El PSOE, centro de investigación puntero en amnesia selectiva
Dicen que el Alzheimer es una enfermedad cruel, impredecible y sin cura. Menos mal que el PSOE ha demostrado lo contrario. Porque allí han conseguido lo que la comunidad científica lleva siglos buscando: una pérdida de memoria que ataca solo cuando declara un imputado, que desaparece mágicamente si hay una cámara de televisión cerca y que nunca, nunca, afecta a la hora de cobrar. Todo un avance médico. Lástima que solo funcione en sus sedes y en los juzgados.
Begoña Gómez: la mujer que necesita un periódico para recordar lo que ella misma firmó
El último espécimen clínico lo tenemos en Begoña Gómez, esposa del presidente. Comparece ante la Fiscalía Europea y suelta la perla: “No recordaba las cartas a favor de Barrabés hasta que las vi en la prensa”. O sea, que los documentos públicos, los expedientes oficiales y su propia firma no fueron suficientes para activar la memoria. Pero un titular en El País, sí. Increíble. La mujer necesita que un periodista le haga de hipocampo. Y encima lo cuenta con la naturalidad de quien dice “olvidé comprar leche”. No, señora: olvidó meter la mano en la caja de los millones. Qué despiste.
“Relación profesional”: la coartada más vieja del manual del poder
Luego remata: su vínculo con Barrabés era “únicamente profesional”. Claro. Como profesional es un contable que se sabe de memoria las facturas. Pero aquí resulta que la profesionalidad consiste en firmar cartas de apoyo que allanan el camino a contratos millonarios con dinero público… y luego no acordarse de nada. ¿En qué profesión se trabaja así? ¿En la de espía con amnesia inducida? Porque en la mía, si olvidas lo que firmas, te despiden. En la suya, te dan un despacho en Moncloa.
El patrón inmundo del “no recuerdo” político
No estamos ante un lapsus. Estamos ante un método. El mismo que usan todos cuando el foco aprieta: el triunvirato de la impunidad – “no recuerdo”, “fue un error administrativo”, “no hubo intención” –. Y la prensa dócil lo reproduce como si fuese una explicación. Pero esto no es olvido, es cinismo en estado puro. Porque nadie, absolutamente nadie, se olvida de una carta que puede mover millones de euros. A no ser que mienta. Y punto.
Contratos millonarios con papeles que aparecen solos (y memorias que desaparecen solas)
Aquí el meollo no es si Barrabés era amigo o profesional. Es que hay documentos firmados, hay adjudicaciones amañadas —perdón, mediadas— y hay dinero público volando hacia manos privadas con un sospechoso sentido de la orientación. Y cuando la Fiscalía Europea pregunta, la respuesta es un “no caí”. Que no cae una carta, que no cae un contrato, que no cae la memoria. Lo único que cae es la cara de vergüenza a quienes pagamos impuestos.
La Fiscalía Europea: otro pozo sin fondo en el tiempo
Y mientras, la investigación seguirá su curso: papeles que se acumulan, plazos que se vencen, jueces que se jubilan y al final, como siempre, un archivo por “falta de pruebas” o “prescripción”. Porque el sistema está diseñado para que los poderosos tengan muy mala memoria y los jueces muy buena vista para no ver. El resultado: cero responsabilidades, cero dimisiones, cero devolución de un solo euro. Y al día siguiente, todos tan campantes.
Ni olvido, ni despiste: es desprecio a la ciudadanía
Lo más insultante no es que mientan. Lo más insultante es que crean que nos la creemos. Que piensen que los españoles tragamos con el “no recuerdo” mientras nuestros hijos no tienen plaza en el colegio y nuestras facturas de la luz suben. Porque ellos se olvidan de los millones; nosotros no podemos olvidarnos de llegar a fin de mes. Esa es la verdadera diferencia de clase en este país: ellos tienen derecho a la amnesia; nosotros, la obligación de pagar.
La pregunta que ningún periodista hace (porque le invitan a las ruedas de prensa)
¿Por qué nadie le pregunta directamente: “Señora Gómez, si su memoria es tan frágil, ¿cómo es que no olvidó firmar? ¿Cómo es que no olvidó cobrar? ¿Cómo es que no olvidó beneficiarse?” El silencio cómplice de los medios es la segunda pata de esta silla coja. Porque si de verdad hubiera memoria colectiva, este caso ya habría tumbado media docena de responsabilidades políticas. Pero vivimos en el país del “y tú más”, el “no pasa nada” y el “déjalo, que ya se enfriará”.
La máxima del poder: el que roba, olvida; el que paga, recuerda
Y mientras tanto, seguimos esperando el milagro que nunca llega: que alguien del círculo de Sánchez, en lugar de escudarse en la amnesia, se levante un día, mire a la cámara y diga la verdad. Una sola vez. Pero eso no va a suceder. Porque en este país, cuando eres del PSOE, la memoria no es un deber, es un lujo que te puedes permitir perder. Y la dignidad, también.
“En España, los ciudadanos tenemos memoria de elefante para pagar impuestos, y los políticos memoria de pez para rendir cuentas. El último caso de Alzheimer en el PSOE no es una enfermedad: es una coartada con vencimiento a cinco años.”








