Gracias a que aún existen jueces con honor y sentido común: la justicia no olvida a las víctimas

Abr 22, 2026

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Un respiro para la democracia

En un contexto donde a menudo prima la presión mediática, la ingeniería política y las excusas penitenciarias, todavía queda margen para la esperanza. Esta semana, un juez de vigilancia penitenciaria ha devuelto la fe en el Estado de Derecho al tumbar de manera rotunda la libertad condicional de dos sanguinarios terroristas: la etarra ‘Anboto’, responsable directa de 14 asesinatos, una decisión que también ha afectado al asesino de Gregorio Ordóñez, Juan Ramón Carasatorre Aldaz.

«No es admisible»: la contundencia del auto judicial

«No es admisible» —ha sentenciado el magistrado en su auto—, desmontando con argumentos jurídicos sólidos el discurso de falsa reinserción que pretendía sacar a la asesina múltiple a la calle. El juez no ha dudado en aplicar la lógica, el derecho penal y, sobre todo, el sentido común. «El reconocimiento del daño causado no puede reducirse a una declaración vacía de contenido, firmada para salir del paso», señala el texto judicial.

El alivio de las víctimas: una gratitud inmensa

La decisión ha sido recibida con alivio y una profunda gratitud por parte de las asociaciones de víctimas del terrorismo, que llevan años denunciando la maquinaria de excarcelaciones anticipadas. «Hoy es un buen día para la justicia. No por venganza, sino por dignidad democrática», declaró un portavoz de Covite. «Gracias a este juez, que ha actuado con valentía y sin complejos, se manda un mensaje claro: los crímenes de ETA no prescriben en la conciencia de un país civilizado».

 Justicia también para Gregorio Ordóñez

El segundo fallo, que afecta a Casaratorre —uno de los asesinos del concejal del PP Gregorio Ordóñez, abatido a traición en San Sebastián en 1995—, ha corrido la misma suerte: regreso a prisión. Porque, como bien ha recordado el magistrado, «la ley no está hecha para premiar a quienes nunca condenaron su pasado». La sociedad, que durante décadas sufrió el chantaje y la sangre, respira tranquila al comprobar que aún quedan jueces que no se pliegan a las modas ni a los intereses de quienes pretenden reescribir la historia.

Un agradecimiento que se escribe con mayúsculas

Desde estas páginas, solo cabe decir: gracias. Gracias por recordar que la justicia no es un trámite administrativo, sino un pilar ético. Gracias por no llamar “preso político” a un asesino. Gracias por proteger a las víctimas, incluso cuando intentan silenciarlas. Y gracias por demostrar que, frente al cinismo y la corrección política, el honor y el sentido común aún tienen despacho en los juzgados de este país. Porque sin jueces así, la democracia sería solo un decorado. Con ellos, sigue siendo un escudo.

«Donde la ley calla por cobardía, la justicia llora; pero donde un juez honrado habla, hasta los muertos descansan en paz.»

 

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