El dúo dinámico de la ignominia: Zapatero siembra, Sánchez cosecha (y la asesina Anboto sale en semilibertad)

Sep 4, 2026

Sucesos España - Portada 5 MEMORIA HISTORICA 5 El dúo dinámico de la ignominia: Zapatero siembra, Sánchez cosecha (y la asesina Anboto sale en semilibertad)

O cómo la política penitenciaria se convirtió en un mercadillo de favores y la dignidad nacional en papel mojado

Hay momentos en la historia de un país en los que uno siente vergüenza ajena. Y luego está esto: ver cómo Pedro Sánchez, el discípulo aventajado de José Luis Rodríguez Zapatero, completa la obra maestra de su maestro: convertir la lucha antiterrorista en una negociación de saldo, los derechos de las víctimas en estorbos burocráticos y las condenas de 122 años en meras sugerencias. Porque si Zapatero fue el arquitecto de la rendición ante ETA, Sánchez es el decorador que pone cortinas de voluntariado en las celdas de los asesinos. Juntos, forman el tándem más letal para la memoria democrática de este país.

Zapatero: el pionero del «todo vale»

Recordemos, queridos lectores, que fue el gobierno de Zapatero el que, con su famosa «paz fingida», sentó las bases de este esperpento. Mientras ETA seguía matando, él negociaba en secreto, prometía acercamientos de presos y rebajas de penas a cambio de un silencio que nunca llegó. Pero, ojo, que no era un error: era estrategia. «El diálogo es el camino», repetía, mientras las víctimas preguntaban: «¿Y la justicia, qué?». Ahora, Sánchez ha heredado esa hoja de ruta y la ha perfeccionado: ya no negocia con ETA (que está derrotada), sino con sus herederos políticos, esos que se sientan en el Congreso y dictan leyes a cambio de no tumbar al Gobierno. Porque, ¿quién necesita a Batasuna cuando tienes a Bildu y a sus socios de la izquierda abertzale?

Sánchez: el genio de la cesión

Y en este contexto, la semilibertad de Soledad Iparraguirre, Anboto, no es un hecho aislado: es la culminación de un proceso que Zapatero comenzó y Sánchez ha refinado con maestría. La excusa es siempre la misma: «Es competencia del Gobierno Vasco», «son decisiones judiciales», «no nos metemos cuando no tocan a los nuestros». Pero todos sabemos que detrás de cada concesión hay un cálculo político: mantener contento a PNV y Bildu para que la legislatura no se desmorone como un castillo de naipes. Mientras, la etarra con 122 años de condena en el 2020 (eso que llaman «penas simbólicas» en el argot progresista) sale a hacer voluntariado de lunes a viernes. ¿Voluntariado? Sí, como si fuera una becaria de una ONG, y no la jefa de una banda que mató a decenas de personas. Pero, claro, en el universo Sánchez, la realidad se doblega a la necesidad política.

La memoria de las víctimas: ese incómodo recuerdo

Mientras tanto, ¿qué pasa con los asesinados por ETA? Pues que sus familias tienen que escuchar a Sánchez hablar de «convivencia» y «reconciliación» mientras los verdugos pasean por las calles. Es el colmo del cinismo: el mismo presidente que dice defender la memoria histórica se olvida de la memoria reciente, la que no conviene. Porque, seamos claros, si las víctimas de ETA fueran de la cuerda de Sánchez, esto sería un escándalo de primera plana. Pero como son «los de siempre», pues se les margina, se les ignora, se les dice que el odio no es camino. Lo mismo decía Zapatero, claro, mientras la banda sigue siendo glorificada por sus socios de gobierno.

El binomio perfecto: Zapatero-Sánchez, la fábrica de ignominias

Si hacemos un repaso, el patrón es idéntico: Zapatero dio el primer paso acercando presos y rebajando penas sin contrapartidas reales; Sánchez ha dado el segundo legalizando la semilibertad como si fuera un derecho humano de los terroristas. Ambos, eso sí, se han cuidado mucho de no poner el rostro en las decisiones incómodas: «Son los jueces», «es el Gobierno Vasco», «es la ley». Pero la ley, señores, se interpreta. Y ustedes, señores Zapatero y Sánchez, la interpretan siempre a favor de los asesinos y en contra de las víctimas. Ahí está la clave: no es un fallo del sistema, es una elección política.

La hipocresía como doctrina

Lo más insultante es que estos dos personajes se presentan como paladines de la democracia. Zapatero, con su falsa aura de estadista; Sánchez, con su pose de líder europeo. Pero en la trastienda, son los que han permitido que ETA no solo gane la batalla de la narración, sino también la de los hechos: los presos etarras tienen mejores condiciones que muchos ciudadanos de bien, y los que mataron pasean como si nada. Y, encima, nos piden que aplaudamos, que confiemos, que «avancemos juntos». ¿Hacia dónde, señores? ¿Hacia la impunidad total?

La deuda con la dignidad

Así que, queridos españoles, tenemos a un presidente que ha hecho de la cesión un deporte olímpico y a un expresidente que le marcó la ruta. Juntos, Zapatero y Sánchez han logrado lo que ETA no pudo por las armas: deslegitimar la democracia desde dentro, convirtiendo el Estado de derecho en un chiste que ellos mismos se cuentan mientras las víctimas lloran en silencio. ¿Que Anboto hace voluntariado? Pues que le pregunten a los familiares de los asesinados si les parece bien. Pero no, es mejor no preguntar. Porque la respuesta ofendería a la sensibilidad de los que mandan, esos que han hecho de la traición a España su principal programa electoral.

Y mientras tanto, Sánchez y Zapatero, como dos cómplices en un crimen perfecto, seguirán riéndose de nosotros. Pero el tiempo, y la historia, pondrán a cada uno en su sitio. Y cuando eso ocurra, que no quepa duda: sus nombres quedarán grabados junto a la palabra ignominia. Porque, como bien dijo alguien, «los españoles tenemos memoria, y en ella, vuestros pactos con los asesinos no serán olvidados».

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