El espectáculo continúa: Bienvenidos al circo de Koldo en el Supremo

May 1, 2026

Sucesos España - Portada 5 SUCESOS 5 El espectáculo continúa: Bienvenidos al circo de Koldo en el Supremo

La sala de vistas del Supremo en un culebrón de sobremesa.

Hay quienes creen que el Tribunal Supremo es la última trinchera de la seriedad institucional. Y luego están los que llevan toda la mañana viendo cómo Koldo García, exasesor socialista y otrora hombre de confianza de José Luis Ábalos, convierte la sala de vistas en un culebrón de sobremesa. Porque si algo ha quedado claro en este juicio del llamado «caso Mascarillas» es que, cuando la realidad supera la ficción, lo mejor es echarse a reír para no llorar. O, mejor aún, echarse a callar, que es la estrategia que parece haber elegido el acusado.

Koldo y el fiscal: un duelo de egos con el silencio como telón de fondo

A lo largo de la mañana, Koldo García ha tenido varios encontronazos con el fiscal. El acusado, con una flema que quisiera para sí un actor de cine, denunciaba que no se le dejaba hablar. ¡Pobre Koldo! Él, que durante años supo perfectamente pronunciar las palabras mágicas («soborno», «mordida», «comisión») ante ministros y empresarios, de repente se siente acallado por un representante de la ley. Lo que no nos ha quedado claro es si el fiscal no le dejaba hablar porque Koldo iba a decir algo interesante o porque justo entonces recordó que tenía derecho a no inculparse. Misterios de la toga.

Cuando terminó el interrogatorio de la Fiscalía, todos esperaban el turno de las acusaciones populares. Pero hete aquí que Leticia de la Hoz, abogada de Koldo, soltó la bomba: su cliente se acogería a su derecho a no declarar. Y no conforme con eso, cuando llegó el turno del abogado de Víctor de Aldama, la situación se repitió. Porque en esto de la justicia, como en el póker, a veces la mejor jugada es no jugar. Eso sí, luego no os quejéis si la opinión pública piensa que aquí hay más sombras que en una cueva.

«Es medio lelo»: la excusa que ofende a los lelos de verdad

El juez Andrés Martínez, que debía de estar pidiendo una buena siesta mental, le recordó a Leticia de la Hoz que «el que tiene que expresarlo es él», refiriéndose a Koldo. Y entonces la letrada soltó la perla de la mañana: «Es que creo que no sabe expresarse». O lo que es lo mismo: el exasesor ministerial, que negociaba contratos millonarios con una mano en el bolsillo y otra en el maletín, ahora es un pobre hombre incapaz de hilvanar dos frases sin que se le escape un balbuceo.

Vamos a ver, señora abogada: ¿de verdad quiere que nos creamos que su cliente, el mismo que se codeaba con altos cargos del PSOE y cerraba presuntos chanchullos en merenderos de lujo, es «medio lelo»? Porque ser lelo es una cosa, y otra muy distinta es hacerse el lelo para no declarar. Si realmente fuese tan inexpresivo como dice, no habría durado ni cinco minutos en un ministerio. Pero duró, y mucho. Y mientras duró, vaya si se le entendía.

Koldo habla para callarse: un ejercicio de cinismo olímpico

Finalmente, fue el propio Koldo quien, con una claridad meridiana, aseguró al juez que no iba a responder a las preguntas del abogado de Víctor de Aldama. ¿Ven? Sabía expresarse cuando tocaba. No hubo ni un titubeo, ni un «este…», ni un «bueno…». Directo, claro, conciso: «no contesto». Un derroche de oratoria negativa que debería ser estudiado en las facultades de Derecho como «el arte de hablar para quedar mudo».

Y uno se pregunta: ¿dónde estaba esa incapacidad para expresarse cuando había que pedir favores a altos cargos? ¿Dónde estaba el «medio lelo» cuando tocaba repartir comisiones en sobres, cenas con empresarios y pagar las meretrices de su jefe Ábalos? Pues no estaba, claro. En aquellos momentos, Koldo García era un torbellino de labia, un vendaval de argumentos, un auténtico glotón de la época más casposa: se ponía como el Kiko de tanta chistorra, que diría el refrán popular castizo. Porque sí, amigos, quien engulló chistorras de postín mientras untaba a políticos y cobraba por debajo de la mesa, ahora nos sale con el numerito del pobre hombre al que las palabras se le atragantan. No se puede tener más cara dura, ni más cinismo, ni más desfachatez. Si al menos pidiera perdón, pero ni eso.

La crème de la crème: un sistema que permite este esperpento

Lo peor no es que Koldo García se acoja a su derecho a no declarar. Lo peor es que puede hacerlo, y que mientras tanto los españoles nos quedamos con la miel en los labios. Porque el derecho a no declarar contra uno mismo es sagrado, sí, pero también es legítimo preguntarse: si eres tan inocente, ¿por qué no te explayas? ¿Por qué no cuentas con pelos y señales cómo te ganaste la vida asesorando? ¿Acaso te da vergüenza lo que hiciste? No, lo que te da miedo es que cada palabra que sueltes sea un nudo más en la soga.

Los ciudadanos, mientras tanto, asistimos a este esperpento judicial con una mezcla de hastío y sorna. Pagamos los sueldos de jueces y fiscales para ver cómo un exasesor se niega a hablar mientras su defensa lo califica de «medio lelo». Y todo ello aderezado con la sospecha fundada de que el PSOE, de una u otra manera, aparece en el nombre del caso como un elefante en una cacharrería. Pero no se preocupen, seguro que pronto llegará otro político a decir que esto es «todo mentira» y que «la justicia está politizada». Ciertamente, está politizada: por gente como ellos.

Máxima final para cerrar el esperpento

Quien tan hábil fue para robar con palabras dulces a ministros y empresarios, y se ponía como el Kiko con las chistorras del contribuyente, que no juegue ahora al «soy medio lelo» para no responder. Porque la cara dura no se cura con silencios, sino con vergüenza ajena, y ahí parece que andamos sobrados.

 

Tal vez te gustaría leer esto