El gallo que vendía humo con plumas de relato
Había una vez, en un corral llamado España, un gallo de corbata y sonrisa de anuncio de colonia que respondía al nombre de Pedro Sánchez. Su mayor habilidad no era volar ni picotear, sino construir relatos. Y su obra maestra fue una gallina de oro que, según él, ponía huevos de prosperidad inagotable. “España es un cohete”, cacareaba cada mañana. Pero los cohetes, como se sabe, suben rápido… y bajan más rápido todavía, sobre todo cuando los impulsa el puro artificio.
La gallina que ponía huevos de plomo disfrazados de oro
Los datos, ese incómodo esputo de la realidad, contaban otra historia. En 2018, cuando el gallo llegó al poder, el PIB per cápita español suponía el 83,9% de la media europea. Siete años después, con el relato más gastado que un tractor sin aceite, ese porcentaje había caído al 83%. Un punto menos. Una décima cada año. La gallina de oro, en realidad, era una gallina de cartón piedra que solo ponía números maquillados y titulares de prensa afín.
El truco del mago de la Moncloa: echarle la culpa a la covid (y a todo lo demás)
“Fue la pandemia”, excusaban los polluelos del Gobierno. Pero los datos, tozudos como una mula, señalaban que en 2019 ya se había caído al 83,45%. El virus solo agravó lo que ya cojeaba. La gallina de oro ya estaba renqueante antes de que llegara el primer mascarilla. Pero el gallo, fiel a su estilo, prefirió echarle la culpa al lobo, a la lluvia, al vecino y a la fase lunar.
El milagro del crecimiento patas arriba: más hormigas, menos productividad
“¡Pero el PIB crece!”, graznaban los voceros oficiales. Y sí, crecía… como crece la masa de un bizcocho al que le añades más huevos, pero no más levadura. La clave estaba en la inmigración: más trabajadores, sí, pero sin aumentar la productividad real ni el valor añadido. O lo que es lo mismo: más gente empujando el carro, pero el carro cada vez más cuesta arriba. La gallina de oro, lejos de poner más, sudaba tinta china para que no se notara el truco.
Vivir mejor que nunca (si te tragas el cuento y cierras los ojos)
“Vivís mejor que nunca”, repetía el gallo mientras los animales del corral veían cómo llenar la cesta de la compra requería tres veces más zanahorias que antes, y cómo acceder a una madriguera era ya una quimera reservada a los pájaros de alto copete. La pobreza, esa incómoda visita, había vuelto a instalarse en muchas cuadras. Pero no importaba: el relato decía que eran felices. Y si el relato lo dice, debe ser verdad. ¿O acaso van a creer a sus propios ojos?
El socialismo de pacotilla: brillante por fuera, vacío por dentro
Al final, los animales más viejos del corral recordaban otras épocas en las que la gallina de verdad ponía huevos de verdad, no promesas doradas. Pero el gallo Sánchez había perfeccionado el arte de gobernar con el eslogan y la pose, con el vídeo en Twitter y la rueda de prensa sin preguntas incómodas. El problema no era que la economía fuera mal; era que le mintieran a la cara mientras cacareaban que todo iba como un cohete.
Moraleja para un corral con el cesto medio vacío
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Pero la historia real sigue: la brecha con Europa se ensancha, la gallina de oro apenas pone y el gallo sigue subido al montículo, gritando que España es la envidia del mundo. Mientras tanto, los ciudadanos, esos pacientes burros de carga, solo piden dos cosas: que les dejen de contar milongas y que alguien, por una vez, les diga la verdad. Aunque duela. Aunque no sea de oro.








