La defensa creativa: cuando los abogados confunden los juzgados con una convención de cómics
En el esperpéntico culebrón del caso Koldo, hemos pasado por todas las fases: la negación, la ira, la búsqueda de los sobres de billetes con olor a chistorras, y ahora… la fase del humor patrio de Bruguera. La defensora del polémico asesor ha soltado en sede judicial una perla que dejaría temblando a Francisco Ibáñez (descanse en paz, maestro). «Mi cliente no es un criminal, es un Mortadelo», ha venido a decir la letrada. O sea, que Koldo no conspiraba para tejer una trama de corrupción, sino que simplemente iba disfrazado de asesor de mascarillas. resbalándose sobre una cáscara de plátano.
El pobre incauto y el malvado Filemón: el manual del buen samaritano corrupto
Según su estrategia legal, Koldo era ese pobre incauto con bigotito al que Aldama —en este símil, el más inteligente y responsable de la pareja o quizás el mismísimo Filemón— le vendió la moto. «Aldama le captó para su organización criminal», clama la defensa. Claro, como si Aldama fuera ese que construye una máquina de copiar billetes pero solo le salen chistorras. Pobre Koldo, víctima del acoso del súper-lópez de los sobres, con una fragilidad emocional equiparable a la de Rompetechos cuando pierde las gafas. Porque todos sabemos que en el mundo real, los inocentes reciben mordidas de 300.000 euros por accidente.
El cuartel general de la T.I.A. (Trama Inmoral de Ábalos): cuando el Súper mira para otro lado
Pero, seamos serios (o no). Si Koldo es Mortadelo, solo faltaba que su jefe directo fuera Ábalos interpretando al Súper chillón y con megáfono: «¡KOLDÓOOOÓOOO! ¡ME HAS ENGAÑADO! ¡Y ENCIMA ENCHUFABAS A MIS AMANTES!». Porque en el cuartel general de la T.I.A., el jefe nunca se mancha las manos. El Súper se queda en su butaca viendo el mapa con chinchetas mientras el pobre agente va a la trinchera del sobre. Y cuando todo explota, el Súper Ábalos mira al cielo y clama: «¡Pero si yo solo le di un puesto de confianza y carta blanca para las mordidas!». ¿Coincidencias? No, plagio.
El Doctor Bacterio de La Moncloa: experimentos que salen mal (y huelen a azufre)
Y rematando el casting, solo faltaba que el Doctor Bacterio —el típico sabio loco que inventa pócimas que salen mal— fuera el actual ocupante de La Moncloa, Pedro Sánchez. Porque si seguimos el chiste, el Doctor Bacterio de la vida real es ese que saca una ley transitoria de un tubo de ensayo, afirma que es indisoluble, y a los dos minutos explota dejando el laboratorio (léase: España) teñido de verde y con olor a azufre. Bacterio sonríe nervioso, dice que no sabía nada de la mermelada radioactiva y luego culpa a Mortadelo (Koldo) por haberle presentado a Filemón (Aldama). Eso sí, mientras promete que el experimento número 78 —la ley de amnistía definitiva— esta vez sí funcionará.
Función continua y taquilla compartida: el público paga, el esperpento se representa
El país es ahora un cómic de Bruguera. Tenemos a un Mortadelo con el disfraz de presidiario, a un Filemón cantando la traviata en la sede judicial, al Súper diciendo que es inocente y que él solo estaba «enamorado», y un Bacterio gobernando entre globos de diálogo que dicen «irreversible» y «bisnes». Lo peor de todo es que si Koldo es Mortadelo, está más cerca de la cárcel que del éxito. Porque, seamos sinceros: Mortadelo siempre terminaba en el calabozo de turno o encerrado en alguna broma de su compañero. Y el chiste, por suerte o por desgracia, es que estamos pagando la entrada todos los españoles para ver la función. ¡Olé, y que pase el siguiente!








