El ministro de Justicia elimina la figura del magistrado de enlace con Suiza justo cuando la investigación al expresidente empezaba a arder. Casualidad. O cinismo de alta escuela.
La puntualidad suiza… del mangazo ministerial
Qué prodigio de sincronización. Justo cuando la Audiencia Nacional imputa a José Luis Rodríguez Zapatero por el agujero negro de Plus Ultra –esa aerolínea que recibió 53 millones de euros de rescate público y que, por arte de birlibirloque, acabó conectando Madrid con Caracas vía paraíso fiscal–, Félix Bolaños anuncia que la figura del juez de enlace con Suiza ha dejado de ser necesaria. ¿Y por qué? Porque “hemos comprobado que la cooperación no la necesita”. ¿En dos años lo han comprobado? ¿Dos años justo los que llevaba la juez Silvia Martínez Cantón oliendo el pastel? Vaya velocidad de cálculo. La misma velocidad con la que otros echan el freno de mano cuando el radar se acerca.
“No ha habido sustitución”… (y yo soy Napoleón)
Bolaños mira a la cámara con esa cara de póker que sólo se entrena en Moncloa y suelta: “No ha habido ninguna sustitución de ninguna magistrada”. A continuación, como quien no quiere la cosa, añade que “termina en agosto y será sustituida por otro magistrado”. O sea,
exactamente una sustitución. Pero con trampa. Porque el nuevo magistrado será juez de enlace… sólo con Francia. Suiza se queda huérfana de toga. Así que no es que se vaya una juez: es que se extingue la función. Como cuando te quitan la silla y te dicen que no te has caído, que lo que pasa es que el suelo ha subido. Este hombre se atreve a llamarnos tontos en directo. Y lo peor es que a muchos les funciona.
“Las autoridades suizas no tienen costumbre” (dijo el que nunca pidió un informe a Berna)
El argumento estrella del ministro es para enmarcarlo en la sección de “meme político del año”. “Las autoridades suizas no tienen ninguna costumbre de actuar con magistrados de enlace”. Ah, ¿no? Entonces, ¿para qué coño se creó la figura hace dos años? ¿Para adornar el BOE? ¿Para que la juez perdiera el tiempo haciendo turismo por Zúrich? No, señor Bolaños: se creó porque Suiza es el agujero negro de la transparencia europea, el país donde las cuentas bancarias hablan en susurros y las comisiones rogatorias duermen la siesta perpetua. Tener una juez de enlace allí era la única manera de que la información no se evaporara como el dinero de Plus Ultra. Pero ahora que esa juez ha empezado a tirar del hilo que lleva directamente a Zapatero, resulta que Suiza es un país “sin costumbre”. Anda, que no te vi venir.
“Demasiado trabajo en Francia” (o cómo liquidar un caso con una excusa de parvulario)
La guinda del pastel de la desvergüenza: “El magistrado de enlace en Francia tiene demasiado trabajo”. ¡Qué ternura! Es como si tu jefe te dice: “Mira, como estás muy ocupado, te voy a quitar la mitad del sueldo para que descanses”. Pero cuidado, que la cooperación con Suiza “va a seguir existiendo”. Sí, claro, como sigue existiendo el Yeti: todo el mundo habla de él, nadie lo ha visto. Sin juez de enlace, cualquier petición de información suiza entrará en el limbo de los “hemos enviado un correo” y los “es que no nos contestan”. Y mientras tanto, los papeles de Zapatero siguen ardiendo en la chimenea de la impunidad.
“El proceso se abrió en abril” (y mi abuela se llama Mercedes)
Para rematar la faena, Bolaños nos recuerda que el proceso de selección del nuevo magistrado se abrió en abril. O sea, antes de la imputación. ¿Y eso qué demuestra? Nada, salvo que el Gobierno sabe con mucha antelación lo que va a pasar. Tienen el don de la ubiculidad burocrática: preparan la eliminación de la figura justo antes de que haga falta. Y claro, el sustituto será un juez “afín”. Porque en este país, la justicia de enlace no la elige la carrera judicial, la elige el Gobierno. Y el Gobierno, casualmente, tiene muy mala memoria para los 53 millones de euros perdidos, pero muy buena memoria para saber quién le firmó los indultos, quién le sonríe en las fotos y quién sigue teniendo cuentas donde nadie mira.
Máxima final: la desvergüenza como método
Félix Bolaños ha conseguido lo que parecía imposible: superar en cinismo a sus propios antecesores. Porque no basta con cesar a un juez incómodo. Eso es vulgar. Hay que ir más lejos: hay que eliminar la figura entera, borrar el cargo, disolver la función, y encima convocar una rueda de prensa en Cataluña para que nadie pregunte demasiado. Así funciona el método Bolaños: cuando un juez enciende una luz incómoda, no se apaga la bombilla: se dinamita la central eléctrica. Y luego se mira a la cámara y se dice con una sonrisa: “La cooperación funciona con total eficiencia”. Sí, claro. Como funciona la cerradura de una puerta tras forzarla: ya no cierra, pero qué bien gira el aire. Sinvergüenza, no: arquitecto de la impunidad. Y con título oficial.








