Begoña Gómez ingresa en la Orden Santaolalla de Mártires del Botijo (con honores y denuncia incluida)

Abr 29, 2026

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Cuatro delitos, cero autocrítica y un Óscar al teatro político

Atención, señoras y señores, que tenemos nueva incorporación al reality español «Supervivientes: Edición Fiscalía». Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno y ahora también discípula aventajada de Sarah Santaolalla, ha decidido que lo suyo no es declarar ante el juez, sino interpretar ante la cámara. Porque, amigos míos, cuando tienes cuatro delitos procesales –no uno, no dos, cuatro, que es número de conjuro– lo más sensato es mirar al cielo, suspirar hondo y denunciar al periodista que osa preguntarte. ¿El argumento? Una «supuesta agresión» que solo existe en el mismo mundo paralelo donde las facturas de Koldo se pagaban solas.

El País: el heraldo oficial del «pobre Begoña, qué malo es el boli del fiscal»

Ay, bendito El País. El mismo periódico que un día descubre una corrupción y al siguiente la maquilla con varita mágica. Ahora nos traen en exclusiva –como quien descubre el fuego– que la mujer de Sánchez se siente acosada. ¿Las pruebas? Las mismas que para canonizar a Santa Teresa: fe, devoción y un vídeo que… ¡oh, casualidad! les conviene mirar de reojo. Porque si lo ves entero, resulta que el pobre

periodista es el que acaba con manos ajenas en el cuello mientras escucha un sonoro «quita esa mierda». Pero claro, eso El País lo llama «legítima defensa emocional». A esto hemos llegado: que grabar a una procesada es violencia de género, pero soltar un golletazo es empoderamiento.

El vídeo: ese incómodo testigo que no ha leído el comunicado de La Moncloa

Aquí es donde la ironía se disfraza de comedia. Porque las imágenes están ahí, como un karma en 4K. Se ve a Vito Quiles –periodista, no octogenario ni con andador– acercándose sin rozar, sin empujar, sin nada. ¿Y qué hace el séquito de la señora de Sánchez? Convertirse en el equipo de lucha libre de la Complutense: manos al cuello, insultos castizos y una orden digna de cuartel de invierno: «¡Quita esa mierda!». Resultado: la agredida es ella, claro. Porque preguntar, al parecer, duele más que un golpe. Y que te agarren del gaznate su amiga es, en el diccionario Progresista Ilustrado, «acompañamiento solidario».

Así que ya saben: si usted ve a Begoña Gómez, no se acerque. Ni para pedirle una foto. Ni para decirle buenos días. Porque puede que su escolta le impute un delito de «mirada fascista». Y luego El País lo cuenta con música de violín de fondo.

Redes sociales: donde el sentido común se esconde de la prensa oficial

Mientras la prensa seria (dixit) hace coros al drama victimal, en Twitter se parten la caja. Y con razón. Un usuario, con una lucidez pasmosa, sentencia: «Te tienes que reír. No aguantan 5 minutos sin victimizarse aunque agredan ellos». Otro, más directo: «Ha sido justo al revés. Las corruptas y Charos han agredido a un periodista por unas simples preguntas». Y ojo al detalle: usan la palabra «corruptas». Pero tranquilos, que la denuncia por alusión no ha llegado… aún. Porque en este país, llamar corrupto a un procesado es temerario, pero pegar a un periodista es un «exceso comprensible». Toma coherencia.

Manual de instrucciones para periodistas en España (edición Begoñá)

A partir de hoy, si eres periodista y te cruzas a la mujer del presidente, sigue estos pasos:

  1. Cruzar de acera.
  2. Bajarte los pantalones simbólicamente.
  3. No grabar, no preguntar, no respirar.
  4. Si ella te mira mal, pide disculpas por existir.
  5. Si sus amigas te agarran del cuello, no te quejes, que luego te denuncian por violencia de género indirecta.

Porque en la nueva España de los aforados, las víctimas se eligen a dedo. Y los agresores, si llevan chaleco de «periodista incomodón», pasan a ser verdugos. Todo muy coherente, todo muy democrático. Luego dicen que aquí no hay censura: qué va, lo que hay es una jauría de escoltas con uñas largas y un periódico que lo bendice.

Qué será próximo, ¿denunciar al juez por preguntar demasiado?

Y mientras tanto, uno se pregunta: ¿cuándo denunciará Begoña Gómez al juez por maltrato procesal? ¿Cuándo pedirá amparo al Constitucional por esa manía de la justicia de pedir explicaciones? Porque visto lo visto, el siguiente paso lógico es declararse víctima del sistema judicial, del periodismo, de la grabación, de la luz, del aire, de los malditos móviles que graban en alto rango dinámico.

En fin. Esto es España, donde cuatro delitos te dan derecho a un revictimización diaria, donde un agarrón cervical se convierte en «tutela afectiva» y donde preguntar a una sospechosa es más peligroso que preguntarle a un toro bravo. Al menos el toro solo te embiste. El séquito de Begoña te denuncia. Y encima sale en El País llorando.

Viva el teatro, viva el circo, viva la Santaolalla 2.0. Y que siga el baile, que el juez todavía no ha aplaudido.

 

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