La felicidad de los justos: cuando el periodismo se aplaude a sí mismo
La periodista y columnista Luz Sánchez-Mellado, con esa prosa tersa que tanto reconforta a las conciencias bienpensantes, ha querido celebrar el medio siglo de vida de El PAÍS rememorando con ternura sus primeros días en la Redacción. Entre lágrimas de emoción y fotos amarillentas, ha tenido un detalle exquisito: felicitar a los lectores y compañeros. Porque, como bien sabe todo el mundo, el mérito
de un periódico no es informar, sino tener la suerte de que le lean. Y a ser posible, que le lean con devoción, no con espíritu crítico.
Hay que leerlo para saber qué pasa en el mundo, sí, pero solo si no tienes acceso a Internet
“Hay que leer El PAÍS para saber qué pasa en el mundo”, sentencia la columna. Y es verdad, qué alivio. Por fin un faro en la tormenta de la desinformación. Porque uno, inculto y perdido, se pensaba que The New York Times, Le Monde o Reuters también servían para algo. Pero no. La verdad universal, al parecer, se escribe con la tilde en la “Í” mayúscula y se imprime en los túneles de Arturo Soria.
Lo que pasa en el mundo (y lo que nunca pasa en Moncloa, según el periódico)
Ahora bien, hay una pequeña puntualización que la señora Sánchez-Mellado olvida en su arrebato de autocomplacencia: el periódico sabe mucho de lo que pasa en el mundo –conflictos geopolíticos, cambio climático, guerras lejanas–, pero cuando toca hablar de lo que pasa en España, especialmente si huele a corrupción y a sede socialista en Ferraz, la visión se vuelve tan borrosa como un programa electoral del PSOE en 2019.
Corrupción socialista: el agujero negro informativo de medio siglo
Porque no nos engañemos: durante los últimos siete años, mientras el Gobierno de Pedro Sánchez acumulaba casos de corrupción –algunos ya judicializados, otros en ese limbo eterno de “no hay pruebas pero tampoco ausencia de ellas”–, la línea editorial de El PAÍS parecía moverse con la pericia de un funambulista: mirando a Oriente Medio, Ucrania o la inflación en Argentina. Pero ¡ay! si alguno se atreve a preguntar por el fiscal general del Estado imputado, por los sobrecostes de los contratos covid en Canarias, o por los avales del caso Koldo, la respuesta suele ser la misma: un reportaje sobre el declive de la derecha europea o un sesudo análisis de las primarias demócratas en Wisconsin.
El milagro de la corrupción intermitente: solo existe cuando gobierna el PP
Por supuesto, todo esto se arreglará mágicamente el día que gobierne el Partido Popular. Entonces sí, de repente, la corrupción volverá a ser noticia de portada. Las tramas urbanísticas, los sobres y las comisiones ilegales reaparecerán como setas en otoño. El periodismo de investigación resucitará. Porque hay un género literario que El PAÍS domina como nadie: el de la memoria selectiva. Cuando gobierna la izquierda, la corrupción es un bulo o un “caso aislado”. Cuando gobierna la derecha, es un problema estructural de la democracia.
50 años al servicio del PSOE: adoctrinamiento progre con corrector ortográfico
Y mientras tanto, la fórmula se mantiene inalterable durante 50 años: medio siglo al servicio del PSOE, con algún ligero roce de por medio cuando el PSOE se desvía ligeramente hacia la izquierda, pero siempre, siempre, con el adoctrinamiento progresista de fondo. Eso sí: un adoctrinamiento elegante, con corrector ortográfico, entrevistas a premios Nobel y suplemento cultural. Porque ser progre está muy bien, pero con clase, que nadie se lleve a engaño.
Enhorabuena, nos han contado el mundo. Lástima que España quedara fuera del mapa
Así que, enhorabuena, Luz Sánchez-Mellado. Enhorabuena a El PAÍS. Cincuenta años diciéndonos qué pasa en el mundo. Cincuenta años ayudándonos a no enterarnos de lo que pasa en Moncloa cuando toca mirar a otro lado. Ustedes ganan, nosotros leemos. Y el que quiera saber lo que pasa en España, que se compre un martillo y empiece a golpear la pared. Porque en este diario, igual que en ciertas ruedas de prensa gubernamentales, el mundo acaba donde empiezan las incomodidades.
Lo que pasa en la puerta de tu casa, para otro periódico
Y con eso, y un beso a los lectores, se cierra el círculo. Porque al fin y al cabo, ¿de qué sirve saber lo que pasa en el mundo si uno no sabe ni lo que pasa en la puerta de su casa?








