
Y mientras tanto, Iker Jiménez, con esa elegancia que le caracteriza, responde invitando a Sánchez a su programa para hablar de bulos y desinformación . Pero claro, aceptar esa invitación sería someterse al escrutinio de un periodista al que acaban de crucificar. Mejor señalar desde la tribuna y dejar que los ratas chepudas hagan el trabajo sucio.
Lo que subyace en este esperpento es el miedo atávico del poder a la libertad de expresión. Porque cuando un periodista —hable de ovnis, de política o de setas alucinógenas— se convierte en incómodo, lo fácil es descalificar su trayectoria, ningunear su profesión y, finalmente, pedir una ley que lo silencie. Y si para eso hay que formar una alianza impropia entre el presidente del Gobierno y un exvicepresidente que se odian cordialmente, pues se hace. El enemigo común —la libertad de prensa— une más que cualquier programa electoral.
La libertad de prensa, ese estorbo. Ese derecho fundamental que tanto incomoda cuando se ejerce sin permiso. Esa molestia que obliga a los gobiernos a dar explicaciones. Ahora resulta que el problema no es que haya periodistas que investiguen, que pregunten, que incomoden. El problema es que tengan audiencia. El problema es que la gente los escuche. Y para eso, nada mejor que una buena ley que ponga a cada cual en su sitio: los periodistas de verdad, en los informativos oficiales; los charlatanes, a la calle. Y el poder, tan tranquilo, sin preguntas incómodas.
La propuesta de Iglesias, respaldada por el presidente, no es sino la constatación de algo que muchos llevamos tiempo denunciando: en España se está fraguando una gran coalición para controlar el relato. Una alianza de conveniencia entre el sanchismo y el podemismo para construir un relato único, blindado contra las críticas, impermeable a la realidad. Y para ello están dispuestos a sacrificar lo que sea: la pluralidad informativa, la libertad de expresión, y hasta la coherencia más elemental.
Porque, al final, ¿qué es más peligroso para la democracia? ¿Un periodista que habló de ovnis y ahora opina de política, o un político que habla de democracia mientras diseña mordazas? Juzguen ustedes. Pero háganlo rápido, antes de que una nueva ley les prohíba opinar sin la debida acreditación democrática.









