Un ‘terremoto familiar’ de 4,1 sacude las islas: «Parecía que un camión pasaba por debajo de casa»

Feb 26, 2026

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El seísmo, sentido en una treintena de municipios de Tenerife y Gran Canaria, reabre el debate sobre la actividad sísmica en las islas, aunque los científicos descartan cualquier relación con el Teide

La tierra tembló este jueves en Canarias y lo hizo con la suficiente fuerza como para que nadie lo olvide. A las 12:26 del mediodía, un terremoto de magnitud 4,1 sacudió el canal entre Tenerife y Gran Canaria, sembró de llamadas el 112 y despertó esa mezcla de fascinación y respeto que provoca sentir el suelo moverse bajo los pies.

«Estaba sentada en el sofá y, de repente, fue como si alguien lo empujara desde abajo. Mi primera reacción fue mirar las lámparas, que se balanceaban como si hubiera corriente», relata Laura, una vecina de Santa Cruz de Tenerife, aún con el susto en el cuerpo. Como ella, cientos de canarios vivieron unos segundos de incertidumbre que, afortunadamente, no pasaron a mayores.

El Instituto Geográfico Nacional (IGN) confirmó que el seísmo tuvo su origen a 10 kilómetros de profundidad, justo en la zona del Volcán de Enmedio, una estructura submarina que separa las dos islas capitalinas. La intensidad alcanzó el nivel III-IV en la escala europea, lo que significa que fue ampliamente sentido dentro de edificios, con vibración de camas y pequeños desplazamientos de objetos. En términos coloquiales: suficiente para asustar, insuficiente para dañar.

¿Temblor de tierra o aviso de la naturaleza?

Lo curioso del caso es que este movimiento telúrico llega en un momento de especial sensibilidad sísmica en el archipiélago. Durante las últimas semanas, los enjambres de terremotos en Las Cañadas del Teide habían puesto en alerta a la comunidad científica y a una población que todavía recuerda la larga crisis sísmica de El Hierro en 2011.

Sin embargo, los expertos han sido tajantes: no mezclemos churras con merinas.

«Se trata de sistemas diferentes y desvinculados», aclaró Luca D’Auria, director técnico del Involcan, en declaraciones posteriores al seísmo. Mientras que la actividad en el Teide responde a movimientos de fluidos en el interior del volcán (agua y gases), el temblor de este jueves es lo que los geólogos llaman un «terremoto tectónico». Vamos, que la tierra se resquebraja por puro desgaste, no porque el magma esté llamando a la puerta.

El propio D’Auria lo definió como un fenómeno «fisiológico» para Canarias. Y no le falta razón. La zona del Volcán de Enmedio es una máquina de hacer temblores. De los cerca de 2.000 seísmos que se registran al año en el archipiélago, aproximadamente la mitad nacen en este punto. Es el eterno roce entre Tenerife y Gran Canaria, dos colosos que, según una de las teorías más aceptadas, se estarían acercando milimétricamente con el paso de los siglos.

Historia que se repite

Para los más asustadizos, los científicos han sacado la libreta de efemérides. Y es que esto ya ha pasado antes, con más intensidad incluso.

En mayo de 1989, un terremoto de magnitud 5,3 puso a prueba los nervios de toda una generación. Fue el más fuerte registrado en esta zona y, aunque causó alarma, tampoco dejó secuelas. Más recientemente, en enero de 2019, otro seísmo de 4,2 recordó a los canarios que viven en una tierra joven y geológicamente activa.

El de este jueves, con sus 4,1 grados, se sitúa en esa misma liga de temblores «para recordar quién manda aquí abajo», ironizaba un usuario en redes sociales.

Réplicas y recomendaciones

Los sismógrafos no descansan. Y si la tierra se ha movido una vez, es probable que lo vuelva a hacer. Horas después del evento principal, el IGN ya había registrado una réplica de magnitud 2,0 a 4 kilómetros de profundidad. «Es completamente normal», aseguran desde el organismo, que mantiene su vigilancia rutinaria sin alterar los niveles de alerta.

Mientras tanto, las recomendaciones de seguridad son las de siempre: si tiembla, agáchese, cúbrase y sujétese. Aléjese de ventanas. Y después, compruebe si hay heridos, cierre el gas y, sobre todo, no colapse las líneas telefónicas con llamadas innecesarias. El 112 ya sabe lo que ha pasado.

Porque lo de este jueves no fue un aviso, ni una advertencia volcánica, ni el preludio de una catástrofe. Fue, simplemente, el recordatorio de que Canarias sigue viva. Temblorosa, pero viva.

Y SI EL TEIDE DESPIERTA… ¿QUÉ PASARÍA?

La pregunta flota en el ambiente cada vez que la tierra ruge. Si bien los científicos han sido claros en que el terremoto de este jueves no tiene nada que ver con el Teide, lo cierto es que el volcán más emblemático de España duerme con un ojo abierto. Y los planes de emergencia llevan años diseñando el escenario de un posible despertar.

Los estudios más rigurosos sobre la amenaza volcánica en Tenerife, desarrollados en el marco de proyectos europeos como EXPLORIS y VUELCO, han puesto el foco en una zona concreta: los valles del norte de la isla . Allí, municipios como Icod de los Vinos, La Guancha y San Juan de la Rambla, que suman más de 35.000 habitantes, serían los primeros en la línea de fuego si el complejo Teide-Pico Viejo decidiera desperezarse.

El escenario más probable: coladas de lava y piroclastos

Los vulcanólogos llevan años simulando por ordenador lo que ocurriría si el Teide entrara en erupción. Y los modelos no dejan lugar a dudas: las coladas de lava, esos ríos de roca fundida que todo lo arrasan a su paso, buscarían el camino más fácil hacia el mar. Ese camino se llama Valle de Icod.

Pero el peligro no sería solo la lava. En una erupción de tipo explosivo, la caída de piroclastos (ceniza y fragmentos de roca) podría cubrir extensas áreas, afectando cultivos, redes de comunicación, suministro de agua y electricidad . Los flujos piroclásticos, esas avalanchas de gas y material incandescente que bajan a toda velocidad por las laderas, son otra de las grandes amenazas contempladas en los mapas de peligrosidad.

«La metodología que hemos desarrollado permite estimar los daños esperados en edificios e infraestructuras», explican los autores de uno de los estudios más completos sobre la vulnerabilidad de Tenerife ante una erupción . No se trata solo de saber por dónde bajaría la lava, sino de anticipar cómo afectaría eso a carreteras, tendidos eléctricos y, en definitiva, a la vida de las personas.

No solo el Teide: los dorsales también amenazan

El peligro no se limita al volcán central. Tenerife tiene dos «rifts» o dorsales volcánicas activas: la del Noroeste y la del Noreste. De hecho, la mayoría de las erupciones de los últimos miles de años en la isla no han salido por la boca del Teide, sino por grietas laterales en estos dorsales, especialmente en el Noroeste.

Eso significa que una erupción podría abrirse paso en zonas como Santiago del Teide o incluso más cerca de áreas turísticas y densamente pobladas. Los mapas de peligrosidad del IGME ya señalaban en 2006 estas zonas como susceptibles de apertura de nuevos centros eruptivos.

Baja probabilidad, pero preparación constante

Los expertos lo repiten con matiz de mantra: la probabilidad de una erupción en el Teide a corto plazo es muy baja. La última vez que el volcán central entró en erupción fue hace más de 1.200 años, y las erupciones históricas en la isla (como la de Chinyero en 1909) han sido de carácter fisural y basalto, mucho menos explosivas.

Sin embargo, la lección del terremoto de este jueves es clara: en Canarias, vivir es sinónimo de convivir con la geología. Y los científicos siguen vigilando, modelando y actualizando esos mapas que, de momento, solo existen en los ordenadores de los vulcanólogos y en los planes de protección civil. Por si acaso.

 

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