Vergüenza institucional: El Gobierno vasco premia con semilibertad al asesino del niño Fabio Moreno

May 1, 2026

Sucesos España - Portada 5 OPINIÓN 5 Vergüenza institucional: El Gobierno vasco premia con semilibertad al asesino del niño Fabio Moreno

El asco que no podemos soltar

Cada vez que una noticia como esta cruza la línea del horizonte informativo, es necesario apretar los puños bajo la mesa y morderse la lengua para no faltar al respeto a las madres de los que sembrarón el horror. Y también, ay, a las madres de aquellos que, desde la complicidad del despacho institucional, consienten esta ignominia.

El nombre que no debería salir nunca de prisión

La noticia, cruda como un golpe seco, es la siguiente: el Gobierno vasco, bajo la dirección compartida del PSOE y el PNV, ha decidido conceder el tercer grado penitenciario a Juan Carlos Iglesias Chouzas, alias “Gadafi”. Un nombre que debería grabarse en hierro candente en la memoria de cualquier persona decente. No es un delincuente menor ni un arrepentido tardío. Es un asesino múltiple. Acumula más de mil años de condena. Mil años. Una cifra tan absurda como simbólica, porque la justicia humana se queda corta ante lo que hizo.

Fabio Moreno: dos años, una bomba y el olvido de los verdugos

Para que nadie lo olvide: este etarra participó en una veintena de atentados que segaron 15 vidas. Entre ellas, la de Fabio Moreno. Fabio tenía dos años. Dos años, apenas un suspiro. Lo asesinaron en 1991. No comprendía el odio, ni las siglas, ni las reivindicaciones de los que pusieron la bomba. Solo era un niño. Y hoy, ese niño seguiría siendo un adulto de 36 años si no hubiera sido por la bestia a la que ahora se le premia con paseos y trabajo fuera de la celda.

La “familia normalizada” de un monstruo

¿Los motivos para esta concesión? Prepárense para no creerlo. El Ejecutivo vasco ha valorado, entre otros “criterios”, la existencia de una “familia normalizada y vinculante”. Como si el monstruo tuviera derecho a cobijo emocional después de destrozar decenas de hogares. También se ha ponderado su “correcto aprovechamiento de los permisos de salida”. Permisos. Para salir. Él. El asesino de Fabio. Y rematan la farsa con una “oferta laboral contrastada”. Porque, claro, lo importante ahora es que Gadafi tenga un puesto de trabajo digno. ¿Y la dignidad de sus víctimas? Esa, al parecer, prescribió.

Un órdago a la justicia (y a la decencia)

Esta no es la primera vez que se intenta. En octubre de 2025, la misma Gracia y el mismo Despropósito le otorgaron ya el tercer grado. La Fiscalía, con un mínimo atisbo de cordura, recurrió. Y un juez de Vigilancia Penitenciaria, con sentido común, lo revocó. Pero los políticos del Gobierno vasco, instalados en la soberbia del que hace lo que le da la gana, han vuelto a la carga. Han aprobado de nuevo lo que la justicia ya tumbó. Es un órdago. Un escupitajo al sistema.

La Fiscalía (otra vez) contra el chiringuito político

Ahora la Fiscalía de la Audiencia Nacional, de nuevo, ha presentado recurso. Y pide que se mantenga al etarra en segundo grado. Alega algo tan elemental que debería avergonzar a quienes lo ponen en duda: que la reinserción debe compatibilizarse con la prevención general y especial. Es decir, que la sociedad tiene derecho a sentirse protegida y que los asesinos no pueden vivir como si nada hubiera pasado.

Cuatro permisos, mil años de dolor

Pero el daño ya está hecho. La imagen que queda es la de un Gobierno que busca complacer a su clientela violenta mientras las familias de las víctimas vomitan de rabia. Gadafi ha cumplido ya treinta años de cárcel (el máximo legal, aunque sus delitos sumen mil). Solo ha disfrutado de cuatro permisos de salida en todo ese tiempo. Cuatro. Y con eso, los técnicos penitenciarios ven “evolución favorable”. Favorable para quién. No para la memoria de Fabio.

“Evolución favorable” no es perdón

La Fiscalía reconoce que ha mejorado. Qué generosos. ¿Y qué? Mejorar en la cárcel no borra las vidas rotas. Ser un buen interno no lava las bombas. Tener una familia “normalizada” no resucita a los quince muertos.

El límite de la educación (y de la paciencia)

Este periódico se contiene, porque las normas de estilo y la educación así lo exigen. Pero hay un límite. Y ese límite lo traspasaron hace décadas quienes mataron, y lo vuelven a traspasar ahora quienes aplauden o callan ante semilibertades para verdugos de niños.

A las madres de ellos (y a las nuestras)

A las madres de los asesinos y a las madres de los que consienten, serán unas santas y se les respeta como personas, pero ya no puedo aguantar, este asesino en serie es un HIJO DE LA GRAN PUTA. La Historia, esperemos, será menos tibia que nuestros gobernantes. Porque esto no es reinserción. Esto es una humillación a la justicia. Y una ofensa eterna a la memoria de Fabio Moreno y a todas las victimas que asesino.

Tal vez te gustaría leer esto