El etarra que ordenó muerte y destrucción durante décadas denuncia como «amenaza» un brazalete de la Guardia Civil en la puerta de su casa. La comedia del verdugo que ansía ser víctima llega a su escena más grotesca en Angelu
La noticia salta desde la localidad vascofrancesa de Angelu: el etarra Josu Urrutikoetxea, más conocido por el nombre de guerra Josu Ternera, denuncia haber recibido un mensaje «amenazante» en la puerta de la vivienda de sus familiares. El objeto del «ultraje» no es ni más ni menos que una pulsera con los colores de la bandera de España y el lema de la Guardia Civil: «El honor es mi divisa» . Asistimos, una vez más, a la impúdica función de un asesino disfrazado de víctima.
Que un pistolero de ETA, un hombre que pertenece al cuerpo de una organización que asesinó a más de 800 personas y sembró de dolor este país, se atreva a ocupar titulares para hablar de amenazas es, cuando menos, un ejercicio de cinismo que roza lo patológico. La vileza de Josu Ternera no conoce límites: el mismo individuo que pasó décadas en la clandestinidad mientras colocaba coches bomba, que negoció desde Loiola mientras la banda seguía matando, pretende ahora dar lecciones de convivencia y seguridad.
El «honor» que ellos nunca tuvieron
El mensaje encontrado es claro: «El honor es mi divisa» . Esa es precisamente la diferencia abismal entre quienes visten un uniforme arriesgando su vida para proteger a los ciudadanos y la ralea de cobardes a la que pertenece Urrutikoetxea. Mientras la Benemérita ha dedicado su historia a luchar contra el terrorismo, a perseguir a asesinos y a consolar a familias destrozadas, Ternera se ha dedicado a huir, a esconderse y a ordenar muertes desde la sombra. ¿Qué sabe él del honor? Él, que huyó cuando los demócratas le pisaban los talones, que abandonó a su propia tropa a medida que caían detenidos, que ha sido juzgado y condenado por pertenencia a banda armada .
No es menor el detalle de dónde aparece el mensaje. No en su propio domicilio (del que, curiosamente, se había mudado en septiembre de 2024 ), sino en la casa de su expareja y su hija. Es la estrategia del mártir: utilizar a los seres queridos para blindarse mediáticamente, para buscar la compasión de una izquierda francesa que aún alberga a estos restos del naufragio totalitario.
El acosador que se disfraza de acosado
Resulta grotesco escuchar a Ternera hablar de «señalamientos» y de temor por su integridad física. Este individuo ha sido localizado durante años con dispositivos GPS en los coches de sus allegados . Pero claro, cuando el acoso lo sufrían las víctimas de ETA, cuando les pintaban pintadas en sus casas o les colocaban pasquines con sus fotos y la palabra «objetivo», a Josu Ternera y los suyos les parecía «acción política». Ahora, un simple brazalete colgado en una aldaba le provoca un ataque de pánico y le lleva corriendo al commissariat de Saint-Jean-de-Luz a poner una main courante .
Merece la pena recordar quién es este «pobre hombre» que hoy se siente amenazado. Es el mismo que siendo parlamentario en Vitoria compaginaba su escaño con la militancia en ETA, utilizando la inmunidad parlamentaria como escudo mientras la banda asesinaba. Es el mismo que participó en las negociaciones de Oslo, dando largas al Estado mientras ETA se rearmaba . Es, sobre todo, el responsable político de atentados tan execrables como el de la Casa Cuartel de Zaragoza, donde una niña de seis años, aún no nacida cuando Ternera disfruta de su «exilio» en Iparralde, fue asesinada por la barbarie.
La justicia francesa, siempre tan comprensiva
Y mientras tanto, el entorno político y judicial francés sigue tratando con guante de seda a este delincuente. Tiene citas pendientes en la Corte de Apelación de París para finales de febrero y para abril, donde se le juzga por su militancia etarra . Pero ahí está, paseando por Anglet, viviendo en libertad condicional desde 2021, gozando de los réditos de una política de «mano tendida» que los terroristas siempre han interpretado como una debilidad.
Que nadie se confunda. Esta denuncia de Ternera no es más que un movimiento táctico para volver a ocupar el centro del tablero, para presentarse como un perseguido político, para lavar su imagen ensangrentada con el chorro de agua de la victimización.
El único mensaje que debería recibir Josu Urrutikoetxea no es una pulsera, sino el de la justicia firme e inapelable. El único lugar al que debería dirigirse no es una comisaría a denunciar, sino el banquillo para responder por todos los crímenes que aún no ha confesado. Mientras las víctimas reales, aquellas que sufrieron la sinrazón de ETA, siguen esperando un perdón sincero que nunca llegará, el miserable de Ternera se ofende porque le recuerdan que, frente a su vileza, existe el honor de quienes le hicieron frente.









