Los chats que convierten la Moncloa en un tablero de influencias
La publicación de los mensajes del teléfono de Koldo García, exasesor de José Luis Ábalos, ha dinamitado cualquier atisbo de credibilidad del relato de «limpieza» del Gobierno. Las conversaciones, recopiladas por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil y desveladas por ‘El Español’, sitúan a Pedro Sánchez y a su esposa, Begoña Gómez, en el epicentro de una trama de influencias que involucra a la Organización Mundial del Turismo (OMT), al Gobierno de la República Dominicana y a la aerolínea Air Europa, rescatada con 475 millones de euros públicos .
El tiempo, ese recurso que el presidente lleva años administrando con sobrevivencia política, podría haberse agotado. Ya no se trata de sombras o de sospechas de la oposición; se trata de pruebas documentales en un móvil incautado. Los mensajes de Koldo García, lejos de ser conversaciones menores, revelan la existencia de una «red de influencias gestada desde La Moncloa», en palabras del Partido Popular, donde el jefe del Ejecutivo y su mujer habrían actuado como «conseguidores» de primer nivel .
«Dios», «el jefe» y la primera dama: Los hilos de la marioneta
El lenguaje críptico utilizado en los chats no ha podido ocultar la realidad. Cuando Víctor de Aldama, considerado por la UCO como el «nexo corruptor» de la trama, escribe a Koldo, no se anda con rodeos. Un mensaje fechado el 5 de abril de 2021 es una losa: «Enséñalo al jefe y si quiere se lo envío y que me conteste acaba de contestar Begoña y el presidente a Zurab» . La referencia es diáfana: Zurab Pololikashvili, entonces secretario general de la OMT, interlocuta directamente con los Sánchez.
Los periodistas que han analizado las conversaciones son concluyentes: las menciones a «Dios» o «al número 1» se refieren a Pedro Sánchez . Y «Dios» no solo estaba informado; estaba preocupado. Según los mensajes, el presidente mostró un enfado, un «problema de cojones», porque los dueños de Globalia (matriz de Air Europa), los Hidalgo, no estaban cumpliendo con los compromiscos adquiridos . ¿Qué compromisos? ¿Acaso los vinculados a las becas y patrocinios que la filial Wakalua otorgaba al IE Africa Center que dirigía Begoña Gómez? La pregunta sobrevuela cualquier análisis objetivo.
El viaje a Madrid: Una cumbre de intereses particulares
La trama alcanza cotas de descaro mayúsculo cuando se analiza la visita del presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, a España. Aldama, con una agenda propia de un ministro de Exteriores en la sombra, informa a Koldo:
«El presidente de RD vuela esta noche a España, ¿sabías? Verá a la 1 a nuestro. Sería bueno que el jefe lo viera también si puede ser. Irá a ver a Zurab en privado, podría ser en esa reunión. Tú me dices y lo organizo» .
No era un simple intermediario. Aldama coordinaba los encuentros privados entre el presidente dominicano, el secretario de la OMT y el «jefe» español. Todo ello coincidiendo con la cesión gratuita del Palacio de Congresos de Madrid a la OMT por 75 años y con el lanzamiento de becas en República Dominicana a través de la Tourism Online Academy, un proyecto vinculado al IE Africa Center de Gómez y patrocinado por Wakalua . La pregunta es obligada: ¿Qué interés tenía el Gobierno de España en intermediar de manera privada a través de un comisionista imputado para estos fines?
El negocio de la influencia: Del rescate a las becas
Aquí todo conecta. Y conecta con el dinero. El IE Africa Center, dirigido por Begoña Gómez, recibió financiación de Wakalua (filial de Globalia) . Al mismo tiempo, Air Europa (la joya de la corona de Globalia) recibía un rescate millonario del Gobierno exprés, en tiempo récord y siendo la primera operación de estas características . Y en medio de todo, Juan Carlos Barrabés, socio tecnológico recomendado por la propia Begoña Gómez, obtenía contratos públicos por valor de millones de euros . No son casualidades, son causalidades.
La exdirectora de Wakalua, Leticia Lauffer, ya compareció en el Senado intentando desligar su gestión de la política, pero reconoció los encuentros y los patrocinios . Ahora, los mensajes de Koldo demuestran que lo que ella presentó como meros contactos empresariales, era en realidad una ingeniería de influencias orquestada desde el núcleo duro del poder.
El centro de la diana
El PP lo ha resumido con crudeza: «El ‘caso Koldo’ es el ‘caso Sánchez’ y el presidente no tiene escapatoria» . Durante meses, el Gobierno intentó aislar los daños en Ábalos, en Koldo, en un «mal asesor». Los chats demuestran que el perímetro de seguridad era una ficción. Sánchez y su esposa no solo conocían las gestiones; las validaban, participaban en ellas y, según los mensajes, hasta reclamaban el cumplimiento de los compromisos adquiridos por los empresarios.
Mientras el juez Peinado investiga y la UCO recopila pruebas, el relato de Moncloa se desmorona. El tic-tac del reloj ya no es solo el de las urgencias legislativas, sino el de la cuenta atrás para un presidente al que los mensajes de un «presidiario» —como llaman a Koldo— han puesto contra las cuerdas, evidenciando que la Moncloa no fue víctima de una trama, sino que pudo ser su principal nodo de operaciones . La pregunta ya no es si Sánchez sabía, sino hasta dónde llegó su implicación.








