El circo del alquiler donde el Gobierno es payaso, domador y público a la vez
No se sabe si el Palacio de la Moncloa ha sido infectado por un virus de esquizofrenia política o si, simplemente, han decidido sustituir el consejo de ministros por una función de teatro del absurdo. El último acto, el llamado ‘decretazo’ del alquiler de Pedro Sánchez, es una obra maestra de la autorrefutación gubernamental, donde el Ejecutivo declara la guerra a sus propias políticas mientras sus socios movilizan a la ciudadanía contra ellos. Es el «Gobierno contra el Gobierno», un espectáculo bochornoso que hace parecer a Kafka un autor de literatura realista y a Maquiavelo, un principiante.
Un Decreto Fantasma: Anunciar lo Inaplicable para Ocultar la Inacción
Sánchez ha desplegado toda la artillería mediática para anunciar una bonificación del 100% en el IRPF a los propietarios. La estrategia es tan cínica como transparente: hacer ruido con una medida técnicamente compleja, socialmente regresiva y parlamentariamente inviable, para que el fracaso final pueda atribuirse a la «ingobernabilidad» y a la «deslealtad» de sus socios.
- La Gran Mentira de la «Ayuda a los Inquilinos»: Regalar dinero público –procedente de los impuestos de todos– a los propietarios, no es una política de vivienda. Es una transferencia de renta hacia arriba, un cheque en blanco a la clase rentista con la vaga esperanza de que no abusen. Como si un león, ante un filete, decidiera voluntariamente volverse vegetariano. Es una ofensa a la inteligencia y una burla a quienes pagan más de la mitad de su sueldo en alquiler.
- La Farsa de la Negociación: Sumar, el socio de gobierno, se enteró por la prensa. Este «detalle» no es un fallo de protocolo; es la esencia del método. Se gobierna por sorpresa y por titulares, buscando el shock mediático en lugar del consenso. Es la política como marketing de combate, donde el adversario no es la oposición, sino tu propio vicepresidente.
Sumar: El Socio que Organiza la Rebelión Popular contra su Propio Gobierno
La respuesta de Yolanda Díaz y Sumar ha sido la única lógica en este paisaje demente: llamar a la movilización en la calle. Es un momento histórico grotesco: una vicepresidenta segunda del Gobierno convoca protestas contra las medidas anunciadas por el presidente de su mismo Gobierno. Esto no es disidencia; es el autogol institucionalizado.
Lo verdaderamente revelador, sin embargo, es el tono de su crítica. Cuando dicen que las medidas «no responden al sentimiento ciudadano«, lo que realmente están diciendo es: «Nosotros, dentro del mismo Ejecutivo, no representamos esta barbaridad«. Es la constatación oficial de que el Gobierno de coalición es un matrimonio de conveniencia roto, donde los socios ya ni se hablan, sino que se comunican a través de mitines y ruedas de prensa.
El Manual del Perfecto Inútil: Cómo Crear un Problema para No Resolverlo
El análisis de esta crisis es un ejercicio de perplejidad:
- El Problema Real: 600.000 (o 1,6 millones, da igual) familias a punto de ser desalojadas o asfixiadas por una subida de alquiler.
- La Solución del PSOE: Dar una ventaja fiscal a quien tiene propiedades (el grupo de renta más alto) y rezar para que sea caritativo. Una solución de mercado para un fracaso del mercado. Es como apagar un incendio con gasolina, pero con una bonificación fiscal por usar gasolina de alto octanaje.
- La Solución de Sumar (la que no aplican): Una prórroga automática, obligatoria, por ley. Algo que está en su mano proponer, defender y forzar con su voto en el Consejo de Ministros. Pero no lo hacen. Prefieren el papel cómodo del crítico virtuoso, del aliado traicionado, antes que asumir el coste de una ruptura que les dejaría sin poltrona.
Aquí no hay buenos y malos. Hay dos socios atrapados en un baile de hipocresías. El PSOE, aplicando recetas neoliberales con retórica progresista. Sumar, gestionando la indignación desde el sillón de la vicepresidencia, llamando a la revuelva en la calle mientras siguen cobrando sus sueldos de un Gobierno al que sabotean. Es la izquierda caviar en su máxima expresión: champagne en el Consejo de Ministros y consignas revolucionarias en Twitter.
El Régimen del Caos Calculado
Este falso conflicto tiene un ganador: Pedro Sánchez. En la escuela de Maquiavelo, el príncipe debe saber gestionar el conflicto para emerger como el único elemento de estabilidad. Sánchez ha creado un enemigo interno (Sumar) al que puede señalar como el obstáculo para «sus» soluciones. Cuando el decreto caiga –por su inviabilidad o por su propio veto–, él podrá alzarse como el estadista que lo intentó, frustrado por los radicales de su coalición.
Es un juego perverso de cortina de humo. Mientras discutimos sobre un decreto fantasma, no hablamos de la especulación financiera que acapara viviendas, del colapso de la vivienda pública o de la ley de vivienda incumplida. Se ha montado un circo político para que nadie mire al elefante en la habitación: que este Gobierno ha renunciado a transformar el mercado de la vivienda y solo gestiona, con estrépito y mala fe, su propio declive.
Al final, entre el laberinto kafkiano de la burocracia y el cinismo maquiavélico del poder, la ciudadanía no es el sujeto político, sino el público obligado a ver su propio desahucio convertido en un reality show gubernamental. El verdadero «decretazo» no es sobre el alquiler; es el decreto de la impotencia, firmado por quienes prometieron cambiarlo todo para, al final, dedicarse solo a gobernarse a sí mismos hacia el abismo.









