El arte de la venta ambulante política alcanza su obra maestra en La Moncloa
En una brillante lección de geometría política creativa, el Gobierno ha demostrado que una «línea roja» no es más que un garabato borrable en la arena cuando el precio es el adecuado. El presidente Pedro Sánchez ha mapeado una nueva España donde la igualdad entre ciudadanos es un concepto tan flexible como los principios de quienes la gobiernan. A cambio del cálido abrazo de un condenado por malversación, el Ejecutivo ha emitido un cheque en blanco de 4.700 millones de euros procedente del bolsillo de todos los españoles, en una operación de ingeniería financiera que deja en mantillas a los ilusionistas más prestigiosos.
El afamado mago de La Moncloa ha vuelto a sacar de la chistera un acuerdo que, en sus propias palabras, hace que «nadie pierda y todos ganen». Un milagro matemático solo comprensible en el universo paralelo donde residen sus socios de gobierno. Mientras, en el mundo real, presidentes autonómicos socialistas como Emiliano García-Page observan, atónitos, cómo su partido vende como churros el principio de igualdad que juró defender, lamentando entre dientes que «se ha saltado la línea roja». Una línea que, al parecer, estaba dibujada con tinta invisible.
El «inhabilitado de honor» dicta la política fiscal nacional
En un giro tragicómico que ni el guionista más audaz se atrevería a proponer, Oriol Junqueras – ciudadano privado de derechos para ocupar cargos públicos por sentencia firme – no solo negocia como un jefe de Estado, sino que impone con éxito el principio de ordinalidad a la financiación autonómica. La Justicia puede inhabilitarle, pero su poder real es tan inmenso que redacta la política económica nacional desde la sombra. El Tribunal Constitucional, en un alarde de coherencia, consideró que su inhabilitación no le causaba un «perjuicio irreparable». Y razón no le faltaba: ¿qué perjuicio hay cuando se manejan miles de millones desde el sofá de casa?
El líder de ERC, con la elegancia de un magnate que regatea un yate, anunció el botín: 4.700 millones extra para Cataluña. La generosidad, sin embargo, tiene límites: su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado sigue en huelga, a la espera de que el Gobierno escarbe más hondo en el arcón de las cesiones. La estrategia es clara: por cada «no» a los PGE, un cheque con ceros adicionales. Una relación clientelar que haría ruborizarse a un cacique de la Restauración.
El PP, indignadísimo (hasta la próxima oportunidad)
La oposición conservadora, encabezada por el virtuoso de la coherencia Alfonso Fernández Mañueco, ha anunciado con estruendo que recurrirá este «escándalo» ante el Tribunal Constitucional. El mismo partido que gestiona comunidades con políticas sociales raquíticas y recorta en servicios esenciales descubre, de pronto, el sagrado principio de la igualdad territorial. Su indignación, tan sincera como efímera, se evaporará cuando les toque a ellos repartir prebendas a sus socios. Mientras, acusan a Sánchez de liderar una «pirámide de corrupción», en un ejercicio de proyección psicológica que Freud estudiaría con devoción.
El lenguaje bélico no es casual: «en pie de guerra», «línea roja», «recurso al TC». Un melodrama necesario para ocultar que el verdadero conflicto no es ideológico, sino de subasta. El mensaje a los votantes es claro: «Nosotros os defenderemos de que ellos den más a sus socios, para poder dar más a los nuestros cuando nos toque». Una lucha nobilísima, sin duda.
España, tierra de oportunidades (para unos pocos)
El espectáculo concluye con una enseñanza valiosa para las nuevas generaciones: en España, la condena judicial no impide el liderazgo político, la igualdad es un juguete roto en el trastero de los principios y los 4.700 millones de euros aparecen por arte de magia cuando un gobierno necesita sobrevivir otro día. Mientras, el ciudadano medio paga el recibo de la luz, la compra y ahora también la factura de la pantomima política que se desarrolla en su nombre.
El único principio que sobrevive intacto es el de ordinalidad: siempre habrá unos primeros en la cola del dinero público y otros últimos. La noticia hoy es que Sánchez y Junqueras han decidido quiénes ocupan los puestos de honor. Mañana, otros. El circo, mientras, sigue abierto.









