El Arte de la Contorsión
La farsa política española llega a su momento más álgido este jueves 3 de septiembre. Pedro Sánchez comparece en el Congreso, y no para dar explicaciones, sino para intentar recomponer, con la ayuda de su particular equipo de guionistas, el relato más frágil de la legislatura. Porque no hay crisis migratoria que valga, lo que hoy se juzga es la credibilidad de un Gobierno que ha convertido el arte de la contradicción en seña de identidad. La pregunta que todos los españoles se hacen, con una sonrisa irónica, es: ¿qué mentira dirá hoy sobre Marruecos?
El «No Sabía» que se Vuelve «Sí, Pero»
La trama es digna de un culebrón de verano. Durante semanas, el mantra desde La Moncloa ha sido claro como el agua: «No existe ningún informe, ningún indicio de que Marruecos participara en lo que aconteció». Lo dijo la portavoz Elma Saiz con la convicción de quien repite una lección aprendida. El propio Sánchez, en su reaparición pública, absolvió al reino alauí con una fe que rozaba lo milagroso, asegurando que ningún centro de inteligencia alumbraba duda alguna sobre su participación. Incluso se atrevió a señalar a Rusia e Israel como los malos de la película, mientras exculpaba al vecino del sur.
Pero he aquí que la realidad, esa tozuda enemiga de los buenos relatos, apareció en forma de informe policial del CENIF. Un documento de 55 páginas, nada menos, que los agentes entregaron a la Audiencia Nacional y que describe con pelos y señales cómo agentes marroquíes, uniformados y de paisano, guiaron a la masa hacia Ceuta. No fue un movimiento espontáneo, sino una operación para colapsar la frontera, una «violación masiva de la soberanía de España» donde la finalidad migratoria era solo «una cobertura formal». Las imágenes son tan claras como la falta de credibilidad del Gobierno: agentes de la Gendarmería Real dando indicaciones a los camiones que descargaban a decenas de personas.
La Estrategia del «No, Pero Mira Allí»
Ante esta evidencia, que desmonta de un plumazo el relato oficial, el Gobierno no ha pedido disculpas ni ha rectificado. No, eso sería demasiado sencillo. Ha optado por la estrategia del avestruz y la gasolina a la vez. Desde Moncloa, con una cara de póker que ni el mejor jugador de Las Vegas, insisten en que el informe «no contradice» al presidente y que «en ningún momento se atribuye al gobierno marroquí» la planificación. Es el clásico «no, pero mira allí».
El argumento es tan peregrino como digno de estudio: sí, el informe dice que gendarmes guiaron a la masa, pero no dice «expresamente» que Mohamed VI diera la orden. Por tanto, ¡Marruecos sigue siendo un socio fiable! Es como si un ladrón te roba la cartera delante de un policía, y el gobierno te dice que no hay pruebas de que el rey de los ladrones le ordenara hacerlo. Un ejercicio de cinismo que ya quisiera para sí el mejor sofista griego.
El Espectáculo de la Incompetencia y la División
Pero la tragicomedia no termina ahí. Para demostrar que el desgobierno es total, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, se ha visto obligado a pedir por carta a su propio director general de la Policía que le informe de un documento que su ministerio debería conocer. La explicación del director general es que la jueza les prohibió informar a sus superiores. Es decir, la cúpula policial no sabía lo que sus propios agentes de inteligencia estaban investigando y entregando a un juzgado. ¿Planificación? ¿Coordinación? Son conceptos que parecen no existir en el diccionario de este Ejecutivo.
La situación es tan ridícula que el propio ministro de Presidencia, Félix Bolaños, ha tenido que salir a pedir «cautela» para estudiar el informe, como si el Gobierno no fuera el primer interesado en conocer lo que ocurrió en una crisis de seguridad nacional declarada como tal. La sensación que traslada es la de un equipo de fútbol cuyo entrenador se entera por la prensa de la alineación que ha mandado su propio ayudante.
Exigencias Ineludibles: Explicaciones Convincentes y Depuración de Responsabilidades
Pero esta vez no vale el parche, no vale el «y tú más», no vale el relato de la ultraderecha. Estamos ante una crisis de Estado que afecta a la integridad territorial de España, y un Gobierno que miente descaradamente a los ciudadanos merece algo más que una rueda de prensa de tapadillo. Hay que pedir explicaciones convincentes, no parches semánticos. Y sobre todo, hay que depurar responsabilidades en un Ejecutivo que ha demostrado ser, cuando menos, manipulador y miserable.
Porque lo grave no es solo que Marruecos planificara el asalto. Lo grave es que el Gobierno lo sabía o debería haberlo sabido, y eligió mentir. Lo grave es que el ministro del Interior, máxima autoridad en materia de seguridad, se entere de lo que sus propios policías investigan por la prensa. Lo grave es que el presidente del Gobierno anteponga sus intereses de política exterior y su relación con un régimen autoritario a la verdad y a la seguridad de los españoles.
Esta no es una cuestión de izquierdas o derechas. Es una cuestión de dignidad democrática. Un gobierno que miente a los ciudadanos sobre una violación de la soberanía nacional es un gobierno que ha perdido toda legitimidad para gobernar. La ciudadanía tiene derecho a saber quién ordenó la operación, quién la conocía, quién la ocultó y quién ha estado manipulando la información durante meses. Y tiene derecho a que esos responsables, si los hay, paguen por sus mentiras.
Los españoles no somos tontos. Sabemos que la política exterior tiene sus secretos y sus pactos de silencio. Pero de ahí a que se nos tome por imbéciles, a que se nos diga que el agua no moja mientras el CENIF demuestra que sí, hay un abismo que este Gobierno ha decidido cruzar sin pudor. Y lo más indignante es que lo hacen con la soberbia de quien cree que el relato vale más que los hechos, que la mentira repetida mil veces se convierte en verdad.
Un Presidente en el Alambre, y una Ciudadanía que Exige Verdades
Sánchez llega al Congreso acorralado por sus propias contradicciones. No puede seguir mintiendo sobre la no implicación de Marruecos porque el informe policial, que depende de su Gobierno, lo desmiente. Pero tampoco puede reconocer la verdad, porque eso sería admitir que su política exterior en el Magreb es un desastre, que su socio y amigo le ha asestado un golpe a la integridad territorial y que su gobierno fue, cuando menos, incompetente al no preverlo.
Así que esperemos el discurso de hoy. Seguro que recurre al manual de manuales: hablará de bulos, de la ultraderecha internacional, de la desinformación y de las redes sociales. Intentará desviar la atención hacia el Partido Popular o Isabel Díaz Ayuso, como siempre. Pero la realidad, plasmada en ese informe de 55 páginas, es testaruda. Y la ciudadanía, que ya no se traga cualquier cuento, empieza a preguntarse hasta dónde está dispuesto a llegar su presidente para no enfadar a su vecino del sur.
Es hora de exigir cuentas. No vale el «no sabía», no vale el «no me consta», no vale el «no contradice» con calzador. Vale la verdad, y vale la asunción de responsabilidades. Si Pedro Sánchez y su gobierno no son capaces de darla, que al menos tengan el decoro de no insultar la inteligencia de los españoles con nuevas dosis de cinismo. Porque la mentira tiene las patas muy cortas, y a este gobierno manipulador y miserable se le están acabando los zapatos. Los españoles merecemos algo mejor que un presidente que parece más preocupado por contentar a Rabat que por defender la verdad y la soberanía de su propio país. Exigimos explicaciones. Exigimos responsabilidades. Y, sobre todo, exigimos que se deje de jugar con la seguridad de España como si fuera un peón en el tablero de intereses personales del presidente del Gobierno.









