El arte de mandar a la quinta puñeta a la sosia de la tonta del bote: cuando un joven sevillano troleó a Montero en Semana Santa con la educación de un lord y el alma de un demonio

Abr 6, 2026

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Advertencia a navegantes: esto va a doler (a unos más que a otros)

Hay momentos en la historia de España que merecen un capítulo aparte en los libros de «Cómo sobrevivir a la tontería política con dignidad y un par de cojones». Uno de ellos ocurrió esta Semana Santa en Sevilla, donde un joven, cuya identidad debería ser esculpida en bronce y colocada junto al Giraldillo, ha ejecutado el troleo más perfecto, quirúrgico y descarado que se recuerda contra la LAICA ex vicepresidenta primera y ex ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

La procesión del postureo: cuando la laicidad se va de cañas con el incienso

Porque hay que contextualizar: Montero, esa misma que repudia a los católicos desde la tribuna y defiende la laicidad más férrea cuando le viene al pelo, aparece de repente paseando entre pasos y nazarenos en la Semana Santa sevillana. ¿Postureo? ¿Necesidad de fotos para la precampaña andaluza? ¿Ansias de ver un capirote de cerca sin que le dé un síncope ideológico? El misterio queda para los analistas. Lo que nos ocupa es la obra de arte que presenciamos.

El depredador silencioso: más Jedi que nazareno

La escena: Procesión de silencio, saetas, incienso, y de repente, como un figurante que se ha colado en el cuadro de «El Gran Duque de Osuna», aparece María Jesús Montero, sonriente y solícita, dispuesta a ser vista entre los fieles. Un joven se le acerca. No es un energúmeno, no es un ultra, no va con pasamontañas ni le lanza un «¡vete a tu casa!». No. Este chaval, que debió ser educado por un maestro Jedi del arte del cabreo elegante, se acerca amigablemente. Le pide una foto con la educación de un botones del Ritz. Montero, encantada (no olvidemos que estamos en precampaña y cada selfi es un voto), asiente con la cabeza, posa. Es el momento.

El «porfa, porfa» que resonará en los anales del troleo patrio

El joven, en el mismo tono sereno, sosegado y cariñoso con el que un nieto le pide un caramelo a su abuela, suelta la frase:

«Dimite, ¿vale? Porfa, porfa.»

Silencio sepulcral en el alma de Montero. Porque ahí está la genialidad. No hubo gritos, no hubo improperios, no hubo ni un solo insulto soez. Fue un «porfa, porfa» que sonaba a cuchillo de Jamón 5J cortando la bochornosa realidad de una señora que fue la cara visible de la presión fiscal y que ahora se pasea bajo palio como si tal cosa.

La quinta puñeta elevada a categoría de museo

Esto no es un troleo. Esto es la quinta puñeta elevada a la categoría de arte. El joven no le dijo «vete a la mierda», le dijo «vete a la mierda, pero con acento sevillano, con educación y con un ‘porfa’ que desarma». Es la versión hispana del «con permiso» mientras te cuelas en el alma de la vicepresidenta.

Lo que los sociólogos no entienden (y un chaval de Sevilla sí)

Los análisis sesudos dirán que «evidencia el hartazgo de una parte importante de la sociedad». ¡Qué va! Lo que evidencia es que un chaval con dos dedos de frente ha hecho lo que muchos adultos con hipoteca no se atreven: mirar a la cara al poder, en pleno escenario de postureo religioso, y recordarle que su gestión es tan creíble como un billete de 500 euros en un puesto de churros.

El misterio de la cara de Montero (que nadie verá jamás)

Lo mejor de todo es que el vídeo no nos muestra la cara de Montero tras la petición. No sabemos si puso la sonrisa de piloto automático de la política profesional, si se le encogió algo, o si simplemente tragó saliva y esperó que el nazareno de al lado no fuera a aplaudir. Pero el daño ya estaba hecho. En el imaginario popular, ese «porfa, porfa» resuena más fuerte que cualquier discurso de investidura.

Para futuros troleros: la educación es el mejor de los insultos

Así que ya saben. Si quieren trollear a un alto cargo del Gobierno, no hagan ruido, no se estresen. Tomen nota: acérquense como si fueran a pedirle la hora, sonrían, y con la ternura de quien pide una miga de pan, suelten la verdad. Al final, mandar a alguien a la quinta puñeta no es cuestión de mala leche, sino de estilo. Y este muchacho tiene para parar un tren

Proverbio gracioso (para enmarcrar junto al capirote)

«Más vale un ‘porfa, porfa’ en Semana Santa que un ‘lo siento’ en la declaración de la renta. Porque quien pide una foto y regala un dimite, deja al poder más tieso que un paso sin costalero.»

 

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