El testimonio de las denunciantes: un patrón de comportamiento en el poder
Los testimonios detallados de las mujeres que trabajaron bajo las órdenes de Paco Salazar, antiguo secretario general de Coordinación Institucional en Moncloa, describen un ambiente laboral irrespirable marcado por comportamientos sexualizados y abuso de poder. Según las denuncias presentadas en el canal interno del PSOE en julio, Salazar utilizaba un «lenguaje hipersexualizado hasta para dar los buenos días» y sometía a sus subordinadas a situaciones que califican de «humillantes y traumáticas».
Las acusaciones incluyen comentarios sobre la apariencia física de las empleadas, como pedirles que le «enseñaran el escote» o señalar «el buen culo que te hacía ese pantalón». También se describen actos más explícitos, como salir del baño «a medio vestir y no subirse la cremallera hasta que estaba cerca de tu cara» o «escenificar una felación con todo lujo de detalles» en medio del despacho. Una de las denunciantes resume la actitud de Salazar afirmando que «él sabía cuándo te incomodaba y lo disfrutaba manifiestamente».
El laberinto de las denuncias internas: desapariciones y respuestas evasivas
El proceso de denuncia interna presenta un panorama preocupante sobre los mecanismos de respuesta institucional ante el acoso:
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Presentación de denuncias: Dos denuncias formales se presentaron en julio a través del canal interno del PSOE.
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Respuesta del partido: Ninguna respuesta oficial a las denunciantes durante cinco meses.
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«Desaparición» de las denuncias: Las quejas desaparecieron del sistema entre octubre y noviembre.
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Justificación del PSOE: Se atribuyó a una «ofuscación informática» para proteger la confidencialidad.
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Reactivación: Las denuncias «resucitaron» solo después de que un medio publicara la información.
La reinvención del acusado: de la caída al regreso bajo nueva forma
La trayectoria de Paco Salazar tras las acusaciones sigue un patrón revelador:
- Dimisión forzada: Renunció a sus cargos en verano tras hacerse públicos los testimonios.
- Baja como afiliado: Solicitó su baja del partido, lo que técnicamente podría haber frenado la investigación interna.
- Reinvención profesional: En agosto, apenas dos meses después, creó una consultora política llamada «Servicios e Ideas Estrategias Sociales y Electorales SL».
- Regreso en la sombra: Fuentes cercanas señalan que continúa asesorando al gobierno, con oficinas estratégicamente ubicadas entre Ferraz y Moncloa.
La paradoja resulta evidente: mientras las denunciantes describen experiencias traumáticas que afectaron sus carreras profesionales, el acusado ha logrado mantener influencia política bajo nuevas formas.
La respuesta política: entre el discurso feminista y la práctica cuestionable
La respuesta institucional plantea serias contradicciones con los principios declarados por el PSOE:
- Retórica vs. realidad: Aunque el partido se presenta como «pionero» en protocolos contra el acoso, aprobados en mayo y aplicados desde julio, la falta de diligencia en este caso contradice este discurso.
- Justificaciones cuestionables: La portavoz Montse Mínguez explicó la falta de avances señalando que «las denuncias anónimas tienen su especial dificultad», sin abordar adecuadamente la desaparición de las denuncias.
- Reacción partidista: El PP ha aprovechado el caso para exigir explicaciones «urgentes y detalladas», señalando la contradicción entre la «bandera del feminismo» que enarbola el PSOE y su manejo de este caso.
Las denunciantes ante el dilema institucional
Las mujeres afectadas enfrentan un dilema fundamental: confiar en las instituciones que teóricamente deberían protegerlas o exponerse a represalias:
- Una denunciante expresó su frustración: «Hice lo que me pidió el PSOE, denunciar por los canales internos […] Y después compruebo que la borran del sistema. ¿Este es el partido y el Gobierno que nos va a proteger?».
- Otra reveló el miedo que la llevó a presentar su denuncia desde otra provincia usando un ordenador ajeno para no dejar rastro.
- Ambas destacan su perfil profesional (excelente formación académica, compromiso ideológico) y cómo el acoso afectó no solo su bienestar sino también sus trayectorias profesionales.
Reflexión final: mecanismos, poder y la distancia entre teoría y práctica
El caso Salazar trasciende lo individual para convertirse en un test de estrés institucional sobre cómo las organizaciones políticas manejan las acusaciones de acoso en sus propias filas. Los hechos revelan una desconexión preocupante entre:
- Los protocolos formalmente establecidos y su aplicación efectiva.
- El discurso público sobre igualdad y protección a las mujeres, y la respuesta concreta a sus denuncias.
- Las consecuencias para los acusados y para quienes se atreven a denunciar.
La reinvención profesional de Salazar mientras las denuncias se perdían en un laberinto administrativo plantea preguntas incómodas sobre los verdaderos mecanismos de rendición de cuentas en las altas esferas del poder político. Como señala una de las afectadas: «mis valores son los de este partido y quien actúa contra esos valores es él». La cuestión pendiente es si las instituciones están realmente preparadas para hacer prevalecer esos valores sobre las lealtades personales y las conveniencias políticas.









