El expolio como arte de Rodríguez Zapatero a costa de la miseria de los venezolanos

May 24, 2026

Sucesos España - Portada 5 OPINIÓN 5 El expolio como arte de Rodríguez Zapatero a costa de la miseria de los venezolanos

El plan perfecto: ni la Cosa Nostra se atrevió a tanto

A lo largo del siglo XX, la mafia ítalo-americana perfeccionó el arte del crimen organizado. Las Cinco Familias de Nueva York —Gambino, Genovese, Lucchese, Colombo y Bonanno— movían millones de dólares mediante extorsión, juego ilegal, asesinatos por encargo y el control de los muelles. Tipos duros como Lucky Luciano, Carlo Gambino o el propio Albert Anastasia idearon planes sórdidos, brutales y efectivos. Sin embargo, ni la mente más retorcida de Cosa Nostra hubiese concebido un esquema tan cínico como el que parece haber orquestado José Luis Rodríguez Zapatero, el ex presidente español de sonrisa perpetua y manos de predicador. Porque la mafia mataba para robar. Zapatero, según la investigación judicial, habría ideado un sistema para lucrarse de la muerte y el exilio de millones de venezolanos mientras fotografiaba su rostro bonachón junto al verdugo.

La máscara del buenismo: el capo de Ferraz

Los grandes jefes de la mafia tenían cara de asesinos. Se les notaba. Tenían el ceño fruncido, la mirada de hielo, las manos callosas de tanto apretar el gatillo. Zapatero, en cambio, tiene cara de haber aprobado unas oposiciones por los pelos. Su rostro risueño, su tono pausado, esas manos que parecen bendecir ausencias… todo en él respira tranquilidad fake. Pero bajo esa cursilería de abuelo progresista late, según el auto judicial de 85 páginas, una presunta «estructura estable y jerarquizada» cuyo líder sería el propio exmandatario. El juez Calama le imputa delitos de blanqueo de capitales, organización criminal y tráfico de influencias. Nada menos. Mientras los mafiosos empuñaban pistolas, Zapatero empuña una sonrisa y talante. Y eso, en el mundo del crimen, es mucho más peligroso.

La misión imposible: llevarse el dinero mientras se abraza al dictador

La mafia ítalo-americana necesitaba extorsionar, amenazar o matar para llevarse el botín. Había que romper piernas, prender fuego a comercios o dejar un caballo decapitado en una cama. Métodos toscos, efectivos, pero de alto riesgo. Zapatero lo ha tenido más fácil: bastaba con defender al régimen venezolano, posar con Nicolás Maduro y, al mismo tiempo, recibir comisiones presuntamente procedentes de los fondos desviados de ese mismo régimen. Porque el dinero que la Audiencia Nacional investiga no es cualquier dinero: provendría, según Anticorrupción, de las malversaciones de los programas CLAP de Venezuela y del petroleo. Es decir: el hambre de los venezolanos, el exilio de millones… todo eso acabó, presuntamente, en una cuenta bancaria desde la que se pagaron los honorarios del ex presidente.

¿Qué hubiera pensado Lucky Luciano? Seguramente se habría sentido un principiante. Porque la mafia mataba para robar un puñado de dólares en un muelle o en un garaje clandestino. Zapatero, según el juez, habría diseñado un entramado para llevarse 1,9 millones de euros a costa de un país entero destrozado por una dictadura que él mismo se encargó de blanquear. Eso no es un mafioso. Eso es, perdónenme la expresión, un genio del mal con sonrisa de plastilina. Ni John Gotti, «El Elegante», se atrevió a tanto.

«Progresismo para los pobres, Plus Ultra para los bolsillos»

El caso Plus Ultra es la joya de la corona. El rescate de 53 millones de euros a una aerolínea en quiebra, concedido por el Gobierno de Sánchez en plena pandemia, acabó, según la UDEF, en una cascada de comisiones. El 1% del rescate —641.300 euros— fue a parar a la consultora de un amigo de Zapatero. Y de ahí, una parte, a las cuentas del expresidente. El juez Calama ha ordenado el bloqueo de 490.780 euros en sus cuentas bancarias. La cantidad coincide exactamente con los fondos que Zapatero habría percibido entre 2020 y 2025 de esa consultora.

Mientras tanto, la mafia ítalo-americana se retuerce en sus tumbas. Porque ni la Cosa Nostra, con toda su temeridad, se atrevió a montar una empresa en Dubái —Landside Middle East FZCO— ocho días después de que se aprobara un rescate público. Pero Zapatero sí. Y lo hizo, según el juez, para canalizar cobros al margen del fisco español. Un detalle de auténtico profesional. O de auténtico sinvergüenza, según se mire. Los Gambino, los Genovese, los Lucchese… todos ellos parecen, al lado de este plan, aprendices de carterista.

El presidente de las comisiones de paz (ajena) y la dictadura rentable

Zapatero ha creado a su alrededor una cortina de humo ética: él no apoya la dictadura, él facilita el diálogo. Claro, como si alguien invitara a un pirata a negociar el reparto del botín. Pero el problema de fondo es más grave: mientras el ex presidente se fotografiaba con Maduro, defendía al chavismo en los foros internacionales y reclamaba «comprensión» para el régimen, los venezolanos seguían muriendo, huyendo y maldiciendo. Y, según la investigación, ese mismo régimen habría financiado, a través de empresas pantalla y testaferros, parte de los ingresos del entorno de Zapatero.

La mafia ítalo-americana, por lo menos, no fingía querer a sus víctimas. No les dedicaba discursos de amor fraternal mientras les vaciaba los bolsillos. Zapatero, en cambio, ha perfeccionado el arte de robar con una mano mientras acaricia con la otra. ¿Qué habría pensado Al Capone? Seguramente, que este español le había robado la cartera y la sonrisa.

El legado: superar a las Cinco Familias en cinismo

Con el tiempo, algunos políticos se jubilan, otros escriben memorias y unos pocos se reinventan como ángeles caídos. Zapatero ha logrado algo único: superar en vileza a las organizaciones criminales más temidas del siglo XX. Porque la mafia, al menos, no fingía ser santa. No creaba fundaciones para lavar su imagen. No hablaba de derechos humanos mientras saqueaba un país. Zapatero, en cambio, lo ha hecho todo con la misma sonrisa de párroco de pueblo y el mismo discurso de izquierda compasiva.

La UDEF registró su despacho en la calle Ferraz, la empresa de sus hijas What The Fav y varias mercantiles más. El juez ya ha bloqueado medio millón de euros de sus cuentas. Y el próximo 2 de junio deberá declarar en la Audiencia Nacional. Es la primera vez en democracia que un expresidente del Gobierno se sienta en el banquillo (de momento, solo como investigado) por una causa de corrupción. Las Cinco Familias nunca tuvieron un miembro tan ilustre en el banquillo de los acusados por un plan tan ruin. Y eso que ellos eran profesionales.

La sonrisa que no se borra (ni con cadáveres de por medio)

Mientras escribo estas líneas, Zapatero se prepara para su declaración. Seguro que sus asesores le dicen lo bueno que es, que todo es una conspiración de la derecha judicial, que la UDEF se equivoca. Pero los hechos son tozudos: 1,9 millones de euros canalizados hacia su entorno, una empresa en Dubái creada una semana después del rescate, y un juez que lo señala como «líder» de una trama de tráfico de influencias.

La mafia ítalo-americana pagó sus crímenes con balas, prisión y delación. Zapatero, por ahora, sigue sonriendo. Pero su sonrisa, cada vez, se parece más a la de un actor que sabe que el telón está a punto de caer. Solo que, en esta obra, los cadáveres no son de actores secundarios. Son de millones de venezolanos que tuvieron que huir de su país mientras el ex presidente cobraba su parte. Ni Lucky Luciano, ni Carlo Gambino, ni Albert Anastasia hubiesen planeado algo así. Porque ellos, al menos, tenían un código. Zapatero, según los papeles del juez, solo tenía una cuenta corriente.

Nota: Este artículo es un texto de opinión basado en informaciones judiciales publicadas por medios contrastados. El autor no realiza afirmaciones de culpabilidad, limitándose a reflejar el contenido de una investigación judicial en curso y a ejercer la crítica política en un tono muy critico. La presunción de inocencia de José Luis Rodríguez Zapatero, como la de cualquier investigado, debe ser respetada hasta que recaiga sentencia firme.

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