El cuento de Pedro Sánchez: El cadáver que aún respira

Abr 26, 2026

Sucesos España - Portada 5 POLÍTICA 5 El cuento de Pedro Sánchez: El cadáver que aún respira

Un relato de política ficción ambientado en un país imaginario. Cualquier similitud con España es pura coincidencia.

“Aquí yace un presidente”: la lápida que nadie colocó

Pedro Sánchez debería estar muerto políticamente. No herido, no tocado, no agonizante. Muerto. Enterrado. Con una lápida que rezara: “Aquí yace el presidente que convirtió la Moncloa en una cueva de nepotismo, corrupción y silencio cómplice”. Pero no. El cadáver sigue allí, tieso en su sillón, con los ojos abiertos y la boca seca, negándose a caer.

Tsunami judicial: la esposa en el banquillo antes de fin de año

Lo que se avecina no es un juicio. Es un tsunami judicial que arrasará con todo lo que tocó. Su esposa, Begoña Gómez, será sentada en el banquillo antes de que termine el año. Se le acusa de usar su relación personal para impulsar su carrera privada a través de un puesto en la Universidad Complutense de Madrid, y de emplear recursos públicos para favorecer intereses privados. Era suya la iniciativa, suya la avaricia, suya la mano en la caja. Y él, Sánchez, la miró durante años hacerlo. Y no dijo nada.

El hermano, el círculo y la ratonera del poder

Su hermano, David Sánchez, ha sido procesado por presuntos delitos de tráfico de influencias y prevaricación. El que fuera su círculo de máxima confianza es hoy un nido de corruptos. Al ex secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, la UCO ha reunido diez pruebas documentales y testimoniales contra él por posibles delitos de cohecho, organización criminal y tráfico de influencias. Su exministro de Transportes, José Luis Ábalos, junto a Koldo García, están sentados en el banquillo por pertenencia a organización criminal, cohecho, tráfico de influencias y malversación, a raíz de los múltiples indicios sobre los contratos de mascarillas durante el COVID. El círculo se ha convertido en una ratonera.

La paciencia del buitre: imperturbable mientras todo arde

¿Y él? Él sigue allí. Imperturbable. Como en aquel Comité Federal donde más de la mitad de su partido le pidió la cabeza y él se limitó a beber agua, mirar al techo y esperar. Esperó hasta que los gritos se convirtieron en susurros, y los susurros en silencio. Ese es su único talento: la paciencia del buitre.

Responsable in vigilando: cuando callar es ser cómplice

Pero la paciencia no es virtud cuando se es responsable in vigilando. La ley es clara: quien tiene el deber de controlar y no controla responde como cómplice. Él protegió a su hermano alojándolo en la Moncloa. Atacó al juez que instruía una pieza separada sobre su esposa. Todo eso está en el sumario. Y todo eso le convierte, si no en autor material, en el arquitecto de la impunidad.

El político sin vergüenza: poder frente a dignidad

Cualquier otro habría dimitido. Al ver a su mujer imputada, al escuchar la declaración de Koldo, al saberse grabado, amenazado, señalado… cualquier ser humano con un mínimo de vergüenza habría reunido a la prensa, pedido perdón y puesto su cargo a disposición. Pero Pedro Sánchez no tiene vergüenza. Tiene poder. Y el poder, cuando se ejerce desde la inmunidad y la arrogancia, se convierte en cinismo.

Insomnio en la Moncloa: mentiras cada mañana ante el espejo

Él sabe que está en una posición agonizante parece un Zombi. Ya no duerme. Ya no come hasta las 5 de la tarde. Síntomas de insomnio crónico, ansiedad, taquicardias recurrentes. Pero se levanta cada mañana, se pone el traje, se mira al espejo y miente. Miente cuando dice que su mujer es inocente. Miente cuando asegura que su hermano es víctima de una conjura. Miente cuando promete transparencia y suelta ruedas de prensa de cinco minutos sin aceptar preguntas.

El sudor de la vergüenza: un cadáver tieso esperando la patada final

No sudó en aquel Comité Federal. No suda ahora. Porque el sudor es de los que sienten vergüenza. Y él, Pedro Sánchez, es ya solo un cadáver político tieso en un sillón, esperando el único final posible: que le echen a patadas y que su apellido se convierta en sinónimo de podredumbre. Como su exsecretario de organización. Como su exministro de Transportes. Como él.

Fin del cuento y recuerden queridos lectores, lo que han leído es un cuento de ficción, cualquier parecido de lo que ocurre en España es pura casualidad.

 

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