A Pedro Sánchez le crecen los enanos: primero fueron los secretarios generales imputados, ahora es su íntimo amigo con testaferros costarricenses
No hay metáfora más exacta para definir a Pedro Sánchez que la de un rey destronado rodeado de bufones. Pero lo que le crece al presidente no son enanos, son cadáveres putrefactos que arrastra de su pasado. El último en salir del armario putrefacto de Ferraz se llama Borja Cabezón, su «íntimo amigo», su pegamento en la sombra, el hombre al que ha colocado en todos los chiringuitos imaginables mientras este montaba una estructura fiscal con testaferros costarricenses para no pagar impuestos. La pregunta ya no es si el PSOE es un nido de corrupción. La pregunta es: ¿queda algún militante que no haya defraudado a Hacienda mientras Sánchez le daba un mando?
Si la política española fuera un país serio, esta misma mañana Borja Cabezón estaría haciendo las maletas en Ferraz y Pedro Sánchez convocaría una rueda de prensa para pedir perdón por haber puesto a un presunto defraudador al frente de la Secretaría de Transparencia. Pero no. Esto es la España del sanchismo, donde la coherencia murió de vergüenza allá por 2018 y donde los cargos se regalan como cromos a cambio de lealtad inquebrantable.
La información destapada por El Confidencial no admite matices: Cabezón controló durante años una telaraña societaria diseñada con una única finalidad: escurrir el bulto a la Agencia Tributaria. Y no lo hizo con una simple cuenta en Andorra, no. Lo hizo con la sofisticación del delincuente de cuello blanco que sabe que la impunidad se construye con capas y capas de intermediarios.
El menú del defraudador: cartero costarricense, empresa fantasma londinense y un amigo en las listas
Analicemos el banquete que se ventilaba el íntimo de Sánchez mientras el presidente arengaba a las masas sobre justicia fiscal. El menú incluye:
- Vatnet Proyectos 2010: Sociedad española radicada en el céntrico Paseo de Pintor Rosales, propiedad en un 20% de Alejandro Molina Allende, amigo personal de Cabezón y su suplente en las listas de Majadahonda.
- Glengrove Limited: Sociedad fantasma domiciliada en Londres sin actividad real, pero propietaria del 80% de la anterior.
- Bernal Zamora Arce: Cartero costarricense de 58 años, testaferro profesional. Su currículum incluye apariciones estelares en las tramas de corrupción de Francisco Granados (PP) y del actor Imanol Arias.
- Christian Vega Paniagua: Asesor costarricense, mismo oficio, misma catadura.
El mecanismo era de una belleza perversa: los ingresos reales los generaba la empresa española. Pero al operar bajo la figura jurídica de una Agrupación Económica de Interés Europeo (AEIE), el 80% de los beneficios se desviaban a Reino Unido a través de Glengrove, donde la tributación era prácticamente inexistente. En España solo declaraban por el 20%. Limpio, sencillo y profundamente delictivo.
Esto no es ingeniería fiscal, es evasión de manual. Esto es lo que hace el rico que no quiere pagar lo que debe, mientras desde la tribuna del Congreso los diputados de Sánchez votan subidas de impuestos a las clases medias y trabajadoras.
El currículum del impresentable: la carrera imparable del amigo del presidente
Lo que hace especialmente vomitivo este caso es que Cabezón no es un militante raso al que Sánchez haya tenido que soportar. Es su hombre. Su fontanero. Su pegamento. Su «íntimo». Repasemos el escalafón de este defraudador de diseño:
- Director del Departamento de Análisis y Estudios de La Moncloa.
- Director de Asuntos Nacionales en Presidencia del Gobierno.
- Consejero delegado de la Sociedad Mercantil Estatal de Infraestructuras Agrarias (Seiasa).
- Embajador para la COVID-19 (sí, existió ese chiste con sueldo).
- Y finalmente, el colmo de la desfachatez: Adjunto a la Secretaría de Organización del PSOE y responsable de Transparencia.
Lean bien la última línea. El hombre que escondía su dinero con la ayuda de un cartero costarricense es, hoy por hoy, el máximo responsable de velar por la transparencia en el partido que gobierna España. Es como nombrar a Pablo Escobar jefe de la DEA. Es un esperpento de tal calibre que ni Valle-Inclán lo hubiera firmado.
El predicador y el pecador: la doble vida de Borja Cabezón
Por si el entramado fiscal no fuera suficiente, la hemeroteca nos regala la guinda del pastel hipócrita. En 2014, mientras Cabezón ya operaba su estructura de evasión, escribía en su blog soflamas incendiarias contra «las políticas de derechas de la Unión Europea», que a su juicio permitían un fraude fiscal «cada vez más alarmante».
El cinismo tiene nombre y apellidos. El hombre que utilizaba una figura jurídica europea para no pagar impuestos en España denunciaba a los mismos que se la proporcionaban. El hombre que contrataba testaferros con pasado en tramas del PP criticaba a la derecha. El hombre que escondía su patrimonio predicaba justicia social.
Si esto no es la definición exacta de «progre de salón con cuenta en paraíso fiscal», que venga Dios y lo vea.
La defensa patética del PSOE: el ridículo como estrategia
Cuando los periodistas llamaron a Ferraz, la respuesta fue tan previsible como insultante. Una portavoz oficial del partido salió a asegurar que Cabezón «no tiene acción, ni participación alguna directa o indirecta en sociedad mercantil extranjera» y que «sus activos son públicos, notorios, reconocidos y declarados».
Claro que no tiene participación directa, genios. Para eso están los testaferros. Para eso está el cartero de Costa Rica. Para eso está la sociedad fantasma de Londres. La defensa del PSOE viene a ser: «Mi amigo no ha robado, solo contrató a tres intermediarios para que nadie supiera que estaba robando». Es tan burdo que duele.
Pero no esperen que Sánchez haga lo que prometió en 2018. Aquel tuit en el que afirmaba que «si alguien en mi partido tiene una sociedad interpuesta para pagar la mitad de impuestos, estará fuera al día siguiente» se ha convertido en la prueba irrefutable de que sus palabras valen exactamente lo mismo que su ética: absolutamente nada.
¿Y ahora qué? La impunidad del amigo del presidente
El Partido Popular ya ha anunciado que pedirá explicaciones, pero sabemos cómo funciona esto. Sánchez blindará a su amigo. Lo mantendrá en el cargo. Y dentro de unos meses, cuando el ruido mediático se calme, Cabezón será ascendido a algo aún más relevante. Porque en la corte del sanchismo la lealtad se paga con impunidad.
Lo más grave de todo esto no es que Borja Cabezón haya defraudado. Es que lo hizo mientras ocupaba cargos de responsabilidad pública. Lo hizo mientras cobraba del Estado. Lo hizo mientras predicaba moralidad desde los balcones de Ferraz. Y lo hizo con la absoluta certeza de que su amigo presidente le cubriría las espaldas.
España no es un país serio. España es un país donde el responsable de transparencia del partido del Gobierno utiliza testaferros costarricenses para esconder su dinero. España es un país donde un presidente que prometió mano dura contra los defraudadores coloca a uno de ellos en la cúpula de su partido. España es un país donde la palabra «ética» se ha convertido en un chiste que se cuentan Sánchez y sus íntimos mientras brindan con champán en La Moncloa.
Que le pregunten al cartero de Costa Rica. Él sabe bien quiénes son los amigos del presidente. Y sabe también que, en este país, los amigos del presidente nunca pagan.









