¿Incumplió Dolores Delgado su propio código ético al protestar contra el Supremo?
La exfiscal general del Estado, Dolores Delgado, se ha situado en el centro de una nueva polémica tras participar activamente en una manifestación de protesta contra la condena al fiscal general Álvaro García Ortiz. Esta actuación plantea una pregunta incómoda: ¿ha violado la misma exmagistrada el Código Ético que ella misma impulsó para los fiscales en 2021, que obliga a los miembros del Ministerio Fiscal a ser «prudentes» y a «fortalecer la confianza en la justicia»?
El origen del Código Ético: una iniciativa de Delgado para evitar «escándalos»
En mayo de 2021, Dolores Delgado, entonces fiscal general del Estado, impuso un Código Ético dirigido a «las y los fiscales» con el objetivo explícito de evitar escándalos que pudieran «comprometer la imagen y crédito» del Ministerio Público.
El documento, de veinte páginas, instaba específicamente a los fiscales a mostrar prudencia en sus manifestaciones, no solo en sus opiniones escritas u orales, sino también «en la realización de actos que tengan contenido simbólico». Esta obligación se extendía de manera particular a la intervención en redes sociales y en los medios de comunicación.
El código enfatizaba que «la función del fiscal conlleva un ejercicio de reflexión, mesura y autocontención cuando se expresan o transmiten posturas u opiniones, bien sea en el ejercicio del cargo, bien en la vida privada». Además, consagraba el compromiso de los fiscales con principios como la «lealtad constitucional«, el «fortalecimiento de la confianza en la justicia» y la omisión de cualquier acción que pudiera «ser percibida como una afectación a su independencia e imparcialidad».
La manifestación: protesta frente al Tribunal Supremo
El pasado 24 de noviembre de 2025, Dolores Delgado participó en una manifestación frente al Tribunal Supremo, donde se congregaron «centenares de personas» para protestar por la condena a García Ortiz.
Los manifestantes corearon consignas como «vergüenza«, «golpistas con toga» o «esto es política, no justicia». En la protesta también estuvo presente el exjuez Baltasar Garzón, pareja de Delgado, quien calificó la pena de «injusta» y «arbitraria».
Esta participación pública en una protesta que incluía acusaciones directas contra magistrados del Supremo es el acto que genera el debate sobre la posible contradicción con su propio código, que pedía evitar actos de «contenido simbólico» que pudieran afectar la percepción de imparcialidad de la institución.
Antecedentes: la cuestionada relación de Delgado con la cúpula judicial
La carrera de Dolores Delgado en los últimos años ha estado marcada por varios enfrentamientos con la cúpula judicial:
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Nombramiento anulado: El Tribunal Supremo anuló en 2022 su nombramiento como fiscal de Sala de lo Militar, al considerar que su sucesor, García Ortiz, había incurrido en «desviación de poder» al proponer su ascenso.
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Recurso de amparo: Delgado recurrió al Tribunal Constitucional, que recientemente ha inadmitido sus recursos contra la anulación de sus nombramientos.
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Polémica por compatibilidad: El Supremo también anuló su designación como fiscal de Sala de Derechos Humanos y Memoria Democrática por posibles incompatibilidades derivadas de la actividad de su pareja, Baltasar Garzón.
Análisis: entre el derecho a la protesta y las obligaciones éticas
El código ético promovido por Delgado parece claro al exigir a los fiscales «analizar las órdenes e instrucciones» emitidas desde la Fiscalía General «con ánimo constructivo y respetuoso, evitando cualquier actitud que pudiera interpretarse como abierta hostilidad».
Resulta particularmente significativo que el mismo código señale que los fiscales deben «extremar el celo en preservar su apariencia de imparcialidad» cuando regresen a la carrera fiscal después de haber prestado servicios en cargos de representación política.
La participación de una ex fiscal general en una manifestación que califica a magistrados del Supremo de «golpistas con toga» plantea serias dudas sobre la coherencia con estos principios de mesura y respeto a las instituciones que ella misma codificó.
La sombra de la doble moral en la justicia
Miles de fiscales se rigen a diario por el código de ética que Dolores Delgado implantó, conteniendo sus opiniones públicas en aras de preservar la imagen de una justicia imparcial. La pregunta que queda flotando en el ambiente es si estos estándares éticos fueron diseñados para todos los miembros de la carrera fiscal o si, por el contrario, existen varas de medir diferentes según la posición jerárquica o la afinidad política de quien los aplica.
La imagen de la exfiscal general protestando frente al Supremo, incumpliendo el espíritu y posiblemente la letra de su propio código, refleja con crudeza las profundas grietas en la percepción de imparcialidad del sistema judicial español y plantea una incómoda reflexión sobre la coherencia ética de quienes diseñan las normas que después deben cumplir otros.









