Zapatero, Plus Ultra y el «cuento chino»: cuando la impecabilidad se tambalea ante el auto del juez

May 21, 2026

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El político contra las cuerdas: o es tonto o es mentiroso

Hay momentos en la vida pública en los que el político no solo se juega su reputación, sino también el crédito de sus propias palabras. Y luego está José Luis Rodríguez Zapatero, que parece haberse presentado voluntario al concurso de «o es usted increíblemente ingenuo o nos toma por idiotas». La última entrega de este drama judicial-mediático nos la ha servido el director de Más de uno, Carlos Alsina, tras leer el auto del juez Calama sobre la imputación del expresidente. Su conclusión, tan sencilla como demoledora, se resume en dos opciones: o Zapatero no sabía nada de lo que se hacía en su nombre, o directamente nos contó un cuento chino.

No hay tercera vía: ni amnistía para la memoria ni indulto para la vergüenza

No existe el «no me acordaba». No cabe el «fueron reuniones informales». Alsina, con esa paciencia de periodista que repasa cintas y autos judiciales hasta quedarse bizco, ha confrontado la declaración institucional del exmandatario con los hechos que empiezan a tener nombre, apellido y folio en un juzgado. Y el resultado es un boquete argumental del tamaño de la deuda de Plus Ultra.

«Impecable»: la palabra que nunca debió pronunciar

Porque recordemos: en la entrevista, Zapatero negó con esa vocecita pausada y ese gesto de maestro de escuela rural que no tuvo «relación alguna» con la controvertida aerolínea venezolana. Y no solo eso. Presumió de una trayectoria impecable. Usó esa palabra. Impecable. Como quien enseña la patente de corso de la honorabilidad política. «Todo es lícito y está declarado», sentenció, cual notario de sí mismo.

El juez Calama, ese mal educado que escribe autos en vez de guiones

¿El problema? Que el juez Calama, ese mal educado que escribe autos en vez de guiones de televisión, ha imputado a Zapatero después de encontrar indicios de que no, no todo era tan lícito, y desde luego no parece que estuviera todo declarado. Y aquí es donde el cinismo se vuelve una herramienta de supervivencia intelectual.

La coartada de la ignorancia suprema o la mentira descarada

Si hacemos caso a Alsina —y conviene hacerlo, porque al menos él se lee los papeles—, estamos ante el clásico dilema del político español cuando le aprietan las costuras judiciales: la coartada de la ignorancia suprema o la mentira descarada. ¿De verdad alguien cree que un expresidente del Gobierno, con años de experiencia en los pasillos del poder, no sabía que había personas haciendo gestiones en su nombre con una empresa a la que después él bendijo con su presencia, sus contactos o su silencio cómplice? Si es así, o Zapatero era el presidente más despistado de la historia reciente —lo que explicaría algunas cosas, ciertamente—, o estamos ante un relato de ficción que ni el mismísimo Vargas Llosa se atrevería a novelar sin añadir un dragón.

El cuento chino: al menos es entretenido

Pero vayamos a la segunda opción: el cuento chino. Porque el cuento chino, al menos, tiene la virtud de ser entretenido. La versión oficial de Zapatero sobre su relación con Plus Ultra suena a esos cuentos que te cuentan en la feria antes de timarte con el cambio de bolsillo. «Todo es lícito», decía mientras la justicia empezaba a tirar del hilo. Y ya se sabe: cuando los jueces tiran del hilo de lo «impecable», a menudo encuentran una madeja enredada en comisiones, favores y agendas opacas.

Lo más cínico: que aún crea que nos tiene que seguir contando el cuento

Lo más cínico, con permiso del lector, no es que Zapatero pudiera haber mentido. Lo más cínico es que probablemente crea que nos tiene que seguir contando el cuento. Porque en la política española de alto voltaje, la estrategia no es demostrar que eres honesto, sino que el adversario es más corrupto o que el juez es parcial. Y si encima tienes una entrevista en una radio de referencia, pues aprovechas para soltar lo de la «trayectoria impecable» y punto. Que luego llegue Alsina con el auto del juez y te desmonte el relato en dos preguntas es ya cosa de malas pulgas periodísticas.

Elija su veneno: ¿inútil o farsante?

Así que, querido lector, elija su veneno: ¿Zapatero era el presidente más ajeno al mundo que le rodeaba? ¿O nos vendió la moto (mejor dicho, el vuelo) de Plus Ultra como quien vende humo? En cualquiera de los casos, lo que queda es la imagen de un político que, cuando le imputan, recurre a la vieja escuela: negar, presumir de pasado y esperar que el ruido mediático se lo lleve todo por delante. Mientras tanto, el cuento chino sigue circulando. Y lo peor no es que haya quien se lo crea. Lo peor es que hay quien todavía lo aplaude.

«Cuando un político presume de trayectoria impecable ante un juez que ya le ha imputado, no está dando explicaciones: está ensayando el epitafio de su propia credibilidad mientras aplaude su propio funeral.»

 

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