LOS MISERABLES (VERSIÓN 2026): UNA ÓPERA BUFA SOBRE LA INVASIÓN DE CEUTA

Sep 1, 2026

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Advertencia: Este artículo contiene altas dosis de ironía y cinismo. Se recomienda su lectura con el estómago vacío para evitar náuseas.

EL MINISTRO QUE NO SABÍA NADA (PERO TENÍA INFORMES HASTA EN LA SOPA)

Comencemos por el gran protagonista de esta tragicomedia: el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ese hombre que, según sus propias palabras, “desconocía” que 80.000 migrantes iban a irrumpir en Ceuta. Sí, claro. Porque los informes del CNI, la Policía Nacional, la Guardia Civil y el mismísimo presidente de la ciudad autónoma eran, evidentemente, papel mojado. O quizá los usó para envolver el bocata de su viaje a la playa.

El señor Marlaska, con esa habilidad suya para escurrir el bulto que daría envidia a una anguila, se lavó las manos tan rápido que hasta Poncio Pilato le pediría consejo. “Yo no sabía”, repitió cual loro institucional, mientras Marruecos abría las compuertas migratorias como quien abre el grifo de una manguera. Pero tranquilos, que el CNI ya está acostumbrado a que sus informes terminen en la trituradora del PSOE.

EL PRESIDENTE VACACIONAL Y LA TEORÍA DEL CHAPAPOTE

Y entonces aparece Pedro Sánchez, el gran estratega, que aquel fatídico día estaba de relax en La Mareta, porque ¿qué mejor momento para tomar el sol que cuando tu frontera sur se convierte en una estampida humana? Su reacción, eso sí, fue digna de un genio: esperó 30 días para dar explicaciones, y cuando lo hizo, soltó un discurso que mezclaba a Marruecos, Rusia, Israel y la extrema derecha en una coctelera conceptual.

Según el presidente, la culpa era de los bulos, de los rusos malvados, de los israelíes (¿por qué no?), y de esos fachas que siempre aparecen en sus pesadillas. Marruecos, por supuesto, quedaba exculpado. Porque pedir responsabilidades a Rabat sería, digamos, “poner en riesgo la cooperación”. Mejor echarle la culpa a Putin, que ya está acostumbrado a ser el villano de todas las películas.

EL MINISTRO DE EXTERIORES, O CÓMO VENDER HUMO DIPLOMÁTICO

José Manuel Albares, el hombre que convirtió la diplomacia en un ejercicio de contorsionismo mental, nos explicó que la invasión masiva fue culpa de… las redes sociales. Sí, señores: los tuits y los memes fueron los que empujaron a miles de personas a saltar la valla. Marruecos, en cambio, es un país “amigo y aliado” que, casualmente, lleva semanas enfadado por el recibimiento a Brahim Ghali. Pero eso son “detalles” que no vienen al caso.

Albares, con esa sonrisa de funcionario que acaba de aprobar una oposición, nos vendió que todo fue un malentendido veraniego. Como si 80.000 personas cruzaran la frontera por un “me gusta” en Instagram. Bravo, señor ministro. Menos mal que está usted al mando de nuestra política exterior, porque si no, igual hasta tendríamos que usar el sentido común.

EL DELEGADO QUE PROHÍBE PATRIOTEROS (PERO APLAUDE A BILDU)

Francisco Martín Aguirre, delegado del Gobierno en Madrid, es el verso suelto de esta obra. El mismo que aseguró que Bildu ha hecho más por los españoles que “todos los patrioteros de pulsera”, ahora se dedica a prohibir manifestaciones de apoyo a los ceutíes. Porque, claro, defender a los ciudadanos españoles que sufren una invasión es “patrioterismo”, pero vitorear a quienes pactan con herederos de ETA es “progresismo avanzado”.

Su lógica es tan impecable como la de un pollo sin cabeza: si los ceutíes piden ayuda, son fachas; si Bildu pide autodeterminación, son demócratas. Aguirre, bendito tú, que nos recuerdas que el cinismo también es un arte.

EL CORO DE CÓMPLICES ANÓNIMOS

Y, por supuesto, no podemos olvidar al resto del Gobierno, ese conjunto de miserables secundarios que asienten con la cabeza mientras el país se desmorona. Ministros que callan, secretarios de Estado que firman informes y asesores que cobran sueldos millonarios por inventar excusas. Todos ellos, cómplices necesarios de esta farsa. Porque en el universo de los Sánchez, Marlaska y Albares, la verdad es un estorbo y la responsabilidad un concepto arcaico.

UNA INVASIÓN DE OLVIDO

Mientras Marruecos sonríe, los ceutíes se sienten abandonados y los informes del CNI engordan archivos polvorientos, el Gobierno sigue a lo suyo: culpar a Rusia, a la derecha y a los bulos. Pero tranquilos, que dentro de unos meses todo esto será un mal recuerdo, y los mismos que hoy se lavan las manos mañana se presentarán como los salvadores de la patria.

Porque en esta España nuestra, la memoria dura lo que un chupito de orujo, y el cinismo, como los políticos, siempre encuentra quien lo aplauda.

Fin de la función. Ahora, si me permiten, voy a buscar un libro de Victor Hugo para recordar que, al menos en la ficción, los miserables tenían dignidad.

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