El pacto de la vergüenza: cómo el Gobierno sacrifica la justicia para salvar a los suyos

Abr 22, 2026

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Un Gobierno sin límites ni decoro

No hay ya dignidad que mancillar, ni principio democrático que no esté dispuesto a prostituir este Ejecutivo. Primero fue el juez Peinado, sometido a un linchamiento público sin precedentes por atreverse a investigar a la mujer de Pedro Sánchez. Ahora, la fiscal general del Estado, Teresa Peramato, ha cogido el testigo con una maniobra que apesta a complicidad y desesperación: dinamitar el pacto de colaboración del empresario Víctor de Aldama con la Fiscalía Anticorrupción.

Aldama quiere hablar, y eso asusta al poder

Que quede claro: Aldama, pieza clave en la trama Koldo, accedió a colaborar en noviembre de 2024 ante el juez Ismael Moreno. Ese pacto, aunque no escrito, le permitió salir de prisión tras la decisión del magistrado Santiago Pedraz en la trama de los hidrocarburos. Pero la colaboración del empresario amenaza con destapar lo que realmente duele en Moncloa: la corrupción que salpica de lleno al Gobierno y al Partido Socialista.

Peramato, al servicio del relato oficial

Y ahí aparece Peramato. Según fuentes solventes, la fiscal general está dispuesta a todo, absolutamente todo, con tal de boicotear ese acuerdo. ¿El motivo? Sencillamente obsceno: si se da credibilidad al testimonio de Aldama, si se siguen sus pruebas, se admitiría de forma irrefutable que la red de mordidas y comisiones ilegales llegó hasta las más altas instancias del poder. Algo que ni Sánchez ni su núcleo duro pueden permitir.

Un peligro real, no una teoría conspirativa

«No es una exageración: existe un peligro real de que la fiscal general dé al traste con este acuerdo para limpiar la corrupción», denuncian voces autorizadas del ámbito judicial. Pero no se equivoquen: Peramato no actúa sola. Detrás de ella está quien la colocó, quien necesita a toda costa que la justicia no mire hacia ciertos lados.

Cinismo en estado puro

El mensaje es tan cínico como desesperado: mejor dejar podrir el caso, mejor enterrar la colaboración de Aldama, que asumir el coste político de una verdad que ya es vox pópuli. Mientras tanto, el PSOE de Pedro Sánchez se enroca, insulta a los jueces que no se pliegan y utiliza a la Fiscalía como un ariete político.

Oposición ausente, medios cómplices

¿Y la oposición? Ausente, como siempre. ¿Y los medios? Algunos, convertidos en meros altavoces del relato oficial. La pregunta es sencilla: ¿hasta cuándo va a tolerar este país que un Gobierno convierta la lucha contra la corrupción en una partida de billar donde solo se mueven las piezas que le interesan?

Salvar a los suyos o morir en el empeño

Al final, el plan es claro: salvar a sus corruptos o morir en el empeño. Y a juzgar por los hechos, Sánchez y su equipo están dispuestos a llevarse por delante los cimientos del Estado de Derecho antes que asumir su propia podredumbre. Ya solo le queda al presidente rematar a Montesquieu. Porque cuando la división de poderes estorba, aquí se aplasta sin miramientos.

Proverbio crítico contra Teresa Peramato:

«La fiscal que cierra los ojos ante la podredumbre no limpia el reino, lo apesta desde su sillón. Quien boicotea la verdad para salvar a sus amos, entierra su juramento y deshonra su toga para siempre.»

Firma final:
Quede constancia. La historia, aunque ellos hagan lo posible por enterrarla, no les va a perdonar.

 

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