El Síndrome del Felón: Cuando la Corte del Gobierno se viste de Casaca y Garnacha

Abr 25, 2026

Sucesos España - Portada 5 OPINIÓN 5 El Síndrome del Felón: Cuando la Corte del Gobierno se viste de Casaca y Garnacha

«De Waterloo a Caracas, pasando por Moncloa: el arte de traicionar  todos los principios por no soltar el trono»

«El poder corrompe, pero el poder sin dignidad directamente prostituye. Y en esta Moncloa no queda ni un solo cliente fiel, solo un rey que vende su propio reino a plazos.»

Buscar en la hemeroteca de la historia de España paralelismos para un político actual es un ejercicio tan arriesgado como recurrente. Pero en el caso de Pedro Sánchez, la tentación es tan poderosa como su instinto de supervivencia. Y el espejo en el que algunos nos obligan a mirar no es otro que el de Fernando VII, ese monumento a la felonía que aún hoy, dos siglos después, hace que a los escolares se les erice el vello. El “Rey Felón” vuelve a pasearse por La Moncloa, eso sí, con chaqueta de diseño, abrazandose a la izquierda más rancia, y rodeado de una corte de fieles cuyo único mérito es haber firmado su ficha de afiliación en el momento exacto.

Porque si algo define a Pedro Sánchez no es su ideología —cambiante, líquida, casi un espejismo— sino su capacidad para aferrarse al trono con uñas y mentiras, incluso si eso implica dinamitar los pocos cimientos éticos que le quedaban a la política española. Y como buen monarca absoluto de pacotilla, ha perfeccionado el arte de rodearse de una camarilla cuyas traiciones, favores y sobres cotizados son la letra pequeña de este reinado de cenizas.

La Camarilla del Siglo XXI: Koldo, el Valido sin Despacho

Si Fernando VII tenía a su sombra a incondicionales como el clérigo Ugarte o el sanguinario Calomarde, Pedro Sánchez ha encontrado su propio “valido” en la figura de Koldo García, un asesor de bajo rango con un poder descomunal. La UCO no dibuja a un burócrata, sino a un cobrador del frac: un hombre que, según los informes, se paseaba por los ministerios como Pedro por su casa (nunca mejor dicho) colocando mascarillas a precio de oro, llevando maletines y organizando la logística de una trama que algunos ya llaman “el Frankismo 2.0”. 

Lo grotesco no es que exista un corrupto; lo grotesco es que este personaje se convirtiera en el filtro por el que pasaban los negocios del Estado, mientras el presidente, cual rey despistado, dice no haberse enterado de nada. ¿Acaso también dirá que los audios que grabo están “tomados con mala baba”?

El Exilio Dorado de Ábalos: El Príncipe que se Fue con el Botín

Fernando VII traicionó a su propio padre (Carlos IV) y a su propia ideología (el liberalismo) con tal de conservar la silla. José Luis Ábalos, otrora número dos del PSOE, hombre de confianza y ministro de Fomento, ha sido el “Fernando VII el Felón Bis” del sanchismo. Cuando el escándalo Koldo empezó a salpicarle, no dimitió con dignidad: huyó al Grupo Mixto, se atrincheró en un escaño y amenazo con tumbar los presupuestos. Es la esencia del otro felón: antes que la lealtad al proyecto, la supervivencia individual. ¿Y qué hizo Sánchez? Abandonarle a su suerte, claro. Porque en esta corte, la amistad dura lo que dura la utilidad electoral. Como los afrancesados de 1814, Ábalos y Sánchez se han traicionado mutuamente, dejando al descubierto que el único programa político aquí es el “sálvese quien pueda”.

Begoña Gómez: La Reina Eterna en el Palacio de la Zarzuela Progre

Fernando VII institucionalizó el valimiento y el nepotismo elevándolo a categoría de arte. Su esposa, María Cristina de Borbón, era sospechosa de intervenir en la concesión de gracias y negocios. Hoy, la figura de Begoña Gómez, esposa del presidente, es un clamoroso calco actualizado. La Universidad Complutense, el asesoramiento al empresario Juan Carlos Barrabés, la reunión con Air Europa mientras se rescataba a la aerolínea… No se trata de perseguir a una mujer por ser la pareja del presidente, sino de señalar la obscenidad de usar el apellido Sánchez como pasaporte para audiencias, contratos y prebendas. Mientras la izquierda patriota se rasga las vestiduras por los aforados, resulta que en La Moncloa funciona el aforamiento sentimental: “Si eres de la familia, no pagas impuestos (ni das explicaciones)”. Si eso no es una corte absolutista camuflada de socialdemocracia, que baje Dios y lo vea.

El Hermano y los Amigos: La Venta de Cargos Públicos al Mejor Postor

¿Qué decíamos de la venta de sentencias judiciales y favores reales? David Sánchez, hermano del presidente, consiguió una plaza de alto cargo en la Diputación de Badajoz sin cumplir los requisitos, cobrando un sueldo suculento mientras “trabajaba” desde su casa. Y es que el felonismo no entiende de sutilezas: es un compadreo descarado, una red clientelar que recuerda a aquellos ministros absolutos que vendían las togas a quien más pagara. Ahora no se venden togas, se venden plazas en organismos públicos para “expertos en cultura” que no dan señales de vida más allá de la nómina.

Zapatero, el «Virrey de Caracas»: El Abuelo Felón que Bendijo la Dictadura

Pero antes de que Sánchez aprendiera el oficio de la traición institucional, ya hubo un maestro de ceremonias: José Luis Rodríguez Zapatero, el ex presidente que se ha convertido en el «emérito honorífico» de la tropa felona. Mientras Fernando VII pedía ayuda a los absolutistas europeos para mantener su trono, Zapatero ha ejercido durante años de «Virrey de Caracas», ese personaje que viaja a Venezuela para arrodillarse ante Nicolás Maduro mientras en España los opositores al chavismo son torturados en los calabozos del SEBIN.

Porque no nos engañemos: la relación del PSOE con la dictadura venezolana no empezó con las filtraciones de los audios de Diosdado Cabello. Empezó con Zapatero, que convirtió el «socialismo del siglo XXI» en una suerte de turismo de la ignominia. Mientras Leopoldo López se pudría en una cárcel de Ramo Verde, Zapatero posaba sonriente con Maduro, le daba abrazos cómplices y, según ha trascendido, hizo de «intermediario» para que el chavismo blanqueara su imagen ante la comunidad internacional. ¿El precio? No se sabe bien, pero las hemerotecas hablan de contratos, de petróleo y de una tolerancia sospechosa del Gobierno español hacia el narcoestado venezolano.

Lo más felón de Zapatero no es su defensa del dictador, sino su doble rasero: aquí en España se llena la boca con «memoria histórica» y «derechos humanos», pero cuando se trata de Venezuela, los derechos humanos son «un asunto interno». Zapatero es el abuelo que bendice la labor del nieto Sánchez: «No te preocupes, hijo, yo ya limpié el camino con Maduro, ahora tú sigue negociando con Puigdemont y con los que hacen falta». Si la felonía tuviera un consejo de sabios, Zapatero presidiría la mesa. Porque traicionar los valores socialdemócratas para abrazar a una tiranía de pacotilla no es de ingenuos, es de cínicos profesionales.

Cerdán, el «Canciller del Miedo»: El Nuevo Calomarde que Besa el Anillo de Puigdemont

Pero si hay una figura que encapsula a la perfección el espíritu felón del sanchismo, esa es Santos Cerdán. No es ministro, no es portavoz, ni siquiera es un rostro famoso para la mayoría de los españoles. Y sin embargo, este señor, secretario de Organización del PSOE, ha resultado ser el “Calomarde” de la operación, ese hombre para todo que hace el trabajo sucio que el rey no puede mancharse en hacer. Porque mientras Fernando VII enviaba a su emisario secreto a negociar con los absolutistas europeos, Cerdán ha sido el encargado de retomar los contactos con Carles Puigdemont, el prófugo de la justicia española al que Sánchez llamó “golpista” y “criminal” cuando le convenía electoralmente.

Ahora resulta que el mismo Cerdán que un día fue a Waterloo a hacerse la foto con el huido (esa instantánea para la historia del felonismo patrio) ha vuelto a la carga. Porque la supervivencia de Sánchez en La Moncloa depende de que un señor que vive en Bélgica, con una orden de detención pendiente sobre sus hombros, le conceda el indulto parlamentario cada dos semanas. Y para eso está Cerdán: el perro de presa del PSOE, el hombre que viaja a Waterloo o a Ginebra (con dinero público, que conste) a besar el anillo de Puigdemont, a tragar sapos y a aceptar cada nueva humillación: la ley de amnistía (escrita a medida para que no le pillen a él también), la cesión del 100% del IRPF a Cataluña, el traspaso de Rodalies… Nada es suficiente para el prófugo, y Cerdán asiente con la cabeza mientras el presidente de todos los españoles hace mutis por el foro.

Lo más grotesco no es la negociación en sí, sino la degradación moral que implica. Cerdán, el mismo que pontifica sobre la unidad de España en las reuniones de la ejecutiva federal, se convierte en “el interlocutor” humillado que tiene que llamar a Waterloo cada vez que Junts amenaza con tumbar la estabilidad del Gobierno. Es la quintaesencia del felón moderno: traicionar a los tuyos (a los constitucionalistas, a los que creen en la igualdad de los españoles) para congraciarse con el enemigo, todo por no convocar elecciones. Si Fernando VII traicionó a los liberales para abrazar a los absolutistas, Pedro Sánchez a traves de Cerdán traiciona al Estado de Derecho para abrazar al que se fugó en un maletero. La historia no lo recordará a Cerdán como un diplomático, sino como el cortesano que puso la silla de su jefe por encima de la dignidad nacional.

El Pacto con Bildu: Abrazar a los Herederos de ETA Mientras Aún Sangran las Heridas

Pero si hay una línea roja que cualquier gobernante con dos dedos de frente no debería cruzar, esa es la de sentarse a negociar con quienes tienen las manos manchadas de sangre. Fernando VII traicionó a los liberales, pero al menos no hizo ministro a un verdugo. Pedro Sánchez, en cambio, ha normalizado lo innombrable: gobernar con Bildu, la marca política que no es sino el brazo institucional de la izquierda abertzale, el mismo universo que durante décadas puso bombas en hipermercados, mató a concejales del PP y del PSOE, asesinó a jueces, empresarios, guardias civiles y niños.

Porque hablemos claro: Bildu no es un partido como los demás. Sus líderes han sido condenados por pertenencia a ETA, sus filas están llenas de gente que no ha condenado el terrorismo (o lo ha hecho con la boca pequeña, después de que les fuera útil durante 40 años), y sus antecesores ideológicos dejaron un reguero de 853 asesinatos. ¿Y qué ha hecho Sánchez? Ha convertido a Bildu en socio preferente. Les ha dado alcaldías, diputaciones, un asiento en la mesa de negociación de los Presupuestos Generales del Estado, y ha callado cuando ellos han homenajeado a etarras en los plenos municipales, han colocado lazos en honor a terroristas o han llamado «presos políticos» a los asesinos que aún cumplen condena.

Lo más felón de todo no es el pacto en sí, sino la hipocresía con la que se vende. Porque Sánchez fue el mismo que en 2018 decía que «con Bildu no se puede pactar porque no han condenado el terrorismo». El mismo que, cuando le interesaba, se llenaba la boca con «memoria y dignidad para las víctimas». Ahora, con tal de sacar adelante los Presupuestos, con tal de que la legislatura no se rompa, con tal de seguir en La Moncloa, ha besado el anillo de los herederos de los que mataron a Miguel Ángel Blanco, a Gregorio Ordóñez, a Fernando Buesa, a Juan José Martínez, a tantos otros.

Cada voto de Bildu que sostiene a Sánchez en el Congreso es un insulto a las víctimas. Cada escaño que ocupan con la aquiescencia del PSOE es una burla al dolor de los familiares que aún buscan los cuerpos de sus seres queridos. Y el presidente, erguido en la tribuna, habla de «convivencia» mientras aprieta la mano a quienes nunca pidieron perdón. Si eso no es felonía en estado puro, que venga la Asociación de Víctimas del Terrorismo y me lo explique con la garganta rota de tanto llorar.

Quebrar la Hacienda para Salvar la Silla: El Indulto a uno Mismo

Fernando VII dejó las arcas hundidas, con una deuda astronómica y una administración fantasma. Pedro Sánchez, para sobrevivir en la silla, ha hipotecado el futuro de los jóvenes con una deuda que roza el 110% del PIB, ha indultado a los golpistas para comprar la paz de unos pocos diputados independentistas y ha perdonado 15.000 millones de euros a los bancos. Todo con tal de no convocar elecciones. ¿El resultado? Una Hacienda Pública que se tambalea, un déficit fiscal encubierto, y un presidente que cambia de socio según le conviene: hoy Junts, mañana Bildu, pasado mañana el mismo que le llamaba “felón” ayer. Si eso no es quebrar la nación para salvar la poltrona, que venga el conde de Aranda y me lo explique.

Pedro Sánchez no es un Rey, pero es un Felón

Pedro Sánchez no es un Rey: Fernando VII era rey por sangre, mientras que él es presidente por una moción de censura. Pero en lo esencial, la caricatura calza perfecta: una corte de aduladores (Koldo, Ábalos, su hermano), venta de influencias (Begoña), un emisario humillado que negocia con el prófugo y con los etarras (Cerdán, el «caganet» interlocutor), un padrino que bendice dictaduras (Zapatero), un pacto con quienes aún no han pedido perdón por 853 asesinatos (Bildu), traiciones sistemáticas (aliarse con golpistas, con fugados de la justicia y con herederos del terrorismo) y una obsesión enfermiza por aferrarse al poder a costa de arruinar las instituciones y pisar la memoria de las víctimas.

La única diferencia histórica es que Fernando VII acabó devolviendo la Inquisición y muriendo de gota. Sánchez, por ahora, tiene la amnistía, a Cerdán haciendo el ridículo en Waterloo en las reuniones con Puigdemont, a Zapatero de emérito del chavismo, a Bildu de socio preferente, y la sonrisa de un interlocutor que, cada vez que ve la sombra de un juez o el recuerdo de un asesinado, grita «¡Golpista!» o «¡Caranvola!» para no ver su propio reflejo en el trono de terciopelo rojo que tanto despreciaba y al que tanto se parece. Que la historia lea este artículo dentro de cien años y decida si el apodo «El Felón» se lo merece uno o si, más bien, estamos ante una dinastía entera. Y como colofón, un proverbio extra para el camino, dedicado a las víctimas de ETA y a los que aún hoy callan por dignidad:

«Si la vergüenza vendiera entradas, la Moncloa llevaría meses con el cartel de «no hay billetes». Pero como la dignidad es gratis, aquí seguimos, viendo cómo el Rey Felón del siglo XXI se empeña en superar al original, pactando con los mismos que sembraron España de cruces.»

 

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