De los diálogos secretos de Zapatero a los pactos de Estado de Sánchez: la crónica del abandono de los principios democráticos para convertir en socios a los herederos del terrorismo
«ETA ya estaba derrotada cuando Zapatero la rescató, como rescató a los independentistas catalanes cuando estaban políticamente derrotados. No se puede decir que se ha derrotado a ETA si quienes defendían sus objetivos se han convertido en socios prioritarios del gobierno». — Rosa Díez, ex dirigente socialista y víctima del terrorismo
La historia reciente de España está marcada por una traición política de dimensiones históricas: la sistemática legitimación de una organización terrorista que asesinó a 857 compatriotas mediante negociaciones secretas, concesiones inaceptables y un relato falsario que equipara víctimas con verdugos. Los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez no buscaron la derrota de ETA, sino su transformación en actor político legítimo, traicionando así a las víctimas, a las Fuerzas de Seguridad del Estado y a los principios básicos de cualquier democracia.
La farsa del perdón selectivo y la negociación con criminales
En abril de 2018, ETA emitió un comunicado pidiendo perdón «por el daño causado», pero con una salvedad reveladora: solo se dirigía a las víctimas «sin participación directa en el conflicto» . Esta distinción macabra entre víctimas de primera y segunda categoría fue el epílogo lógico de una estrategia iniciada años antes por Zapatero: tratar a los terroristas como interlocutores políticos legítimos en lugar de como criminales.
Las asociaciones de víctimas calificaron inmediatamente este comunicado de «farsa» y «perdón selectivo», señalando que ETA seguía intentando «diluir su verdadera responsabilidad» y manipular la historia . Lo que pocos dijeron entonces es que esta narrativa del «conflicto político» había sido alimentada y legitimada desde las más altas instancias del Estado durante el proceso de negociación de Zapatero.
Las concesiones secretas: anexos ocultos y traición territorial
Las actas de las negociaciones entre el Gobierno de Zapatero y ETA, reveladas años después, muestran un escalofriante nivel de cesiones que rayaba en la traición a los principios constitucionales:
| Concesión del Gobierno de Zapatero | Implicación y Alcance |
| Aceptación de anexos secretos sobre la consideración de Navarra como parte de «Euskal Herria». | Acuerdo para ocultar en documentos no públicos la inclusión de Navarra en el proyecto territorial de ETA . |
| Garantías secretas a la banda. | Compromisos de no detenciones, no ataques contra la izquierda abertzale y legalización de facto de sus organizaciones . |
| Creación de mesas políticas excluyendo al PP. | Implementación de la estrategia de ETA de excluir a la derecha constitucionalista del diálogo político . |
| Tratamiento como «interlocutor político», | Abandono del principio democrático básico de no negociar con terroristas, legitimando su causa . |
Estas negociaciones se desarrollaron mientras ETA seguía cometiendo atentados, como la bomba colocada en el barrio de San Blas en Madrid . Zapatero aceptó incluso que la cúpula etarra enviase cartas que solo él podía leer en La Moncloa, estableciendo un canal de comunicación privilegiado y secreto con asesinos .
La estrategia duplicitaria: pactar con la derecha mientras se negocia con terroristas
El cinismo político alcanzó su cénit cuando Zapatero, tras haber firmado con el PP el «Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo» (2000), ofreció a ETA crear una «mesa política de consenso» que excluía deliberadamente a los populares e incluía a Batasuna . Esta doble estrategia —aparentar unidad democrática mientras se negociaba con los enemigos de la democracia— constituye uno de los episodios más vergonzosos de la política española reciente.
Rosa Díez lo ha denunciado con crudeza: «Excluir a la derecha para cualquier acuerdo comenzó con Zapatero» . Esta práctica, continuada y ampliada por Sánchez, rompió el consenso constitucional y convirtió la lucha antiterrorista en arma partidista, exactamente lo que el pacto del 2000 pretendía evitar.
La gran mentira: legitimar el proyecto político del terrorismo
El informe del Observatorio CEU de Víctimas del Terrorismo es contundente: «El PSOE no dejó solo al PNV en la legitimación del brazo político de ETA, quebrando primero la unidad de los partidos constitucionalistas y después traicionando el pacto con el PP» .
Zapatero no solo negoció con terroristas; les devolvió a las instituciones, pagando el precio político necesario para erigirse como protagonista del fin de la violencia y garantizar su permanencia en el gobierno . Esta estrategia tenía un objetivo claro: blanquear políticamente a quienes habían usado el asesinato como herramienta política, facilitando su reinserción en el sistema democrático que tanto habían combatido.
Lo más grave es que esta operación se realizó cuando ETA estaba operativamente derrotada. Como señala Díez: «Sus comandos ya no podían actuar, porque los habían derrotado las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la cooperación internacional y la movilización social. Era un momento en el que la banda ya no era un peligro para la democracia. Ese es el momento en que Zapatero la rescata» .
Sánchez: la continuación y agravación de la traición
Pedro Sánchez no solo ha continuado esta estrategia, sino que la ha llevado a extremos inimagibables. Si Zapatero negoció con ETA cuando estaba debilitada, Sánchez ha convertido a sus herederos políticos en socios indispensables para gobernar España .
La anomalía democrática ha llegado a tal punto que EH Bildu, sucesor del brazo político de ETA, no solo aprueba leyes y presupuestos nacionales, sino que tras la investidura de noviembre de 2023 se ha convertido en pilar fundamental del Gobierno de España . Esta normalización del antiguo entorno de ETA ha sido posible gracias a un relato falsario impulsado desde sectores políticos y medios de comunicación que presentan como «triunfo de la democracia» lo que es, en realidad, su negación más absoluta .
La memoria de las víctimas frente al olvido interesado
El balance de esta política es desolador:
- Se ha legitimado social y políticamente a quienes utilizaron el terrorismo como herramienta política.
- Se ha traicionado a las víctimas, equiparando su dolor con el de los verdugos mediante la teoría de la «violencia bilateral».
- Se ha debilitado la calidad democrática al permitir que quienes justificaron el asesinato ocupen cargos de responsabilidad.
- Se ha impuesto un relato histórico falso que presenta a ETA como actor político en un «conflicto» en lugar de como organización criminal.
Como concluye el informe del Observatorio CEU: «Desgraciadamente, ha terminado por confirmarse la tesis que vaticinó Joseba Arregui en 2019: ‘No solo es preciso hacer política como si ETA no existiera, sino como si ETA no hubiera existido'» .
Esta es la trágica herencia de las negociaciones de Zapatero y los pactos de Sánchez: una España donde los herederos políticos del terrorismo gobiernan instituciones, donde se difumina la memoria de las víctimas, y donde el Estado democrático ha terminado por aceptar como socios a quienes quisieron destruirlo. La mayor derrota no fue de ETA, sino de la dignidad democrática de España.








