LA COMPARECENCIA DE ZAPATERO EN EL SENADO – TEATRO BUFO NACIONAL (O CÓMO NADIE HABLÓ DE LO QUE TENÍA QUE HABLAR)

Mar 2, 2026

Sucesos España - Portada 5 OPINIÓN 5 LA COMPARECENCIA DE ZAPATERO EN EL SENADO – TEATRO BUFO NACIONAL (O CÓMO NADIE HABLÓ DE LO QUE TENÍA QUE HABLAR)

Fecha: 2 de marzo de 2026
Lugar: Senado de España (antigua cámara territorial, hoy escenario de variedades)
Espectáculo: «LA ESPAÑA QUE NOS MERECEMOS: UN VODEVIL DE LA CORRUPCIÓN»
Género: Astracánada política en tres actos

1. PRÓLOGO: EL SENADO, UN PLATÓ DE TELEVISIÓN CON BUTACAS DE PIEL

Lo que ocurrió este lunes en la Cámara Alta no fue una comisión de investigación. Fue un sainete. Un esperpento. Una de esas obras de Valle-Inclán donde los espejos deforman la realidad hasta convertirla en grotesca. Allí estaban todos: la derecha disfrazada de fiscal estrella, la izquierda haciendo de comparsa del mesías, y en el centro, un Zapatero que vino a declarar pero acabó dando un mitin sobre lo bonito que era él cuando gobernaba. El resultado: tres horas de soflamas inconexas, demagogia barata y cero explicaciones. Ni una sola pregunta respondida. Ni una sola comisión aclarada. Puro teatro. Teatro bufo español.

Porque lo grave no es lo que dijeron. Lo grave es que nadie habló de lo que tenía que hablar. La comisión era para investigar el caso Koldo, los rescates de Plus Ultra y las presuntas comisiones ilegales en Venezuela. Pues bien: de eso, ni una palabra. En su lugar, asistimos a tres monólogos independientes, tres números de variedades donde cada cual soltó su discursito prefabricado y se fue tan pancho. Una tomadura de pelo con escaños

2. PRIMER ACTO: LA DERECHA Y SU SOFLAMA VENEZOLANA (O CÓMO CONFUNDIR UNA COMISIÓN CON UN MITÍN DEL PP)

Empezó la derecha. Y empezó mal. Muy mal. Los senadores del Partido Popular, en lugar de preguntar, soltó cada uno su soflama particular, como si estuvieran en un mitin de campaña en la Plaza de Colón.

  • La soflama de la «dictadura chavista»: El primer interviniente, en lugar de preguntar por las comisiones, se lanzó a un discurso encendido sobre lo malo que es Maduro, lo peligrosa que es Venezuela y lo mucho que le gusta a Zapatero fotografiarse con dictadores. ¿Y esto qué tiene que ver con el caso Koldo? Nada. Absolutamente nada. Pero da igual. El objetivo no era investigar, era sacar el titular de la tarde: «Zapatero, amigo de dictadores». Misión cumplida.
  • La soflama de «los 450.000 euros»: Otro senador, con cara de haber encontrado el arca perdida, sacó a relucir el informe de la UDEF. Habló de «Análisis Relevante», de las hijas de Zapatero, de los pagos de «Julito». Pero cuando llegó el momento de preguntar, se enredó en un discurso de veinte minutos donde lo único claro era que él quería salir en los telediarios. ¿Pruebas? No, de eso nada. Palabras. Muchas palabras. Y al final, una pregunta retórica que Zapatero esquivó como si fuera un defensa del Barça.
  • La soflama del «lawfare inverso»: El broche de oro lo puso una senadora que, sin venir a cuento, empezó a hablar de la «dictadura progre» y de cómo «la izquierda protege a los suyos». Otro discurso. Otra soflama. Otra intervención que no tenía absolutamente nada que ver con el objeto de la comisión.

La derecha, en resumen, vino a hacer campaña. No a preguntar. Vino a gritar, no a investigar. Vino a señalar, no a aclarar. Y se marcharon tan contentos, pensando que habían hecho su trabajo. Mentira. Lo único que hicieron fue contribuir al circo.

3. SEGUNDO ACTO: LA IZQUIERDA Y SU SOFLAMA AZNAR-EPSTEIN (O CÓMO DESVIAR EL FOCO CON UN CADÁVER)

Si la derecha dio pena, la izquierda dio auténtica vergüenza ajena. Porque si alguien tenía que preguntar de verdad, esos eran los socialistas. Pero no. Ellos también vinieron con el discursito aprendido.

  • La soflama del «y tú más»: Apenas empezó el turno de la izquierda, un diputado socialista pidió la palabra para algo que nada tenía que ver. «Queremos que comparezca Aznar por Epstein», soltó. Y acto seguido, una retahíla de veinte minutos sobre las relaciones del expresidente del PP con el pedófilo estadounidense. ¿Y esto qué pintaba en una comisión sobre el caso Koldo? Nada. Pero era la estrategia: si nos atacan, contestamos. Da igual que el muerto sea otro. Lo importante es no hablar de lo nuestro.
  • La soflama de la «cacería»: Otro diputado, con más moral que el Alcoyano, se lanzó a defender a Zapatero como si fuera su padre. «Es un hombre honrado», repetía. «Es víctima del fango», insistía. Pero cuando llegó el momento de preguntar por las comisiones, de repente se quedó mudo. Porque preguntar de verdad habría sido incómodo. Mejor desviar, mejor hablar de Aznar, mejor hacer como que esto es un mitin de partido.
  • La soflama del «sentido de Estado»: El colmo llegó cuando una diputada, con voz temblorosa, empezó a hablar de lo mucho que Zapatero había hecho por la paz, por la Alianza de Civilizaciones y por la memoria histórica. ¿Y el caso Koldo? ¿Y las comisiones? ¿Y Plus Ultra? Nada. Silencio. Porque aquí lo importante era darle la réplica al PP, no aclarar nada.

La izquierda, en resumen, no vino a fiscalizar. Vino a proteger. No vino a preguntar, vino a desviar. Y en ese desvío, lo único que consiguieron fue convertir el Senado en una trinchera más de la guerra política

4. TERCER ACTO: ZAPATERO Y SU SOFLAMA AUTOBIOGRÁFICA (O CÓMO DAR UN MITIN DE DOS HORAS SIN DECIR NADA)

Y entonces llegó el protagonista. El hombre dolorido. El mártir. El redentor. José Luis Rodríguez Zapatero, que entró en la sala con paso lento, mirada al infinito y gesto de «a mí no me tose ni Dios». Y cuando abrió la boca, se destapó el pastel.

  • La soflama del legado: Zapatero no vino a dar explicaciones. Vino a leer sus memorias. Empezó hablando de la retirada de Irak, siguió con la Alianza de Civilizaciones, continuó con la Ley de Dependencia y acabó con lo mucho que le quiere la izquierda internacional. Todo esto, mientras le preguntaban por comisiones. ¿Y las comisiones? «Eso son patrañas», decía, y acto seguido volvía a hablar de lo bien que lo hizo en 2004. Un mitin. Un mitin de dos horas en el Senado. Pagado con nuestros impuestos.
  • La soflama del «hombre dolorido»: Cuando le apretaban un poco, cuando le mencionaban lo de sus hijas o lo de «Análisis Relevante», Zapatero ponía cara de mártir y soltaba su discursito favorito: «Esto es judicializar la política». O sea, que investigar a un expresidente es malo. Que preguntar es perseguir. Que dudar es difamar. Y él, tan dolido, tan digno, tan superior. Mientras, sus abogados tomaban nota de todo por si había que recurrir.
  • La soflama de Aznar (otra vez): Y para rematar, el hombre dolido también quiso sacar su propia soflama. «Yo sí defendí a Aznar», dijo. «Yo sí tuve sentido de Estado». Y acto seguido, un discurso sobre lo mal que se porta el PP con él. Otra soflama. Otro desvarío. Otra intervención que no tenía nada que ver con la comisión.

Zapatero, en resumen, vino a darse un baño de masas. Vino a que le aplaudieran los suyos. Vino a decir que es honrado, que es bueno, que es un estadista. Pero no vino a aclarar nada. Porque no tenía nada que aclarar. O sí, pero no quiso.

5. EPÍLOGO: TEATRO BUFO ESPAÑOL (O CÓMO NOS TOMAN EL PELO EN NUESTRAS PROPIAS NARICES)

Lo de este lunes no fue una comisión de investigación. Fue un vodevil. Un sainete. Un esperpento. Un «teatro bufo español» de tres al cuarto donde cada cual soltó su soflama, su discursito, su mitin particular, y todos se fueron tan contentos pensando que habían hecho su trabajo.

  • La derecha soltó su soflama contra Venezuela. Nada que ver con la comisión.
  • La izquierda soltó su soflama contra Aznar y Epstein. Nada que ver con la comisión.
  • Zapatero soltó su soflama autobiográfica. Nada que ver con la comisión.

¿Y el caso Koldo? ¿Y las comisiones ilegales? ¿Y Plus Ultra? ¿Y los 53 millones de rescate? ¿Y los 450.000 euros de «Julito»? ¿Y las hijas de Zapatero? ¿Y «Análisis Relevante»? De todo eso, ni una palabra. O sí, se mencionó, pero siempre de refilón, siempre de pasada, siempre ahogado entre soflamas y discursitos.

Al final, lo único que quedó claro es que el Senado no sirve para investigar. Sirve para hacer campaña. Sirve para que los políticos se den sus mitines particulares. Sirve para que la derecha grite, la izquierda aplauda y el centro (si es que existe) se tape la cara de vergüenza.

Y mientras, los españoles, viendo el circo por televisión, pagando con sus impuestos este esperpento, preguntándose: ¿para esto sirve el Senado? ¿Para esto elegimos a estos señores? ¿Para esto paga a sus señorías?

La respuesta es sí. Para esto. Para que nos tomen el pelo. Para que nos vendan humo. Para que, en lugar de aclarar nada, cada cual suelte su soflama y se vaya tan contento.

Teatro bufo español. En estado puro. Y nosotros, los españoles, haciendo de público en un circo que no hemos pedido, pagando la entrada de un espectáculo que no nos gusta, y asistiendo, impotentes, a la mayor tomadura de pelo de la democracia.

Vergüenza. Vergüenza debería darles. A todos. Sin excepción.

Nota del redactor: Se solicita encarecidamente que, en futuras comisiones, los señores senadores hablen de lo que tienen que hablar. Si no, que monten el circo en la calle, que al menos no pagamos la luz.

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