Sindicalismo chupóptero: manual de uso (goma de borrar incluida)

May 6, 2026

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 «En España, hay dos formas de robar fondos públicos: con una trama compleja o con una goma de borrar. Los ‘come gambas’ de UGT y CCOO demuestran que lo segundo es más barato, pero igual de efectivo.»

Los nuevos proletarios: los del jamón de yate y copa de champán

Dicen que la izquierda sindical defiende a la clase trabajadora. Y es cierto: defienden a esa clase trabajadora que vive en Miami, viaja a las Maldivas y se opera la nariz en clínicas de lujo. Porque resulta que los «come gambas» de UGT y CCOO han perfeccionado el arte de vivir como oligarcas mientras predican la austeridad revolucionaria desde un púlpito de cheques falsos. No son sindicalistas: son una sucursal bancaria para amiguetes con ínfulas de jeque.

Mayka Tomás López: la niña bonita del PSOE que convirtió un sindicato en su alcancía personal

¿Qué hace una hija de diputada socialista en un puesto clave de UGT Madrid? Pues lo mismo que un zorro en un gallinero: forrarse. Mayka Tomás López no llegó por méritos propios, sino porque su mamá Carmen López, exdiputada del PSOE, usó su agenda de contactos para colocar a su retoño en el chollo de su vida. Y la cría no defraudó: en tiempo récord demostró que la manzana no cae lejos del árbol del despilfarro. 4,5 millones de euros dilapidados en lo que cualquier sindicalista de a pie llamaría «lujos indecentes» y ella llamaba «necesidades básicas».

La tecnología revolucionaria: una goma de borrar (patentada por la estupidez ajena)

Nos venden que España es un país puntero en innovación. Pues tomen nota: el mayor escándalo sindical de la última década se ejecutó con un material escolar de dos euros. Mayka Tomás López buscaba en internet el nombre de una opositora honrada, escribía su nombre en un cheque, lo hacía firmar a sus jefes (que debían tener el mismo nivel de supervisión que un adormilado), volvía a su mesa, borraba el nombre… y ponía el de su marido o sus amigas. Ni hackers rusos, ni paraísos fiscales, ni algoritmos. Una goma de borrar. La misma que sus superiores deberían haber usado para eliminar su contrato el primer día.

El catálogo de destinos: de las Maldivas a Disneyland, pasando por tu cartera

¿Dónde invierte una sindicalista de pro los fondos de los trabajadores? Pues no precisamente en mejorar las condiciones de los repartidores de Glovo. El currículum de viajes de Mayka Tomás es para ponerse de pie: Maldivas, Dubái, Tanzania, Seychelles, Disneyland (por aquello de la lucha de clases recreativa), Miami, Ibiza, Gran Canaria… Hasta llevó a 21 amigotes a Canarias en Semana Santa. Todo pagado con la tarjeta corporativa del secretario general de UGT, Luis Miguel López Reillo, que seguro que ahora dirá que él no sabía nada. Claro, igual que no sabía nada de la falta de liquidez del sindicato hasta que estalló el escándalo. Casualmente.

Los «regalitos» entre amigas: porque la solidaridad obrera también se viaja en primera clase

La red de cómplices era tan variada como previsible: el marido y tres amigas ingresando cheques falsos como si fueran cupones de la ONCE. Una de ellas recibió viajes a Tanzania, Maldivas, Laponia (sí, a ver a Papá Noel con dinero sindical) y 43.000 euros en efectivo. Su declaración ante el juez es ya un clásico del cine español: dijo que todo era para superar «una mala racha». Porque cuando una pasa penurias, lo primero que piensa es: «Ojalá mi amiga me lleve a ver pingüinos al Polo Norte con la tarjeta del sindicato». La mala racha, la de los trabajadores que vieron cómo sus cuotas financiaban semejante circo.

Dos Mercedes, cirugía estética y un marido afortunado: el síndrome de la «clase obrera de postín»

Mayka Tomás López no solo viajaba: se compró dos Mercedes, se sometió a operaciones de cirugía estética (porque robar 4,5 millones produce estrés y hay que rejuvenecer) y vivía como una auténtica señora de la jet-set. Cuando le preguntaron por el origen de tanto dispendio, su respuesta fue la perla de la corona: «Es que prefiero no hablar». Claro, mejor callar que explicar cómo con un sueldo sindical se paga un marchamo de lujo. Lo sorprendente es que nadie en UGT, durante años, se preguntara por qué la chica de administración llegaba cada lunes con un Mercedes nuevo.

La mamá política: Carmen López, la diputada que señalaba a los demás mientras su hija vaciaba la caja

Aquí llega el momento más bochornoso: Carmen López, exdiputada del PSOE en la Asamblea de Madrid, era la madre coraje que colocó a su hija en el chollo. Y mientras la niña borraba nombres de cheques, mamá señalaba con el dedo al hermano de Isabel Díaz Ayuso, acusándole de tráfico de influencias. ¿El resultado? La Fiscalía archivó el caso contra el hermano de Ayuso por inexistente. Mientras, la verdadera trama de corrupción la llevaba su propia hija desde dentro de un sindicato amigo. La hipocresía no es un pecado capital: es un requisito para militar en según qué sitios.

El ludópata y el arruinado: la excusa más patética de la historia del derecho penal

Cuando ya no le quedaban gomas de borrar para esconder el rastro, Mayka Tomás López soltó la excusa definitiva: «Es que mi hermano es ludópata y mi padre se arruinó con su empresa». O sea, que la culpa la tienen el juego y la construcción. Nada que ver con sus 71 cheques falsos, sus 67 cheques falsos y sus 40 cheques falsos. Nada que ver con los 372.660 euros, los 407.936 y el millón largo. Nada que ver con Ibiza, los vuelos a Miami o los 21 amigos en Gran Canaria. La goma de borrar funcionó para los nombres, pero no para la vergüenza.

La gestora que llegó tarde: cuando el dinero ya había volado a las Maldivas

Finalmente, alguien en UGT detectó que el sindicato tenía «inexplicables problemas de liquidez». ¡Qué misterio, con la plantilla viajando a Disneyland a costa de la caja! Luis Miguel López Reillo dimitió y la gestora siguiente puso los papeles en manos de la Fiscalía. Una auditoría interna elevó el fraude a 4,5 millones, y la UDEF lo dejó en más de seis. Pero nadie devolverá los viajes, ni los Mercedes, ni la cirugía estética. Eso, queridos trabajadores, es su cuota, sus impuestos y su paciencia.

Máxima final (para enmarcar en la sede de UGT y CCOO):

«En la España de los ‘come gambas’, la lucha de clases la ganan siempre los mismos: los que han aprendido a borrar nombres con una goma y a escribir el suyo propio. El resto, los de verdad, los que pagan las cuotas, pueden seguir soñando con unas vacaciones en Benidorm mientras sus líderes sindicales toman champán en las Seychelles. Eso sí, con cargo a fondos públicos y la conciencia tan ancha como su cuenta corriente.»

 

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