El «ayuntamiento del amor» se convierte en el «ayuntamiento del amaño»: el vicealcalde se fabrica un puesto de funcionario a medida, mientras la concejal de Servicios Sociales también sale beneficiada. La ley dice que había que abstenerse. El código penal habla de tres delitos. Pero aquí, como son socialistas de progre corazón, todo queda en casa.
Había una vez un lugar llamado Parla, un municipio del sur de Madrid donde sus gobernantes, lejos de contentarse con los sueldos públicos y los coches oficiales, decidieron dar una clase magistral de lo que podríamos llamar «socialismo de proximidad»: lo mío es mío, y lo tuyo… también es mío.
La noticia, que debería avergonzar hasta a la más pintada de las sensibilidades políticas, ha caído como una losa sobre el PSOE, justo en un momento en que la formación trata de desmarcarse de los casos Koldo, Ábalos y otros «pequeños desajustes» familiares en la Moncloa . Pero no, señores, aquí no estamos en la política nacional de grandes entresijos. Estamos en Parla, donde la inventiva para el latrocinio menudea parece no tener límites.
Resulta que el vicealcalde, en un alarde de lo que podríamos denominar «emprendimiento público», se ha diseñado una plaza de funcionario a su medida y, cómo no, ha sido él mismo el feliz adjudicatario. Una jugada que ni el más hábil prestidigitador: yo creo el puesto, yo fijo los requisitos, yo me presento, y yo me lo adjudico. El círculo virtuoso (para él) del «yo me lo guiso, yo me lo como» . Pero la cosa no queda ahí, porque cuando el PSOE se pone, no escatima en comparsas. La concejal de Servicios Sociales, María Curiel, también habría resultado beneficiada en esta particular «reforma laboral» interna. Porque, ¿para qué están los servicios sociales sino para atender a los más necesitados? Y en este caso, la más necesitada era ella misma.
Lo más sangrante del asunto no es solo la caradura, que es de órdago, sino que la ley, esa molestia que algunos llaman «el Estado de Derecho», impone la obligación de abstenerse cuando concurra interés personal directo. Pero claro, ¿abstenerse? ¿Para qué? Si en Parla gobierna la izquierda, y la izquierda es solidaria… sobre todo con sus propios bolsillos. Los hechos, según apuntan las crónicas, podrían ser constitutivos de al menos tres delitos en el código penal . Pero no se alarmen, que seguro que encuentran a algún juez progresista que dictamine que «diseñarse una plaza» es en realidad una forma de «autoempleo juvenil» o una «medida de acción afirmativa para políticos con vocación de funcionarios».
El espectáculo, como no podía ser de otra manera, ha levantado ampollas. El Partido Popular, con Héctor Carracedo a la cabeza, ya ha solicitado un Pleno Extraordinario. Carracedo, con esa sorna que da la razón, declara estar «cansado de que el PSOE esté lleno de corrupción» . Pero ojo, que no solo el PP se queja. Los sindicatos, esos que suelen mirar para otro lado cuando el que reparte es de los suyos, también han mostrado su malestar. Incluso dos miembros del tribunal del proceso de oposición —un vocal y la secretaria— han dimitido. Cuando los que ponen las notas huyen despavoridos, algo huele a podrido en el ayuntamiento de Parla .
Y mientras tanto, la maquinaria propagandística del «todo es fango» tratará de vender que esto es una operación de la derecha mediática. Pero no, queridos lectores, esto no es fango. Esto es un lodazal en toda regla. Esto es la constatación de que, para cierta casta política, la función pública no es un servicio al ciudadano, sino una oportunidad de negocio.
Porque si algo nos ha enseñado la historia reciente del PSOE es que su relación con la corrupción es casi endémica. Desde los ERE andaluces, donde el dinero público se gastaba en cocaína, copas y prostitutas mientras se despedía a trabajadores , hasta el terrorismo de Estado de los GAL . Y ahora esto. Lo de Parla es la versión low-cost, casi cutre, del gran saqueo. Si en Andalucía se llevaron 800 millones, en Parla se conforman con una plaza de funcionario a medida. Todo un detalle de humildad.
Mientras, en el Ayuntamiento, el alcalde deberá dar explicaciones. Suponiendo que no estuviera también en la cocina, claro. Porque en este «ayuntamiento del amor», el amor propio y el interés particular han demostrado ser los únicos motores de la acción política. Que se preparen los opositores de a pie, esos casi 800 ilusos que se presentaron creyendo que el mérito y la capacidad importaban. No sabían ellos que en Parla, para ser funcionario, lo importante no es lo que sepas, sino a quién conozcas… o mejor aún, en qué partido milites.
En resumen: el «cocinero socialista y su ayudante» de Parla ha preparado un menú degustación a base de prevaricación, tráfico de influencias y malversación. Él lo guisa, él se lo come, y los parleños, a mirar. ¡Buen provecho!








