna es grave, el análisis de la gobernabilidad resulta aún más sombrío. Guerra asegura que este Ejecutivo “nunca debió hacerse porque dependemos de gente que no quiere la Constitución”.
Los sinvergüenzas campan libremente
“Los sinvergüenzas campan libremente”, espetó. Y puso el broche de oro con una pulla que retrata el esperpento institucional: “¿Sabe el presidente del Tribunal Supremo que la ley de amnistía fue redactada por un sicario y un forajido?”.
Cuando un padre saca las vergüenzas de su hijo
Cuando un padre de la democracia socialista tiene que salir a decir que su hijo político se ha convertido en un rehén de corruptos y antisistema, el hijo debería hacérselo mirar. Pero Sánchez, instalado en la negación y el rodillo parlamentario, parece no escuchar.
La mayoría de los españoles ya no cree en nada
O peor: escucha y prefiere seguir hundiendo el partido con tal de no soltar la poltrona. Y mientras, la mayoría de los españoles asiste impávida a la decadencia de un PSOE que ya no es ni la sombra de lo que fue. Como sentencia Guerra: “Esto no puede seguir así”. La pregunta es: ¿quién tendrá valor para pararlo?








