El CIS de Tezanos pinta una España paralela donde nada cambia (salvo lo que conviene)
Año nuevo, datos idénticos. En el circo político nacional, cada estreno mensual del barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se ha convertido en un ritual predecible: una función de magia estadística donde la «realidad» se pliega con devota precisión a los intereses narrativos del Gobierno. Bajo la batuta del sociólogo y exdirigente socialista José Félix Tezanos, el organismo que debería ser un termómetro fiable de la calle parece haberse transformado en un termostato, ajustado para mantener siempre una temperatura política confortable para Moncloa.
El último acto de esta farsa, correspondiente a enero de 2026, ofrece una vez más un paisaje de una estabilidad biótica. Mientras España debate una financiación autonómica explosiva y el PSOE trata de digerir su varapalo en Extremadura, el CIS nos muestra un país en estado de hibernación política. El partido de Pedro Sánchez, según la encuesta, mantendría una ventaja de 8.7 puntos sobre un Partido Popular que, aparentemente, ha decidido dejar de hacer campaña. Resulta reconfortante, y casi milagroso, que en medio de la tormenta, el barco gubernamental no sólo no se mueva, sino que gane tres décimas.
La Cocina del Barómetro: Del Crudo al Guiso Final
El verdadero espectáculo no está en los titulares, sino en la trastienda metodológica. Aquí es donde la «ciencia» sociológica se transmuta en alquimia política. El proceso es tan transparente como opaco:
- El Crudo (Intención Directa de Voto): Los encuestados, con sus veleidades y sinceridades imprevisibles, dan su primera respuesta. Es el dato peligroso, el que puede contener sorpresas desagradables.
- El Ajuste (Estimación de Voto): Aquí entra la «cocina». A través de un modelo matemático-propietario (un secreto de Estado tan bien guardado como la receta de la Coca-Cola), ese dato crudo se sazona, se cuece y se guisa. El resultado final es un plato presentable, donde los picos se suavizan, las caídas se amortiguan y las subidas incómodas se frenan en seco. El caso de Vox es el ejemplo pedagógico: según el propio CIS, su intención directa de voto subió 1.4 puntos. Tras pasar por la licuadora de la estimación, ese crecimiento se reduce a una décima anecdótica (17.7%). Un milagro estadístico que salva la narrativa de la contención de la extrema derecha. La pregunta del millón es: ¿se «ajusta» con la misma intensidad a todos los partidos?
La Realidad Paralela del CIS vs. El Mundo Real
El barómetro no es sólo un documento sociológico; es un ejercicio de realismo mágico institucionalizado. Mientras la encuesta habla, la calle grita otra cosa:
| En la España del CIS (Enero 2026) | En la España Real (Contexto Inmediato) |
| El PSOE gana estabilidad y sube a 31.7%. | El PSOE pierde catastróficamente Extremadura (dic. 2025), una de sus fortalezas históricas. |
| La economía personal es «buena» para el 64.4%. | La vivienda es el principal problema nacional para un récord del 42.6% de españoles. |
| Pedro Sánchez es el líder más preferido para presidente (24.5%). | La valoración media de Sánchez es de 4.13 sobre 10 (suspendido). |
| Se Acabó la Fiesta (SALF) cae al 1.8%. | El mismo barómetro le dio un 2.4% récord el mes anterior. ¿Capricho estadístico?. |
Esta divergencia no es un error; es la esencia del producto. El CIS de Tezanos ha perfeccionado el arte de construir una realidad amortiguada, donde las malas noticias para el Gobierno llegan filtradas, diluidas en un mar de estabilidad artificial. Es el único lugar del universo conocido donde un partido puede sufrir una debacle electoral un mes y salir reforzado en las encuestas nacionales al siguiente.
El Tragaluz de la Legitimidad: Un Órgano en Estado de Gracia Permanente
Lo más grave no son los números, sino la pérdida catastrófica de credibilidad. Un centro de investigaciones que debería ser un faro de neutralidad es hoy, a ojos de media España, la oficina de prensa avant-garde de La Moncloa. Cada barómetro se publica entre el ridículo y la indignación de analistas y rivales políticos, que señalan las contradicciones flagrantes con otros sondeos y, sobre todo, con la evidencia palpable de la calle.
El culto a la personalidad dentro del propio barómetro es la guinda del pastel. A pesar de que ningún líder político aprueba (Sánchez saca un 4.13), se le sigue presentando como el más «preferido». Y, en un giro tragicómico, el único miembro del Gobierno que aprueba es el ministro de Economía, Carlos Cuerpo (5.27), como si el CIS intentara lanzar un mensaje de «el problema no es el capitán, sino algunos marineros».
El Espejo Roto
El barómetro de enero de 2026 no es una fotografía de España; es un retrato oficial encargado por el poder. Es la visión de un país tranquilo, estable y satisfecho que sólo existe en los tabulados del CIS y en los comunicados del PSOE. Mientras, en la España real, la gente se ahoga con las hipotecas, observa con preocupación la inestabilidad internacional y castiga al partido gubernamental en las urnas cuando tiene la oportunidad.
La obra de Tezanos ya no engaña a nadie. Es un ejercicio de propaganda costosa (4.006 entrevistas por mes) que sirve más para calmar la ansiedad del Palacio que para informar a la ciudadanía. En el gran teatro de la democracia española, el CIS ha dejado de ser el crítico para convertirse en un actor más, con un guion fijo: «Sin novedad en el frente, mi capitán». El problema es que fuera del teatro, el frente arde. Y el humo, antes o después, siempre se cuela por las rendijas.









