O cómo llamar fascista a una diputada de Vox es un acto de «descripción» científica, no de mala educación
Hay momentos en la política española que rozan la excelencia teatral. Uno de ellos ha tenido lugar esta semana en el Congreso, donde el ministro de Transportes, Óscar Puente, ha demostrado que, además de gestionar trenes (o no gestionarlos, según se mire), tiene un don para la filología improvisada.
La escena: la diputada de Vox, Patricia Rueda, osa preguntar por la seguridad ferroviaria tras el trágico accidente de Adamuz. Error. No sabía la pobre que estaba convocando, sin querer, a una cátedra de semántica revolucionaria.
Porque don Óscar, en un alarde de precisión léxica que dejaría boquiabierto a la RAE, ha sentenciado desde la tribuna: «Cuando le llaman fascista, no le insultan, le describen». ¡Toma ya! Resulta que durante todos estos años estábamos usando mal el diccionario. Insultar era cosa de groseros, pero «describir»… describir es ciencia. Es casi un favor que le hace el ministro a la señora Rueda: «Señora, no se ofenda, que yo no la insulto; yo la diagnostico».
El protocolo de la señora Presidenta: cierre el micrófono a la ofendida
Pero lo mejor de la función no fue solo el «describir» de Puente, sino el número de acompañamiento. Minutos antes, la diputada Rueda, con una osadía digna de mejor causa, se atrevió a denunciar que desde la bancada socialista la llamaban «fascista». ¿Y cuál fue la respuesta del presidente de la Cámara, Alfonso Rodríguez? Rápida, contundente, ejemplarizante: le cerró el micrófono.
Porque ya se sabe: en la nueva democracia avanzada, el orden de los factores sí altera el producto. Que te llamen fascista desde los escaños no es denunciable si lo hacen los tuyos. Pero intentar quejarte… eso sí que es un delito de alteración del orden público. Oiga, señora, cállese y deje que la describan.
Ironías del «crimen de Adamuz»: cuando las prioridades son otras
Mientras tanto, en algún lugar de Adamuz, las familias de las víctimas del accidente ferroviario (ese que la diputada tuvo la mala educación de mencionar) siguen esperando explicaciones sobre el estado de las vías. Pero tranquilos, el ministro Puente tiene sus prioridades claras: primero describir fascistas, luego, si sobra tiempo, ya se verá lo de los trenes.
La legislatura agoniza, las infraestructuras se caen a pedazos, pero al menos tenemos un gobierno que ha perfeccionado el arte de convertir cualquier interpelación incómoda en un esperpento dialéctico. Porque, seamos sinceros: ¿quién necesita inversión en mantenimiento ferroviario cuando puedes tener a un ministro dando lecciones de etiqueta política a golpe de falacia?
Descripción final
Así que ya saben: si alguien les llama «macaco», «orangután» «mono», «gorila» o «troglodita», no se ofendan. Igual no les están insultando, sino describiendo con precisión quirúrgica su esencia más profunda. Al menos, eso es lo que hemos aprendido hoy en el Congreso, esa universidad de las buenas maneras donde los micrófonos se cierran para la indignación legítima y se abren de par en par para el sarcasmo ministerial.
Y mientras tanto, Adamuz espera. Pero no se preocupen: seguro que el ministro encuentra un adjetivo descriptivo para eso también. Algo así como «prioridad redefinida» o «accidente inevitablemente descrito». Total, para qué arreglar los problemas cuando se puede retratar a quienes los señalan. Democracia en estado puro. O, como diría el ministro: «no es cinismo, es describir la realidad».
Si llamar fascista es describir, que te llamen orangután o troll no ha de doler: quien te nombra por lo que ve, su propio espejo no ha de romper.”








