Sánchez logra lo que Puigdemont solo soñó

Abr 22, 2026

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Sánchez independiza’ Cataluña por decreto y promete hacer de ella un «país mejor» (sin cambiar la Constitución, claro)

En un movimiento que ni el más osado de los independentistas habría imaginado en sus mejores noches de verbena, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha conseguido lo imposible: separar a Cataluña de España sin pasar por el Congreso, sin referéndum, sin mayoría y, por supuesto, sin tener que modificar ni una coma del artículo 2 de la Constitución. Porque, como todos sabemos, la «indisoluble unidad de la Nación española» es solo un sugerente eslogan que admite pequeños matices semánticos, como cuando uno dice «indisoluble» pero en realidad quiere decir «perfectamente separable si queda bien en la foto con los independentistas».

El propio Sánchez, en un acto de claridad pasmosa (y de una humildad que le caracteriza), anunció en la sesión de control al Ejecutivo de este miércoles en el Congreso que este gobierno va a hacer de Cataluña y España «países mejores». No «comunidad autónoma mejor», no «región con más competencias». No. País. Palabra gruesa, palabra con aduanas, selección de fútbol propia y derecho a pedir préstamos al FMI. Pero

tranquilos, que el presidente lo ha dicho con su mejor sonrisa de saldo en El Corte Inglés, así que todo debe de estar bajo control.

La noticia ha caído como un jarro de agua caliente en el Ministerio de Justicia, cuyos funcionarios llevan desde primera hora de la mañana intentando encajar el artículo 2 de la Carta Magna con la nueva realidad geopolítica. «No pasa nada —se han apresurado a explicar fuentes de La Moncloa—, el artículo 2 también dice que se reconoce el derecho a la autonomía. Y la autonomía, si nos apuramos, puede significar ser un país independiente, ¿no? Son matices. Como llamar presidente al jefe del Ejecutivo o papas fritas a las patatas».

Y mientras el personal se rasga las vestiduras, el PSOE ya prepara el terreno para lo que viene. Porque si Sánchez va a hacer de Cataluña un país mejor, lo lógico es que autorice de inmediato consulta de independencia. ¿O acaso se puede ser un país sin derecho a decidir si quieres serlo? Sería como ser vegetariano y comerse una hamburguesa. No tendría sentido. Así que ya pueden ir preparando las urnas, los lazos amarillos y los contenciosos en el Tribunal Constitucional, que este señor no ha venido a gobernar, ha venido a reescribir la geografía española con rotulador de pizarra blanca.

Lo más fascinante del caso es que Sánchez no ha convocado rueda de prensa, no ha comparecido en el Senado, no ha presentado un proyecto de ley. Simplemente lo ha soltado en la sesión de control, como quien dice que hoy le apetece lentejas. Y con esa declaración, sin más trámites, ha vulnerado la Constitución, ha dinamitado la igualdad entre españoles y ha convertido a España en un país donde las autonomías pueden ser países, pero el conjunto no sabe muy bien qué es. ¿Una confederación? ¿Un recuerdo? ¿Un mal sueño de Feijóo?

Mientras, ERC y Junts ya piensan exigir los plazos: «Si es para hacer un país mejor, que sea antes de que acabe el mes, que tenemos elecciones».

Y en medio de este sainete constitucional, el ciudadano de a pie se pregunta: ¿esto es un bulo, una broma, una cortina de humo o es que, efectivamente, hemos entrado en una realidad paralela donde el presidente puede cambiar el mapa de España mientras se toma un café con leche? La respuesta, como siempre en estos casos, es que da igual. Porque lo importante no es lo que diga la Constitución, sino la relatividad política del momento. Y en este momento, señores, España ya no es indisoluble. Es, simplemente, mejorable. Y para mejorarla, nada como partirla en pedacitos. Al fin y al cabo, ¿quién necesita un país cuando puedes tener varios?

NOTA FINAL: Este artículo es una sátira. Pedro Sánchez declaró literalmente: «Este gobierno va hacer a Cataluña y España países mejores». En ningún momento propuso la independencia de Cataluña ni violar la Constitución. Cualquier parecido con una noticia real es pura coincidencia y mala fe del que la comparta sin esta advertencia.

 

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