Pulseras para la libertad

Nov 23, 2025

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La grieta digital por la que escapan 80 presos cada año

Imagine una cárcel sin barrotes. Una condena que se cumple en la calle, con el murmullo de la ciudad como fondo y una pulsera electrónica en el tobillo como único guardián. Este no es el argumento de una serie de ficción, sino la realidad de más de 8.000 presos en España que viven en régimen abierto, un tercer grado penitenciario diseñado para fomentar su reinserción.

Pero este sistema, concebido como un puente hacia la vida en sociedad, tiene una grieta digital por la que se cuela la delincuencia. Cada año, una media de 80 reos deciden cruzar la línea invisible y no regresar. Convierten su libertad vigilada en una fuga definitiva, aprovechando las deficiencias de un controvertido sistema y la incapacidad de unas fuerzas de seguridad desbordadas para perseguirlos.

La ilusión de la reinserción y la cruda realidad de la fuga

La teoría es loable: el preso sale a trabajar, a reconstruir su vida, obligado a regresar al centro penitenciario para pernoctar un mínimo de ocho horas. Es un voto de confianza, una oportunidad. Sin embargo, los datos oficiales, obtenidos a través de una pregunta parlamentaria de la diputada popular Ana Vázquez, pintan un cuadro menos optimista.

Entre 2020 y 2024, 393 presos que portaban esta pulsera telemática fueron condenados por quebrantar su condena. El año 2020 fue el peor, con 93 fugas registradas. En el último ejercicio contabilizado, 2024, de los 8.080 reclusos en este régimen, 62 aprovecharon una de sus salidas para escapar y no volver.

La alarma silenciosa: Fugitivos en la niebla digital

Cuando suena la alarma, la situación se comunica a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Pero ahí comienza otra carrera, una en la que las probabilidades no están del lado de la ley. El personal penitenciario carece de medios para perseguir activamente a estos prófugos, que, en la práctica, se autoconceden la libertad. Se convierten en fantasmas con pulsera, difíciles de localizar y capturar. Solo en contadas ocasiones, o cuando el remordimiento les alcanza, algunos deciden regresar por su propio pie a prisión.

La polémica tecnológica: Un contrato bajo sospecha

¿Fallan los guardianes electrónicos? La tecnología que monitoriza a estos presos está en entredicho. La Secretaría General de Instituciones Penitenciarias mantiene su contrato con Attenti Electronic Monitoring, una empresa israelí cuyo sistema fue precisamente desechado por el Ministerio de Igualdad tras detectarse fallos en su tecnología. Mientras un ministerio rompía el contrato, otro lo renovaba, dejando en el aire una pregunta incómoda: ¿estamos confiando la seguridad pública a un sistema con puntos ciegos?

La libertad controlada por una pulsera se revela, así, como un arma de doble filo. Un instrumento de reinserción para miles, pero también una puerta trasera sin vigilancia suficiente para quienes deciden que su condena ha terminado antes de tiempo.

 

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