El Nani: la desaparición que destapó la mafia policial de la democracia

Nov 22, 2025

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El primer desaparecido de la España democrática

Hace 42 años, Santiago Corella, «El Nani», entraba en la Dirección General de Seguridad de Sol. Era el último lugar donde se le vería con vida. Su caso destapó una red policial que planificaba atracos, y se convirtió en el primer desaparecido de la España democrática.

Madrid.—Era el 12 de noviembre de 1983. Santiago Corella Ruiz, de 29 años y conocido en el mundo del hampa como «El Nani», fue detenido en su casa del barrio de San Blas y trasladado a las dependencias de la Dirección General de Seguridad (DGS) en la Puerta del Sol. Testigos, incluida su propia esposa, oyeron sus gritos de agonía durante horas. «Canta, Nani. ¿Dónde está el oro?», le espetaban sus interrogadores entre golpes. Esa sería la última vez que alguien allegado le vería con vida. Su desaparición forzada, y la posterior condena de tres policías, sacó a la luz una mafia policial que operaba en la sombra en los años de la Transición.

La tortura y la trama policial

El modus operandi de la red era claro y efectivo. Agentes se compinchaban con delincuentes para organizar atracos a joyerías. Un joyero santanderino, Francisco Venero, actuaba como confidente y se encargaba de fundir el botín para su posterior reparto. La trama funcionaba hasta que los atracadores se volvían incómodos. «En el tercer atraco, la mafia policial esperaba a los atracadores a la salida de la joyería para tirotearlos a traición y acabar con sus vidas. Esto lo hacían para acabar con potenciales testigos», se explica en el libro ‘Macarras interseculares’.

El Nani, sin embargo, se había ganado su enemistad de otra forma. Había cometido un gran golpe en una joyería de Valladolid, haciéndose con 48 kilos de oro que ocultó bajo tierra sin informar a sus cómplices policiales. Cuando, tras salir de prisión, se negó a participar en un nuevo atraco, la trama urdió su captura. Fue acusado falsamente del asesinato de un joyero en Lavapiés, un crimen que no cometió.

Una vez en la DGS, fue salvajemente torturado. Para ahogar sus gritos, los policías subían el volumen de un casete de Los Chichos. Su compañero de atracos, Ángel Manzano, detenido ese mismo día, fue el último en verle con vida: «El Nani apenas podía levantar la cabeza. Era sostenido por tres policías».

La versión oficial y la búsqueda del cuerpo

La versión oficial de los agentes fue que, en la madrugada del 13 de noviembre, llevaron a Corella esposado a un descampado de Vicálvaro para que señalara dónde escondía las armas del atraco, y que allí, «aprovechando la oscuridad, se escapó». Una historia que, para la familia y la justicia, nunca resultó creíble.

La investigación judicial y periodística sacó a la luz varias hipótesis sobre el paradero de su cuerpo, ninguna confirmada:

  • Enterrado en Vicálvaro: El joyero Venero declaró que los policías le contaron que El Nani «había muerto de un infarto» durante los interrogatorios y que lo enterraron en un descampado de Vicálvaro cubierto con cal viva.

  • Arrojado a un pantano: Se rastrearon sin éxito los embalses de Guadalén (Jaén) y Puente Nuevo (Córdoba).

  • En la finca de un aristócrata: El vizconde Jaime Mesía Figueroa, vinculado a la trama, declaró desde Brasil que los policías, amigos suyos, le pidieron ayuda para deshacerse del cuerpo. Sin embargo, luego se retractó y nunca se buscó en su finca.

El paradero de Santiago Corella sigue siendo un misterio cuatro décadas después. Fue declarado legalmente muerto en 1996.

Condena y «pacto de silencio»

En septiembre de 1988, la Audiencia Provincial de Madrid condenó a tres policías: el comisario Francisco Javier Fernández Álvarez y los inspectores Victoriano Gutiérrez Lobo y Francisco Aguilar González. Cada uno recibió una pena de 29 años de cárcel por los delitos de detención ilegal con desaparición forzada, torturas y falsedad documental. Fue la primera vez que se condenaba a agentes por una desaparición forzada en democracia.

Sin embargo, ninguno de ellos cumplió la condena íntegra. Los abogados de la familia y el entonces secretario de Estado para la Seguridad, Rafael Vera, han hablado de una «ley del silencio» dentro del cuerpo policial que impidió conocer la verdad última sobre el destino del cuerpo. «Estoy convencido de que el verdadero paradero […] lo conocen muy pocas personas. No lo han revelado nunca», afirmó Jaime Sanz de Bremond, abogado de la acusación particular.

Una herida abierta en la memoria democrática

El caso del Nani trascendió la crónica de sucesos. No solo destapó una trama corrupta, sino que puso en evidencia las sombras que perduraban en las instituciones tras el franquismo. El edificio de la Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol, donde fue torturado, ha sido recientemente declarado Lugar de Memoria Democrática, en reconocimiento a las miles de personas que fueron torturadas en sus dependencias.

Para la familia de Santiago Corella, la herida sigue abierta. Su esposa, Soledad Montero, murió con «la pena de no haber llevado flores a la tumba de su marido». Sus hijos, Eva y Rubén, crecieron con el estigma y la ausencia. «Hubo un momento en que su ausencia se hizo tan dura y pesada, que era insoportable tirar adelante», confesó Rubén, que es la viva imagen de su padre.

Cuatro décadas después, el grito del Nani en la Puerta del Sol sigue interpelando a una sociedad que no puede cerrar heridas sin saber dónde está la verdad.

 

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