Sánchez atrapado entre el rechazo moral y la estrategia política
La brecha entre la condena verbal y la acción legal se ensancha en el Congreso. Mientras la formación socialista afirma repudiar «absolutamente» cualquier tributo a terroristas, su voto en contra de las iniciativas legales para prohibirlos alimenta la crítica de las víctimas y la oposición, que les acusan de «ambigüedad» por sus pactos con Bildu.
Pero lo que estamos presenciando no es solo una contradicción política, sino una traición ética fundamental a los principios democráticos que dicen defender. El PSOE está jugando con el dolor de las víctimas mientras calcula fríamente sus alianzas parlamentarias.
Esta postura representa el peor tipo de cinismo político:
- Condenan con la boca pequeña cuando hay micrófonos delante, pero con sus votos en el hemiciclo legitiman la pervivencia pública de la cultura que sustentó el terrorismo.
- Esconden detrás de tecnicismos jurídicos lo que es simple y llanamente una falta de voluntad política. Saben perfectamente que podrían promover una legislación más contundente si realmente les importara el asunto.
- Prefieren mantener su acuerdo de gobierno y sus pactos con Bildu antes que defender con coherencia la memoria de quienes fueron asesinados por ETA.
Lo más grave es que el PSOE, que durante años se presentó como el partido de la reconciliación y la defensa de las víctimas del terrorismo, ha terminado por normalizar lo inaceptable. Cada ongi etorri que se permite es una bofetada a las víctimas, y el PSOE, con su pasividad cómplice, se convierte en cómplice de esa humillación.
No se puede ser equidistante entre verdugos y víctimas. No se puede condenar el terrorismo con discursos y luego permitir que se glorifique a los terroristas. Es una cobardía política que mancha la memoria de quienes dieron su vida por la democracia.
El mensaje que envía el PSOE es devastador: los cálculos parlamentarios importan más que la dignidad de las víctimas. Y eso, en un país que sufrió tanto el terrorismo, es simplemente indecente.









